El terremoto del 25 de enero de 1999 dejó huella en Salento, Quindío, pero el municipio logró preservar buena parte de su arquitectura tradicional y, con el paso de los años, se consolidó como uno de los destinos turísticos más reconocidos de Colombia.
Salento, Quindío. — Sus coloridos balcones, casas tradicionales, calles y paisajes de montaña hacen de Salento uno de los municipios más emblemáticos del Quindío. Sin embargo, detrás de esa imagen turística existe una historia marcada por uno de los terremotos más devastadores registrados en Colombia.
El 25 de enero de 1999, un sismo de magnitud 6,2 sacudió el Eje Cafetero. El epicentro se ubicó en el departamento del Quindío y el movimiento afectó a numerosos municipios de la región, entre ellos Salento. El terremoto dejó cientos de víctimas mortales en el país y provocó graves daños en viviendas, infraestructura y redes de servicios.
En Salento, el impacto fue considerablemente menor que en otras localidades del departamento. Los registros oficiales citados en documentos de la época contabilizaron dos personas fallecidas, 19 heridas, 15 viviendas destruidas, 80 averiadas y 55 con daños estructurales.
La arquitectura que sobrevivió
Uno de los aspectos que permitió a Salento conservar buena parte de su identidad fue la permanencia de su arquitectura tradicional. De acuerdo con la Gobernación del Quindío, antes del terremoto el municipio ya se caracterizaba por conservar construcciones de bahareque, tejas de barro y balcones, en buena medida porque su pobreza histórica había limitado la sustitución de las edificaciones tradicionales.
Aunque el terremoto no ocasionó una destrucción generalizada del casco urbano, sí fue necesario reconstruir algunas edificaciones públicas. Entre ellas estuvieron la Alcaldía y la Casa de la Cultura, ubicadas alrededor de la plaza principal. También se realizaron intervenciones en otras construcciones y se reforzó estructuralmente el mirador del parque Alto de la Cruz.
La iglesia de Nuestra Señora del Carmen también sufrió afectaciones. Documentos municipales señalan que el templo fue posteriormente sometido a trabajos de remodelación y adecuación estructural.
De la tragedia al auge turístico
Paradójicamente, la tragedia también produjo un movimiento de visitantes hacia Salento. Personas de diferentes regiones y países llegaron al Quindío para colaborar con las comunidades afectadas y muchas de ellas aprovecharon su estancia para conocer los atractivos del municipio.
Con el paso de los años, Salento fortaleció su actividad turística hasta convertirse en un importante centro cultural y turístico del departamento. Las autoridades municipales destacan actualmente su arquitectura tradicional, sus paisajes y su vínculo histórico con el desarrollo del Quindío.
El municipio es además una puerta de entrada al Valle de Cocora, reconocido por sus paisajes andinos y por la presencia de la palma de cera, árbol nacional de Colombia.
Un patrimonio que permanece
Más de dos décadas después del terremoto, Salento conserva buena parte de la imagen que lo ha convertido en uno de los pueblos más visitados del país. Sus viviendas de uno y dos pisos, los balcones adornados con flores y los materiales tradicionales continúan formando parte de su identidad arquitectónica.
La historia del terremoto de 1999 demuestra que el impacto de un desastre no se mide únicamente por la cantidad de edificaciones destruidas. En Salento, el desafío también consistió en reconstruir lo necesario sin perder las características que hacían del municipio un lugar singular.
Hoy, sus calles y construcciones son testimonio de esa recuperación: un pueblo que recibió el golpe de uno de los terremotos más fuertes de la historia reciente de Colombia y que logró mantener gran parte de su esencia para convertirse nuevamente en uno de los destinos turísticos más queridos del Eje Cafetero.
