Mourinho debutó hace 13 años con una goleada y esta vez eligió la paciencia y la solidez
El primer partido de Mourinho en su segunda era como técnico del Real Madrid tuvo todas las características de lo que será su filosofía esta temporada: orden defensivo, paciencia para esperar el momento y eficacia cuando llegó la oportunidad. El partido ante el Alcorcón en el Alfredo Di Stéfano estuvo marcado por la austeridad ofensiva de un equipo que todavía no tiene a sus grandes figuras disponibles, pero lo más revelador no fue el resultado sino la imagen del técnico portugués en el banquillo: tranquilo, observador, con las manos en los bolsillos analizando el posicionamiento de cada jugador y corrigiendo detalles tácticos con sus asistentes entre jugada y jugada. El Mourinho que regresó al Madrid en 2026 no es el mismo que llegó en 2010 con la energía explosiva de quien acababa de ganar la Champions con el Inter, sino uno más maduro y más calculador que sabe exactamente lo que quiere de su equipo.
Lo que más destacó del partido en términos tácticos fue la movilidad de Güler y Camavinga entre líneas buscando espacios para recibir el balón y progresar, y los cambios de orientación que el equipo ejecutó para salvar la presión avanzada del Alcorcón. La tendencia del equipo a volcar los ataques por la izquierda con Carreras y Valero también llamó la atención, mientras que por la derecha la presencia de Mastantuono fue más discreta. Sin Mbappé, Vinicius, Bellingham ni ninguno de los grandes mundialistas disponibles el partido fue inevitablemente una prueba limitada, pero Mourinho cumplió su objetivo principal: ver a sus jugadores en acción competitiva por primera vez y empezar a identificar quiénes están listos para el arranque de liga del 22 de agosto ante el Espanyol.
