No hay duda que este Mundial de Futbol, 2026 que tiene como sede a Estados Unidos, México y Canadá ya pasó a la historia por varias situaciones, como el hecho de que la política haya tomado partido, con la intervención nada menos que del mismo presidente de Estados Unidos Donald Trump y de la senadora paraguaya, Celeste Amarillo.
El caso del presidente Trump, causó un gran escándalo a la vez que un enorme rechazo a nivel mundial. El caso se inició con el partido de la selección de Estados Unidos, contra Bosnia-Herzegovina en los dieciseisavos de final, que ganó el equipo local, para clasificar a los octavos de final. Pero en desarrollo del partido fue expulsado Folarin Balogun, considerado el mejor jugador de los norteamericanos, lo que significaba que no podría jugar en el siguiente juego ante Bélgica.
Nunca había ocurrido
Pues bien, en un hecho insólito e inconforme con la expulsión de Balogun, el presidente de Estados Unidos. Donald Trump tomó el teléfono y se comunicó con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino y le pidió que la Comisión Disciplinaria revisara el castigo, el que calificó como injusto. Pues bien, días después la FIFA emitió un comunicado en que se le modificó la sanción a Balogun para que pudiera jugar contra Bélgica como en efecto lo hizo. Sin embargo, al final esto de nada sirvió puesto que los belgas le pasaron por encima a Estados Unidos, lo golearon 4-1 y lo eliminaron del Mundial.
Los insultos a Mbappé
El caso de la senadora paraguaya, Celeste Amarillo, tuvo su comienzo el sábado anterior, luego de la victoria de Francia sobre Paraguay. Al término del partido Kylian Mbappé, quien estaba bastante molesto por el juego duro que desplegaron los jugadores de la selección paraguaya, se negó a saludar al portero guaraní Orlando Gill.
Esta actitud, provocó las iras de la senadora Celeste Amarillo quien a través de X escribió lo siguiente:
“Bruto, no aprendió ni a escribir, en vez de leche materna chupaba cocos y lo más instruido que escuchó eran chimpancés. Le hubieras mostrado el dedo Orlando Gill, ¡¡¡yo lo hago en el senado y no pasa nada !!!”, escribió en un mensaje.
“Camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés, resentido, rico nuevo, prepotente y feo. Estuvo nervioso y muerto de miedo todo el partido, como todo su equipo, no pudieron meter ni un gol, ganaron de ped… Lo único que muchos reclamamos a la Albirroja es no haberle dado una bofetada de mano abierta después que terminó el partido. Y eso que no soy fanática del fútbol”, añadió en otro.
Naturalmente que ese escrito ha generado un rechazo universal, comenzando por el presidente del Paraguay, Santiago Peña el presidente de la FIFA, Gianni Infantino y diferentes estamentos a nivel del mundo.
Respuesta del jugador
En las últimas horas a través de la misma red social, Mbappé, le respondió a la política paraguaya:
“Señora Celeste Amarilla, usted es una mujer despreciable e indigna de su cargo”, declaró el capitán de la selección francesa.
“Jamás permitiré que gente como ella tenga la libertad de propagar su odio y su racismo por todo el mundo”, añadió el delantero madridista.
Igualmente, tanto el gobierno francés como el paraguayo mostraron su apoyo a Mbappé y condenaron las palabras de la senadora.
Fue así como el presidente Emmanuel Macron manifestó su apoyo al capitán del equipo de fútbol de Francia.
“El presidente de la República apoya a Kylian Mbappé y al equipo francés de cara a los ataques racistas dirigidos contra el capitán de los Blues. El presidente paraguayo ha escrito al presidente francés en ese sentido, condenando las declaraciones que se hicieron, como lo hizo el Ministerio de Relaciones Exteriores de Paraguay”, indicó la presidencia francesa.
TITULO (RECUADRO)
Antecedentes históricos
No es la primera vez que la política se mete en la Copa Mundo de la FIFA. En 1934 en el segundo mundial celebrado en Italia, el dictador fascista, Benito Mussolini, convirtió el torneo en un instrumento para publicitar su régimen ante el mundo.
De esta manera Mussolini asistió a los partidos de la selección y visitó los vestuarios. Lo cierto es que Italia ganó el título y de acuerdo con los historiadores el arbitraje siempre favoreció al equipo italiano, tanto así que después la FIFA sancionó de por vida a dos árbitros.
Cuatro años más tarde, en Francia 1938, la influencia política volvió a hacerse evidente en medio del ascenso del nazismo en Europa. Tras la anexión de Austria por parte de Alemania, la selección austríaca se retiró de la competencia y varios de sus futbolistas fueron obligados a integrar el combinado alemán y a realizar el saludo nazi antes de un partido disputado en el Parque de los Príncipes, en París.
Mientras tanto, Italia defendía el título con un uniforme negro que evocaba a las milicias fascistas. Antes de la final, Mussolini envió a sus jugadores un mensaje que quedó para la historia: “Vencer o morir”. Pese a la presión, la selección italiana volvió a levantar el trofeo.
En Argentina
Otro Mundial marcado por el contexto político fue el de Argentina 1978. El torneo se disputó bajo la dictadura militar de Jorge Rafael Videla, que buscó utilizar el campeonato para mejorar la imagen internacional de un régimen señalado por graves violaciones a los derechos humanos.
La mayor controversia se produjo en la segunda fase, cuando Argentina necesitaba vencer a Perú por al menos cuatro goles para superar a Brasil y acceder a la final. Contra todo pronóstico, los argentinos ganaron 6-0. Aunque nunca se presentaron pruebas concluyentes, durante décadas diversos testimonios han señalado la posibilidad de un acuerdo entre las dictaduras de ambos países para favorecer ese resultado.
Una escena inolvidable
En España 1982 ocurrió una de las escenas más insólitas de la historia de los Mundiales. Durante el partido entre Francia y Kuwait, el francés Alain Giresse anotó un gol que inicialmente fue validado por el árbitro. Sin embargo, los jugadores kuwaitíes reclamaron que habían escuchado un silbato proveniente de las tribunas y dejaron de jugar.
La protesta escaló cuando el jeque Fahad al-Ahmed al-Jaber al-Sabah, presidente de la Federación de Fútbol de Kuwait y hermano del emir, descendió desde la tribuna e ingresó al campo para discutir la decisión arbitral. En medio del desconcierto, el juez anuló el tanto, una determinación que posteriormente le costó una suspensión de por vida por parte de la FIFA.
