Con un valor de mercado de 1.280 millones de euros y una edad promedio de apenas 23.3 años, el Chelsea que recibe Xabi Alonso es un diamante en bruto que necesita un maestro para pulirlo. La base de la plantilla es extraordinaria: Cole Palmer como el mediocampista más creativo de la Premier League, Moisés Caicedo como uno de los mejores pivotes del mundo, Marc Cucurella recién llegado del Real Madrid, Enzo Fernández con el Mundial encima, Reece James como uno de los laterales más completos de Europa y Pedro Neto como desequilibrio constante por las bandas. Además ya se confirmaron nuevas incorporaciones como Geovany Quenda, Emmanuel Emegha y Dastan Satpayev, siguiendo la política de apostar por el talento joven que ha definido el club en los últimos años.

El gran reto de Alonso no es la calidad de los jugadores sino hacer que funcionen juntos. Ninguno de sus predecesores logró encontrar el once ideal ni un sistema que sacara el máximo rendimiento a una plantilla que sobre el papel debería estar peleando títulos. El tolosarra llega con su propuesta de presión alta, salida limpia desde el fondo y transiciones rápidas que tan bien funcionó en Leverkusen, y tiene cuatro años de contrato para implementarla sin que nadie lo presione a resultados inmediatos. Si logra hacer del Chelsea un equipo cohesionado y reconocible, la Premier League tendrá un nuevo candidato al título que nadie quiere enfrentar.