Un alarmante informe internacional reveló que el calor extremo ya causa una muerte cada minuto en el planeta. Las olas de calor, cada vez más intensas y prolongadas, se han convertido en la mayor amenaza sanitaria asociada al cambio climático, superando incluso los impactos directos de otros desastres naturales.
Los datos muestran que entre 2012 y 2021 las muertes relacionadas con el calor aumentaron más del 20%, afectando sobre todo a personas mayores, niños y trabajadores al aire libre. En 2024 se rompieron récords históricos: en Asia, África y América Latina se registraron temperaturas superiores a los 45 grados durante semanas, afectando millones de vidas y colapsando sistemas eléctricos y hospitalarios.
El calor extremo también tiene efectos económicos severos. La pérdida de productividad laboral, especialmente en sectores agrícolas y de construcción, equivale a miles de millones de dólares cada año. En algunos países tropicales se estima que hasta el 10% de las horas laborales se pierden debido a las condiciones ambientales.
Los científicos advierten que el fenómeno se agravará si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Ciudades como París, Ciudad de México y El Cairo ya implementan planes de “refugios climáticos” para ofrecer sombra, agua y atención médica en días de calor intenso.
La noticia genera preocupación, pero también llama a la acción: la salud pública mundial depende cada vez más de la capacidad de los gobiernos para adaptar las ciudades, modernizar los sistemas de energía y proteger a los más vulnerables frente al aumento constante de las temperaturas.
