El anuncio del posicionamiento de Abelardo de la Espriella el próximo 7 de agosto en la Universidad Santiago de Cali, específicamente en la Arena USC, ha desatado una ola de controversia que se extiende más allá de los límites del Valle. La elección de este escenario no es casual: se trata de una ciudad donde el senador Iván Cepeda obtuvo un respaldo cercano al 70%, y donde la memoria de las movilizaciones sociales sigue viva en el imaginario colectivo.
La presencia de Espriella, acompañada inicialmente por menciones de respaldo militar, ha generado un rechazo profundo entre sectores de la comunidad universitaria. Estudiantes y docentes han manifestado que este acto no es simplemente un posicionamiento político, sino un mensaje cargado de simbolismo: instalarse en un espacio académico para proyectar fuerza frente a un cuerpo militar, en una ciudad marcada por la resistencia.
Uno de los estudiantes expresó con claridad: “Él está dando un mensaje, viene a la ciudad donde Cepeda tuvo más apoyo con casi el 70%, en una universidad a posicionarse frente al cuerpo militar. El mismo hombre que ha hablado, junto con su vicepresidente, de quitar el monumento a la resistencia”. Estas palabras reflejan el trasfondo de la inconformidad: no se trata únicamente de un evento, sino de lo que representa en términos de memoria y confrontación política.
Las protestas, anunciadas a partir del 30 de julio, han sido planteadas como pacíficas. Sin embargo, el rechazo es contundente. La comunidad estudiantil busca dejar claro que la universidad no puede convertirse en escenario de imposiciones simbólicas que contradicen su espíritu crítico y plural.
El 7 de agosto, entonces, no será solo una fecha de posicionamiento. Será también un día de resistencia académica y ciudadana, donde la voz de los estudiantes intentará contrarrestar el peso de un acto que, para muchos, encarna la negación de las luchas sociales que han marcado a Cali y al Valle.
