Las inundaciones volvieron a golpear con fuerza a Sudán del Sur en 2025 y obligaron a decenas de miles de personas a abandonar sus hogares. Las zonas más afectadas se concentraron en los estados de Jonglei, Alto Nilo y Unity, donde el aumento de los niveles de agua agravó una crisis humanitaria marcada por el conflicto, el hambre, las enfermedades y la falta de financiación.
Una nueva emergencia sobre una crisis que ya era crítica
Sudán del Sur enfrentó durante 2025 una nueva temporada de inundaciones severas que afectó a algunas de las comunidades más vulnerables del país.
En septiembre de ese año, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) advirtió que el aumento de las aguas ya había provocado el desplazamiento de alrededor de 100.000 personas en los estados de Jonglei, Alto Nilo y Unity. Muchas de ellas ya habían sido desplazadas anteriormente por la violencia, por lo que las inundaciones representaron un nuevo golpe para familias que habían perdido sus hogares o medios de subsistencia.
La situación resultó especialmente preocupante porque las zonas afectadas también registraban elevados niveles de inseguridad alimentaria. La destrucción de cultivos, pastizales y ganado redujo todavía más las posibilidades de las comunidades de producir o conseguir alimentos.
ACNUR alertó entonces de que, si las inundaciones continuaban, hasta 400.000 personas podrían terminar desplazadas por las inundaciones durante 2025, una cifra que habría superado los niveles registrados durante las inundaciones de 2024.
El Nilo Blanco y las inundaciones recurrentes
El problema no se limita a una temporada excepcional de lluvias.
El Nilo Blanco atraviesa Sudán del Sur y desempeña un papel fundamental en la geografía y en la vida de numerosas comunidades. El aumento de los niveles del río, combinado con fuertes lluvias y las características de las zonas pantanosas del país, puede provocar inundaciones prolongadas.
La Organización Mundial de la Salud ha señalado que, desde 2020, las fuertes precipitaciones y el aumento de los niveles de agua a lo largo del Nilo Blanco han contribuido a inundaciones masivas en Sudán del Sur.
El impacto va mucho más allá de las viviendas. Cuando las aguas cubren las comunidades, también quedan inutilizadas carreteras, escuelas, centros de salud, cultivos, zonas de pastoreo y sistemas de abastecimiento de agua.
Esto convierte una emergencia climática en una crisis humanitaria de múltiples dimensiones.
Más de 100.000 personas desplazadas en septiembre de 2025
El dato de 100.000 desplazados que aparece en distintos reportes corresponde específicamente a la situación descrita por ACNUR el 12 de septiembre de 2025.
Para entonces, las aguas habían cubierto extensas zonas de Jonglei, Alto Nilo y Unity. La agencia explicó que muchas de las personas afectadas ya habían tenido que abandonar sus hogares como consecuencia de la reanudación de los enfrentamientos desde febrero de ese mismo año.
En otras palabras, para miles de familias la emergencia tenía un doble origen: primero la violencia y posteriormente las inundaciones.
ACNUR advirtió que este fenómeno estaba convirtiendo a las personas desplazadas en uno de los grupos más expuestos a los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos.
Viviendas, escuelas y hospitales quedaron bajo el agua
El avance de las aguas provocó daños generalizados en infraestructura esencial.
ACNUR informó que viviendas, escuelas y centros de salud habían quedado inundados, mientras que extensas zonas agrícolas y de pastoreo también resultaron afectadas. La pérdida de cultivos y ganado amenazó directamente los medios de subsistencia de miles de familias.
Uno de los problemas más graves fue el deterioro de las condiciones sanitarias.
Las fuentes de agua potable y las letrinas también quedaron bajo el agua, aumentando la posibilidad de contaminación. El agua estancada y la falta de saneamiento crearon condiciones favorables para la propagación de enfermedades transmitidas por el agua y por vectores.
Esta situación se produjo, además, mientras Sudán del Sur enfrentaba un importante brote de cólera.
ACNUR informó en septiembre de 2025 que, hasta finales de agosto, el brote había afectado a más de 12.000 personas desplazadas internamente y unos 3.100 refugiados.
La respuesta humanitaria de Naciones Unidas
Frente al desastre, las agencias de Naciones Unidas y sus socios humanitarios intensificaron las operaciones de emergencia.
ACNUR señaló que estaba trabajando junto con las autoridades y otros organismos de la ONU para priorizar asistencia vital para hasta 150.000 de las personas más vulnerables afectadas por las inundaciones.
La ayuda contemplaba diferentes tipos de apoyo, entre ellos asistencia económica, refugios de emergencia y lonas plásticas para las familias cuyas viviendas habían sufrido daños.
La agencia también trabajó en la instalación de bombas de agua y en la rehabilitación de diques para facilitar el drenaje de las zonas inundadas.
Estas medidas son especialmente importantes en lugares donde los diques constituyen una de las principales barreras para proteger asentamientos de desplazados.
Durante los años anteriores, las agencias humanitarias habían trabajado con las comunidades para reforzar esas estructuras, crear comités locales de mantenimiento y mejorar la capacidad de respuesta ante futuras inundaciones.
El PMA mantiene la distribución de alimentos
La emergencia también obligó al Programa Mundial de Alimentos (PMA) a utilizar diferentes vías para llevar comida a las poblaciones aisladas.
En julio de 2025, el organismo informó que había ayudado a unos dos millones de personas vulnerables en Sudán del Sur durante ese año, en un contexto en el que aproximadamente 7,7 millones de habitantes enfrentaban niveles severos de hambre.
El PMA también recurrió a operaciones aéreas para llegar a algunas de las comunidades más remotas del Gran Alto Nilo.
Hasta julio de 2025, la organización había entregado mediante lanzamientos aéreos unas 430 toneladas métricas de alimentos, con operaciones destinadas a alcanzar a unas 40.000 personas en zonas de difícil acceso.
Al mismo tiempo, los convoyes fluviales volvieron a utilizar el Nilo Blanco como una de las principales rutas para transportar asistencia.
El 16 de julio, un convoy que partió de Bor transportó 1.380 toneladas métricas de alimentos y otros suministros humanitarios hacia el estado del Alto Nilo. El PMA explicó que las rutas fluviales son una de las formas más eficientes de movilizar grandes cantidades de ayuda en un país donde las carreteras y otras infraestructuras son muy limitadas.
También se enviaron suministros médicos
La emergencia por las inundaciones no se limitó a la alimentación.
La Organización Mundial de la Salud y otros socios humanitarios han desarrollado durante los últimos años mecanismos específicos para responder a las emergencias sanitarias provocadas por las inundaciones.
La OMS señala que ha distribuido más de 3.366 kits sanitarios de emergencia durante los últimos cinco años, con los que se ha beneficiado a alrededor de 1,5 millones de personas afectadas por inundaciones en Sudán del Sur.
Además, se prepararon otros 609 kits sanitarios de emergencia en zonas expuestas a inundaciones, con capacidad para beneficiar a unas 287.000 personas.
Estos suministros son fundamentales para responder a enfermedades que pueden aumentar después de una inundación, como malaria, cólera y otras enfermedades relacionadas con el agua y el saneamiento.
El riesgo de enfermedades aumenta con el agua estancada
La combinación de inundaciones, desplazamiento y condiciones sanitarias deficientes representa un peligro particular para las comunidades que viven en campamentos o asentamientos temporales.
Cuando las letrinas se inundan y las fuentes de agua potable quedan contaminadas, aumenta la posibilidad de transmisión de enfermedades.
La OMS ha explicado que, en algunas evaluaciones realizadas en Sudán del Sur, alrededor del 60 % de los puntos de agua analizados presentaban contaminación, lo que llevó a reforzar las actividades de vigilancia de la calidad del agua, higiene, saneamiento y prevención de infecciones.
Por esta razón, la respuesta humanitaria no puede limitarse a entregar alimentos. También requiere agua segura, saneamiento, atención médica, medicamentos, vacunación y vigilancia epidemiológica.
Una crisis que se agrava por la falta de financiación
Uno de los mayores obstáculos para la respuesta humanitaria es la falta de recursos.
En septiembre de 2025, ACNUR informó que había recibido solamente alrededor de un tercio de los casi 300 millones de dólares que necesitaba para proteger y asistir a las personas desplazadas y a las comunidades de acogida en Sudán del Sur.
La situación también afectaba al PMA.
En julio de 2025, el organismo señaló que las limitaciones financieras significaban que solamente podía proporcionar asistencia alimentaria regular a unos 2,5 millones de personas, equivalentes a cerca del 30 % de quienes enfrentaban hambre severa.
El PMA necesitaba entonces otros 274 millones de dólares para mantener el apoyo a las 2,5 millones de personas más afectadas hasta finales de 2025.
La escasez de financiación obligó a las agencias humanitarias a priorizar a las personas consideradas más vulnerables.
Las inundaciones no son el único problema
La emergencia climática se desarrolla en un país que ya enfrenta una situación extremadamente complicada.
Sudán del Sur continúa padeciendo violencia, desplazamientos, inseguridad alimentaria, pobreza, enfermedades y una infraestructura sanitaria limitada.
A esto se suma el impacto de la guerra que comenzó en el vecino Sudán en abril de 2023.
Según UNICEF, más de 9,3 millones de personas, equivalentes a más del 70 % de la población de Sudán del Sur, necesitaban asistencia humanitaria al entrar en 2026. La agencia atribuyó el deterioro a la combinación de conflicto armado, fenómenos climáticos recurrentes, dificultades económicas y el impacto de la guerra en Sudán.
El conflicto en el país vecino también ha provocado la llegada de más de un millón de personas a Sudán del Sur, aumentando la presión sobre comunidades que ya disponían de recursos muy limitados.
Las inundaciones de 2025 terminaron afectando a muchas más personas
La cifra de 100.000 desplazados comunicada por ACNUR en septiembre fue solo una fotografía de un desastre que continuó evolucionando.
El informe humanitario de UNICEF correspondiente a noviembre de 2025 mostró una dimensión mucho mayor de la emergencia.
Para el 30 de noviembre de 2025, las inundaciones habían afectado a más de 1,35 millones de personas en 39 condados de ocho estados, mientras que cerca de 375.600 personas habían sido desplazadas.
Jonglei, Lakes y Unity concentraban buena parte de los impactos.
UNICEF señaló que se trataba del quinto año consecutivo de inundaciones graves, con destrucción de viviendas, tierras agrícolas e infraestructura esencial.
Esto demuestra por qué la emergencia no puede entenderse únicamente como un episodio aislado de desbordamiento del Nilo Blanco.
El problema se repite cada año
Las inundaciones recurrentes han comenzado a convertirse en uno de los principales factores que determinan la vida de millones de personas en Sudán del Sur.
La repetición de los desastres dificulta que las familias puedan recuperarse. Cuando una comunidad consigue reconstruir sus viviendas, recuperar sus cultivos o reabrir una escuela, una nueva temporada de lluvias puede volver a destruir parte de esos avances.
La situación también afecta la capacidad de las organizaciones humanitarias.
Las carreteras desaparecen bajo el agua, los puentes quedan inutilizados y las comunidades pueden quedar aisladas durante semanas o meses. En esos casos, las agencias deben recurrir a barcos, helicópteros o lanzamientos aéreos, operaciones considerablemente más costosas que el transporte terrestre.
Una emergencia que combina clima, hambre y conflicto
El caso de Sudán del Sur evidencia cómo distintos factores pueden multiplicar sus efectos.
Las inundaciones destruyen cultivos y ganado; la pérdida de alimentos aumenta el hambre; el agua contaminada eleva el riesgo de enfermedades; las carreteras inundadas dificultan la llegada de ayuda y los conflictos obligan a más familias a abandonar sus hogares.
La consecuencia es una crisis en la que una misma familia puede enfrentarse simultáneamente al desplazamiento, la falta de alimentos, la pérdida de vivienda y el riesgo de enfermedades.
Por eso, las Naciones Unidas y sus organizaciones asociadas han insistido en la necesidad de combinar la asistencia inmediata con medidas de adaptación y prevención, como el fortalecimiento de diques, la preparación de suministros antes de la temporada de lluvias y el desarrollo de sistemas de agua y saneamiento más resistentes.
La emergencia continúa siendo una amenaza para 2026
Aunque las cifras de 100.000 desplazados corresponden al balance presentado por ACNUR en septiembre de 2025, el problema no desapareció con el descenso de las aguas.
En junio de 2026, ACNUR volvió a advertir que las inundaciones de 2025 habían afectado a más de un millón de personas en Sudán del Sur y que el inicio de una nueva temporada de lluvias podía volver a aislar comunidades, aumentar el riesgo de enfermedades y dificultar las operaciones humanitarias.
De esta manera, la emergencia del Nilo Blanco forma parte de un problema mucho más amplio: la creciente vulnerabilidad de Sudán del Sur frente a fenómenos climáticos extremos, en un momento en que el país continúa enfrentando conflictos, desplazamientos masivos, hambre y una grave falta de financiación humanitaria.
La respuesta internacional sigue siendo fundamental para evitar que las inundaciones se conviertan en una catástrofe aún mayor. Pero, además de la ayuda de emergencia, las organizaciones humanitarias consideran cada vez más importante invertir en infraestructura resistente, sistemas de alerta temprana, acceso al agua potable y mecanismos que permitan a las comunidades prepararse antes de que llegue la próxima temporada de lluvias.
