El Decano vive uno de los momentos más comprometidos de su historia reciente en primera división

Atlético Tucumán atraviesa en 2026 una crisis deportiva que contrasta brutalmente con los años gloriosos que vivió entre 2015 y 2020, cuando el club norteño fue uno de los equipos más competitivos del interior del país y llegó a disputar una final de Copa Sudamericana. El Decano terminó el Torneo Apertura antepenúltimo en su zona con apenas 14 puntos, una campaña que encendió todas las alarmas sobre la permanencia en primera división y que le costó cambios en el cuerpo técnico. Julio Falcioni llegó al banco con la misión de estabilizar un equipo que perdió la identidad defensiva y el orden táctico que lo caracterizó en sus mejores épocas, y los primeros resultados bajo su conducción fueron alentadores con dos victorias consecutivas que le dieron algo de oxígeno antes del Clausura.

La situación en la tabla anual es el número que más preocupa en Tucumán: con los puntos acumulados en el último año y medio el Decano está en una posición que lo obliga a hacer una campaña sobresaliente en el Clausura para alejarse definitivamente de la zona de descenso. El fútbol argentino define quién baja por promedio acumulado de dos años y los números de Tucumán en ese apartado no son tranquilizadores. Falcioni, un técnico con experiencia enorme en situaciones de presión habiendo salvado del descenso a varios clubes argentinos a lo largo de su carrera, sabe exactamente qué se necesita: ganar partidos en casa, ser sólido defensivamente y no regalar puntos ante los rivales directos. Esta tarde ante Rivadavia el primer examen del Clausura llega en el peor momento posible pero también en el más necesario.