La propuesta del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, de permitir la participación de inversores privados en las principales competiciones del organismo ha provocado una fuerte oposición internacional. Tres de las seis confederaciones que integran la FIFA —la AFC (Asia), la UEFA (Europa) y la CONCACAF (Norteamérica, Centroamérica y el Caribe)— rechazaron públicamente la iniciativa por considerar que pone en riesgo el futuro y la independencia del fútbol mundial.

La Confederación Asiática de Fútbol (AFC) anunció su respaldo a la postura de la UEFA y la CONCACAF, fortaleciendo el bloque opositor. Esta decisión es muy importante porque las tres confederaciones reúnen 136 votos (55 de la UEFA, 35 de la CONCACAF y 46 de la AFC), una cifra superior a los 106 votos necesarios para aprobar cualquier propuesta dentro de la FIFA. Debido a ello, las posibilidades de que el proyecto de Infantino sea aprobado disminuyen considerablemente.

Tras conocerse la postura de la AFC, Carlos Cordeiro, asesor sénior de la FIFA, presentó su renuncia. En su declaración afirmó que la propuesta representaba “un mal negocio para el fútbol” y advirtió que hipotecaría el futuro del deporte al entregar parte de sus competiciones a inversores privados.

Ante las críticas, la FIFA respondió asegurando que “nadie está vendiendo el fútbol”. La organización explicó que únicamente busca crear una nueva empresa para gestionar los aspectos comerciales de sus principales torneos y que los inversores solo tendrían participaciones minoritarias, sin control sobre la institución. Además, sostuvo que el proceso de consulta había sido malinterpretado por informaciones erróneas difundidas en algunos medios y reiteró su compromiso con un proceso abierto y democrático para escuchar la opinión de todas las federaciones.

La UEFA fue la primera confederación en pronunciarse en contra. Bajo el liderazgo de su presidente, Aleksander Ceferin, las 55 federaciones europeas aprobaron un comunicado en el que rechazaron de forma unánime la idea de transferir derechos de propiedad de la Copa del Mundo y de otras competiciones a empresas privadas. Para la organización europea, el Mundial es uno de los mayores patrimonios del deporte, construido durante décadas gracias al esfuerzo de jugadores, selecciones nacionales y aficionados, por lo que no debe convertirse en un activo comercial destinado a generar beneficios para inversionistas.

La UEFA también recordó el enorme peso deportivo que tiene Europa dentro del fútbol mundial. Aunque solo representa una cuarta parte de las federaciones afiliadas a la FIFA, concentra a muchas de las selecciones más exitosas de la historia. De las 23 Copas del Mundo disputadas hasta ahora, 13 han sido ganadas por países europeos, y en el Mundial de 2026 seis de los ocho equipos clasificados a los cuartos de final pertenecían a Europa, incluida la selección campeona, España.

Además de rechazar la propuesta, la UEFA advirtió que, si el proyecto llegara a aprobarse, podría organizar un boicot a todas las competiciones de la FIFA, incluyendo el Mundial masculino, el Mundial femenino y la Copa Mundial de Clubes. Este posible boicot comenzaría a ponerse a prueba en los próximos torneos organizados por la FIFA.

Poco después, la CONCACAF también anunció oficialmente su rechazo. Sus miembros manifestaron preocupación por la falta de transparencia, el poco tiempo concedido para analizar la propuesta y la ausencia de una revisión adecuada por parte de los órganos de gobierno de la FIFA. Además, cuestionaron la necesidad de recurrir a capital privado cuando el Mundial de 2026 ha sido el torneo más rentable de la historia, generando ingresos suficientes para financiar los programas de desarrollo del fútbol impulsados por la propia FIFA. A diferencia de la UEFA, la CONCACAF no propuso un boicot.

El proyecto presentado por la FIFA consiste en crear una empresa denominada FIFA Forward Enterprise (FFE), encargada de administrar los derechos comerciales y la organización de los principales eventos del fútbol mundial. La institución pretende vender participaciones minoritarias de esta empresa a inversionistas externos, argumentando que esto permitirá fortalecer su capacidad financiera sin perder el control de las competiciones.

Como incentivo para obtener apoyo, Gianni Infantino comunicó a las 211 federaciones miembro que cada una recibiría 40 millones de dólares si respaldaba la iniciativa. Además, ofreció un primer pago de 20 millones de dólares a las federaciones que aceptaran antes del plazo fijado para el 19 de septiembre.

La FIFA también informó que, si la propuesta era aprobada, la empresa estadounidense Thrive Eternal lideraría el grupo de inversionistas interesados en participar en la nueva filial. Esta firma fue fundada por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, quien es yerno del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sin embargo, la FIFA negó que se hubiera discutido la posibilidad de que Gianni Infantino u otros directivos ocuparan cargos ejecutivos en la nueva empresa.

Las críticas de la UEFA fueron especialmente duras. La organización acusó a la FIFA de intentar utilizar el fútbol para beneficiar intereses privados y afirmó que el proyecto había sido elaborado en secreto, sin consultar adecuadamente a las federaciones nacionales. También calificó la iniciativa como un grave fracaso de liderazgo y aseguró que las federaciones estaban siendo presionadas para aceptar una decisión que cambiaría de forma irreversible la propiedad y administración de las competiciones más importantes del fútbol mundial.

En conclusión, la propuesta de Gianni Infantino ha generado una profunda división dentro del fútbol internacional. Mientras la FIFA sostiene que busca fortalecer la gestión comercial de sus torneos sin perder el control de ellos, las principales confederaciones consideran que abrir la puerta a inversores privados pone en peligro el legado histórico, la independencia y los valores del fútbol. El rechazo de la UEFA, la AFC y la CONCACAF representa un obstáculo muy importante para que la iniciativa pueda ser aprobada.