Irán dio comienzo este viernes a las ceremonias fúnebres en honor al fallecido líder supremo Alí Jamenei, en un homenaje de dimensiones históricas que se extenderá durante varios días y que las autoridades esperan convierta en la mayor manifestación pública de la historia del país.
El féretro de Jamenei fue instalado en el complejo religioso Gran Mosalla de Teherán, donde miles de personas comenzaron a desfilar para rendirle homenaje. El Gobierno iraní calcula que entre 15 y 20 millones de ciudadanos participarán en las ceremonias solo en la capital, aunque algunos medios oficiales elevan la cifra de asistentes prevista para toda la semana a varios millones más.
La despedida del dirigente, quien gobernó la República Islámica durante más de tres décadas, se realiza cuatro meses después de su muerte en un ataque conjunto atribuido a Estados Unidos e Israel, hecho que desencadenó un conflicto regional de gran intensidad. Debido a la guerra y a las condiciones de seguridad, las exequias fueron aplazadas hasta la actualidad.
El funeral no solo representa un acto de duelo nacional, sino también una demostración de fortaleza política del régimen iraní. Las autoridades han preparado un amplio despliegue de seguridad y una serie de procesiones que recorrerán importantes ciudades religiosas de Irán e Irak antes del entierro definitivo en Mashhad, ciudad natal de Jamenei.
A las ceremonias asisten altos funcionarios del Gobierno, mandos militares, líderes religiosos y delegaciones internacionales de países aliados, mientras que la ausencia de representantes de naciones occidentales refleja el profundo distanciamiento diplomático que persiste tras la reciente guerra en Oriente Medio.
Con este multitudinario homenaje, el Gobierno busca reforzar la imagen de unidad nacional y mantener vivo el legado político y religioso de quien lideró el país durante 36 años, en un momento marcado por la incertidumbre sobre el futuro de la República Islámica y las tensiones que aún persisten en la región.
