El Pijao tiene los ingredientes para soñar en grande y el semestre apenas está comenzando
Deportes Tolima tiene razones reales para ser optimista en este segundo semestre de 2026 y los argumentos van más allá de los 6 puntos en tres fechas. El club ibaguereño llega al torneo con una plantilla que mantiene la base competitiva que en los últimos años lo convirtió en uno de los equipos más sólidos del fútbol colombiano, con el Manuel Murillo Toro como fortaleza donde los grandes siempre la pasan mal y con la motivación adicional de tener por primera vez en mucho tiempo competencia internacional con los octavos de final de la Copa Libertadores ante Independiente del Valle de Ecuador. Ese tipo de retos continentales históricamente han elevado el nivel de los equipos colombianos porque generan una mentalidad ganadora que luego se traslada al torneo local con resultados positivos.
Lo que más esperanza genera en la hinchada pijao es el perfil de Sebastián Oliveros: un técnico joven con hambre de demostrar en un club grande, con ideas ofensivas claras y con la personalidad para tomar decisiones valientes en los momentos difíciles como quedó demostrado ante Medellín. El Tolima tiene por delante un calendario que incluye varios partidos en casa donde históricamente acumula puntos con regularidad, y si Oliveros logra resolver el problema de los goles tempraneros que en las últimas fechas han complicado los partidos desde el inicio, el equipo tiene el potencial para clasificar a los cuadrangulares con comodidad y llegar a esa fase decisiva con la confianza de un equipo que compite en tres frentes simultáneamente. El semestre es largo, la plantilla es competitiva y el proyecto tiene dirección clara, tres ingredientes que en el fútbol colombiano son más que suficientes para soñar con la cuarta estrella que Oliveros prometió perseguir desde el primer día que llegó a Ibagué.
