Dos victorias no hacen un campeón y Millonarios lo sabe mejor que nadie después del primer semestre
La historia reciente de Millonarios en el fútbol colombiano es la mejor advertencia contra la confianza excesiva: el club azul ha tenido en los últimos años múltiples rachas positivas en mitad de los torneos que luego se interrumpieron en los momentos más importantes dejando al equipo fuera de los cuadrangulares o eliminado en las primeras rondas cuando la clasificación parecía asegurada. Dos victorias consecutivas ante Junior y Pasto son una señal positiva pero no una garantía de nada en un campeonato donde la consistencia durante 19 fechas es lo que define quién clasifica y quién se queda afuera, y Millonarios tiene la costumbre histórica de levantar expectativas con buenas rachas para luego decepcionarlos con resultados inesperados contra rivales que no debería perder. La hinchada azul lo sabe y por eso celebra con cautela.
Lo que más debe preocupar a Fabián Bustos después de estas dos victorias es precisamente el próximo partido ante el líder Independiente Medellín en el Atanasio Girardot, un escenario donde el DIM llega herido emocionalmente por la eliminación de la Copa Sudamericana ante Vasco da Gama y donde un equipo golpeado en su orgullo suele ser el rival más peligroso del torneo. Millonarios deberá demostrar que las victorias ante Junior y Pasto no fueron un espejismo sino el inicio de una racha sostenida que lo lleve hasta los cuadrangulares con solidez, porque en el fútbol colombiano los equipos que se confían después de buenos resultados parciales terminan pagando ese error en las fechas definitivas cuando ya no hay margen para rectificar.
