Bélgica llega al partido más importante del torneo sabiendo que no puede volver a fallar

Los Diablos Rojos han sido el equipo más errático del torneo entre las selecciones que llegaron como favoritas. Dos empates sin goles ante rivales inferiores dejaron a un plantel plagado de estrellas al borde de la eliminación antes de despertar con la goleada 5-1 a Nueva Zelanda, donde por fin De Bruyne, Trossard, Doku y Lukaku aparecieron juntos y con hambre. Ahora, en el Lumen Field de Seattle, Rudi García sabe que no hay margen para volver al letargo de las primeras fechas: una Senegal que llega con ocho goles en la fase de grupos y con Ismaila Sarr como máximo goleador entre ambos planteles puede castigar cualquier error defensivo con una velocidad brutal.

La gran pregunta para Bélgica no es si tiene calidad suficiente, porque nadie lo duda, sino si puede mantener el nivel mostrado ante Nueva Zelanda durante 90 minutos ante un rival infinitamente más difícil. Courtois en el arco da tranquilidad, Vanaken y Tielemans controlan el mediocampo con criterio y Lukaku, aunque llegó desde el banco ante los neozelandeses, tiene el olfato goleador para decidir cualquier partido en un solo toque. El técnico García repitió antes del partido la misma frase que ya se volvió su mantra en este torneo: “Todavía no hemos ganado nada”, una advertencia que sus jugadores tendrán que convertir en actitud desde el primer minuto en Seattle.