México superó todo lo que nadie esperaba y se va del Mundial con la frente alta y una huella imborrable

Antes del torneo, los análisis más optimistas situaban a México como un equipo capaz de superar la fase de grupos con trabajo y localía. Nadie, absolutamente nadie, pronosticaba que el Tri completaría la fase de grupos más perfecta de su historia con nueve puntos, tres victorias y el arco imbatido en cuatro partidos consecutivos, igualando a Francia como los únicos equipos en lograrlo. Javier Aguirre construyó en semanas un equipo sólido, ordenado y con identidad que goleó a Sudáfrica en el debut, venció a República Checa con autoridad y cerró con una actuación histórica de Memo Ochoa entrando al minuto 78 ante un Azteca que lloró de emoción. Una fase de grupos que ninguna generación anterior de México había logrado y que este país no olvidará en mucho tiempo.

Lo que hace aún más valioso el camino del Tri es que competió de tú a tú con Inglaterra en los octavos, un candidato serio al título, en el partido más difícil de su campaña. Remontó dos veces, empujó con diez jugadores ingleses enfrente, hizo temblar el Azteca hasta el último segundo y mostró al mundo que el fútbol mexicano tiene nivel para competir en la élite cuando está bien organizado y motivado. México se va sin el quinto partido que lleva 32 años esperando, pero deja algo más valioso que un resultado: la certeza de que esta generación puede, que el Azteca sigue siendo el estadio más poderoso del mundo y que la frase “¿Y si sí?” no fue solo un slogan sino la descripción más precisa de lo que vivió un país entero durante tres semanas extraordinarias.