Redes sociales- salud- bienestar- OMS- PREVENCIÓNPrevenir los riesgos del uso excesivo de las redes sociales.

Las redes sociales son parte de la vida diaria de millones de personas, que las usan para informarse, relacionarse, trabajar y cuidar su salud.

Sin embargo, expertos advierten que su uso excesivo o problemático puede afectar el bienestar físico y mental, sobre todo
de los más jóvenes.

El reto, coinciden, no es prohibirlas sino aprender a usarlas de forma consciente y a favor de la salud. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el entorno digital incide hoy de forma directa en la salud mental de niños, niñas y adolescentes.

En su informe sobre los determinantes digitales de la salud mental juvenil (2025), reconoció que las redes pueden tener consecuencias tanto positivas como negativas, y pidió hacer de los espacios digitales lugares más seguros.

Sus datos lo confirman: entre los adolescentes europeos, el uso problemático de redes pasó del 7 % en 2018 al 11 % en 2022 y afecta más a las niñas (13 %) que a los niños (9 %); cerca del 15 % de los adolescentes del mundo vive con algún trastorno mental.

«Las redes sociales no son buenas ni malas en sí mismas: todo depende de cómo, cuánto y para qué las usamos. Por eso insistimos en el uso consciente y en acompañar a los más jóvenes» manifestó Alejandro Rivas, gerente de la Red Médica de emi Falck.

Los beneficios: cómo las redes pueden jugar a favor de la salud

En Colombia, este uso provechoso ya es visible así lo reveló un estudio en centros de atención primaria halló que el 35,7 % de los usuarios de redes las utiliza para buscar información sobre su salud.

La clave, según la OMS, está en fortalecer la alfabetización digital para distinguir las fuentes confiables, «Usadas de forma adecuada, ofrecen oportunidades reales para cuidar la salud»

  • Acceso a información de salud y a campañas de prevención que ayudan a tomar decisiones informadas y a consultar a tiempo.
  • Comunidades de apoyo entre personas con una misma condición o diagnóstico, que reducen la sensación de soledad.
  • Telesalud y orientación profesional a distancia, que acercan la atención a quienes enfrentan barreras geográficas o económicas.
  • Espacios para la expresión, la creatividad y el mantenimiento de vínculos con familia y amigos.
  • Difusión de hábitos saludables en actividad física, alimentación, sueño y bienestar emocional.

Los riesgos: cuándo el uso se vuelve un problema:

Cuando el uso se vuelve excesivo o problemático, la evidencia científica lo asocia con:

  • Mayor riesgo de ansiedad, depresión y baja autoestima.
  • Trastornos del sueño por el uso nocturno y la exposición prolongada a pantallas.
  • Problemas de imagen corporal y comparación social permanente, incluido el FOMO o miedo a
    quedarse por fuera.
  • Ciberacoso y exposición a contenidos dañinos.
  • Aislamiento y menos tiempo de relación cara a cara.
  • Dependencia: dificultad para controlar el tiempo de uso aunque se quiera reducir.

Según el Ministerio de Salud y Protección Social, el 44,7 % de los niños y niñas del país presenta indicios de afectaciones en su salud mental, en uno de los países que más tiempo dedica a las redes: más de tres horas diarias en promedio

U estudio de Tigo y la Universidad de los Andes halló que el 30 % de los adolescentes colombianos intentó sin éxito reducir su tiempo de conexión y el 40 % reportó conflictos familiares por el uso excesivo.

En medio de la preocupación por la salud mental juvenil —Medicina Legal registró 183 suicidios de menores entre enero y agosto de 2024—, el Ministerio puso en marcha en 2025 la quinta Encuesta Nacional de Salud Mental, con más de 115.000 personas en los 32 departamentos.

Recomendaciones para un uso saludable de las redes sociales:

Algunas recomendaciones prácticas para que las redes jueguen a favor del bienestar:

  • Poner límites de tiempo y reservar momentos y espacios libres de pantallas, sobre todo antes
    de dormir y durante las comidas.
  • Acompañar a niños y adolescentes en su vida digital: hablar de lo que ven y consumen, y
    orientarlos sin juzgar.
  • Verificar la información de salud en fuentes oficiales y profesionales, y desconfiar de los mitos
    y las “curas milagrosas”.
  • Cuidar la privacidad y configurar de forma segura las cuentas, en especial las de los menores
    de edad.
  • Fomentar el contacto cara a cara, la actividad física y los pasatiempos fuera de línea.
  • Buscar ayuda profesional si el uso genera angustia o afecta el sueño, el estudio, el trabajo o las
    relaciones.

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