La construcción de las mayorías parlamentarias para el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella ha tropezado con su primer gran obstáculo antes de la instalación del Congreso el 20 de julio. La puja por la Presidencia del Senado desató un enfrentamiento directo entre el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el mandatario electo, evidenciando una profunda tensión por el control político de los sectores de centroderecha en el país.
Mientras la Casa de Nariño electa respalda la aspiración de Alfredo Deluque (Partido de la U), el Centro Democrático mantiene firme la candidatura de Honorio Henríquez. Uribe elevó el tono de la discusión al denunciar una supuesta estrategia del entorno de De la Espriella para debilitar a su colectividad: «Si el tigre va a rugir contra nosotros, nos toca proceder como abejas africanas, laboriosas», sentenció el exmandatario.
Cuentas cruzadas y el fantasma del «voto limpio»
A pesar de las gestiones del designado ministro del Interior, Rodrigo Lara, la elección se mantiene en un escenario de alta incertidumbre. Si se respeta la lógica tradicional de los acuerdos de bancadas, Deluque cuenta con una ventaja matemática; sin embargo, el Centro Democrático busca forzar una votación «a voto limpio» en el atril, un escenario donde los respaldos individuales podrían cambiar el resultado.
- El bloque de Deluque: El candidato de La U consolidó apoyos clave de la Alianza por Colombia (Partido Verde, Aico, En Marcha), Cambio Radical, el Partido Conservador y Salvación Nacional, sumando una base inicial de 38 votos.
- Las fichas en disputa: Para alcanzar la mayoría de 52 votos, Deluque necesita amarrar el respaldo del Partido Liberal y de los tres senadores del partido MIRA, sectores que aún no unifican una postura oficial. En paralelo, persisten los acercamientos con el Pacto Histórico (26 curules), cuyo vocero Iván Cepeda no ha cerrado la puerta a examinar alternativas.
Resistencia uribista ante el nuevo mapa político
El Centro Democrático reclama el derecho legítimo a presidir el Senado bajo el argumento de ser la fuerza política más numerosa de la coalición que apoyó a De la Espriella, contando con 17 senadores. Uribe reveló que solicitó personalmente al presidente electo aplazar el respaldo a Deluque, pero este se negó alegando un «compromiso personal».
Desde el uribismo, las críticas hacia Deluque también apuntan a su pasado inmediato en el Congreso. El senador electo Rafael Nieto cuestionó la idoneidad del candidato y criticó que el ministro Lara esté dedicado a hacerle campaña a una figura tradicional de la política de La Guajira que, además, respaldó iniciativas clave del saliente gobierno de Gustavo Petro.
Para analistas políticos, el trasfondo de la disputa va más allá de un cargo administrativo. La llegada de De la Espriella a la presidencia, sumada al avance del movimiento «Defensores de la Patria» para constituirse como partido ante el Consejo Nacional Electoral, representa un intento de reconfiguración que busca absorber o desplazar la preeminencia histórica del uribismo como principal fuerza de la derecha en Colombia.
