La Tribu Pijao le cerró la puerta al amor: el cariño se convirtió en decepción tras la partida de González

Hace apenas unos meses, Lucas González era el entrenador más querido que había tenido el Deportes Tolima en años recientes. La hinchada pijao lo abrazó desde el primer día, lo bancó en los momentos difíciles y lo vio construir un proyecto que los llevó a una final de Liga y a los octavos de la Copa Libertadores, la segunda vez en cuatro años que el club llegaba tan lejos en el torneo continental. González correspondía ese cariño en público: decía que quería quedarse mucho tiempo, que el Tolima era su casa y que no se iría por dinero. Esas palabras calaron hondo en una hinchada que no estaba acostumbrada a escuchar ese nivel de compromiso de un técnico.

Por eso el golpe fue tan duro. Cuando la noticia de su salida llegó a través de un periodista argentino y no de sus propias palabras, algo se rompió en la relación. Los aficionados que lo habían defendido con uñas y dientes en redes sociales fueron los mismos que lo despedazaron en las mismas plataformas horas después. El cariño que la Tribu Pijao le había dado a González fue tan grande que su traición dolió el doble. En Ibagué quedó la sensación de que una vez más un entrenador usó al club como trampolín, y la frase del comunicado oficial del Tolima lo resumió todo: “Nada ni nadie está por encima de nuestro escudo.”