Ochoa se despidió de la selección mexicana entre lágrimas y una ovación que hizo temblar el Azteca
El momento más emotivo de la noche del México vs Inglaterra no fue ninguno de los cinco goles sino la entrada de Guillermo Memo Ochoa al minuto 78 con el partido perdiendo 3-2 y el Azteca sabiendo que probablemente veía al portero más grande de su historia con la camiseta verde por última vez. Los 87,000 aficionados se pusieron de pie como un solo hombre y le dedicaron la ovación más larga y emotiva de toda la Copa del Mundo, con lágrimas en las gradas y el propio Ochoa llevándose la mano al corazón mientras entraba al campo consciente de la magnitud del momento. Con 40 años y en su sexto Mundial, el portero del América se convirtió en la imagen más icónica del torneo para México mucho antes de que terminara el partido.
Lo que hace extraordinaria la historia de Ochoa es que llegó a este Mundial sin haber sido titular en ningún partido de la fase de grupos, viendo desde el banco cómo Luis Malagon defendía el arco con enorme solidez. Sin embargo, Javier Aguirre lo guardó para este momento y la decisión fue perfecta: Ochoa participó en la jugada del 3-2 de Jiménez y se convirtió en el símbolo de una generación que entregó todo hasta el último segundo. Al pitazo final se derrumbó en el césped del estadio donde escribió los capítulos más gloriosos de su carrera, el mismo donde atajó aquella memorable tanda ante Argentina en 2006. México no pudo ganar, pero Memo Ochoa se despidió como los grandes, con el amor incondicional de todo un país que jamás olvidará su nombre.
