El Azteca volvió a ser el estadio más intimidante del mundo y México lo llenó de magia durante tres semanas
El Estadio Ciudad de México se convirtió en el corazón palpitante de este Mundial 2026 y en el recinto más temido por cualquier selección visitante en todo el torneo. Con más de 87,000 personas en cada partido, la altura de 2,240 metros sobre el nivel del mar como aliada natural y una afición que transformó cada encuentro en una experiencia única en el fútbol mundial, el Azteca recuperó la mística que lo hizo grande en 1970 y 1986. Las imágenes del estadio lleno a rebosar para cada partido del Tri, con el cielo nocturno de la Ciudad de México como telón de fondo y miles de bengalas iluminando las gradas, recorrieron el mundo entero y recordaron por qué este estadio es considerado por muchos la catedral más sagrada del fútbol.
Lo que convirtió la localía mexicana en algo verdaderamente especial fue la respuesta de la afición en los momentos más difíciles. Cuando Inglaterra marcó el 3-1 y el sueño parecía terminarse, el Azteca no bajó los brazos sino que subió el volumen hasta niveles que hicieron vibrar el suelo. Cuando Jiménez convirtió el penal del 3-2, la explosión fue tal que los sismógrafos de la Ciudad de México registraron el llamado “terremoto mexicano”, ese fenómeno único en el mundo donde el salto simultáneo de miles de aficionados genera ondas sísmicas detectables. México se va del Mundial con el corazón roto pero con la certeza de haber ofrecido al mundo una experiencia como local que ninguna otra sede de este torneo pudo igualar.
