El reciente terremoto que sacudió a Colombia dejó a Cali entre las ciudades más golpeadas, no solo por los daños en la movilidad, las inundaciones viales y los cortes de energía, sino también en el sector educativo. Varias universidades se vieron obligadas a evacuar sus sedes y adoptar medidas de aseguramiento, mientras se evaluaban las consecuencias estructurales de la emergencia.
Entre las instituciones más afectadas se encuentra la Universidad Santiago de Cali (USC), donde las áreas de licenciaturas e ingenierías resultaron seriamente comprometidas. El colapso de paredes y daños en la infraestructura obligaron a cancelar las clases presenciales y restringir el ingreso a la sede principal hasta nuevo aviso. Estudiantes señalaron que se han iniciado pruebas piloto de educación virtual y que se estudia la posibilidad de alternar actividades académicas con la sede Palmira, como medida de contingencia.
Por su parte, la Universidad del Valle emitió un comunicado oficial a través de redes sociales, en el que el rector Guillermo Murillo Vargas y miembros del cuerpo administrativo informaron que las afectaciones en la sede Meléndez fueron menores. Se reportaron daños en fachadas, vidrios e insumos, pero no en la estructura principal. Aun así, se decidió suspender algunas clases mientras se realizan inspecciones técnicas para garantizar la seguridad de estudiantes y personal docente.
Otras instituciones de educación superior, como la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, ICESI y la Universidad San Buenaventura, confirmaron que no sufrieron daños estructurales significativos. Sin embargo, también optaron por cancelar clases como medida preventiva, en tanto se verificaban las condiciones de sus instalaciones. En el caso de la Universidad Autónoma de Occidente (UAO), no se obtuvo respuesta oficial sobre el estado de sus sedes.
La suspensión de actividades académicas refleja la magnitud del impacto que el terremoto tuvo en la vida cotidiana de la ciudad. La educación, un sector vital para el desarrollo, se vio interrumpida de manera abrupta, obligando a las universidades a replantear sus dinámicas y a buscar alternativas para garantizar la continuidad de los procesos formativos. La virtualidad aparece como una opción inmediata, aunque con retos logísticos y pedagógicos que deberán ser atendidos en el corto plazo.
