El terremoto que golpeó a Pereira dejó una profunda huella entre sus habitantes. La emergencia dejó 94 personas muertas, 259 heridas y más de 140.000 damnificados, además de importantes daños en diferentes sectores de la ciudad.
Entre las historias de quienes vivieron el desastre está la de Paola, una abogada de 33 años que se dirigía hacia el centro de Pereira junto a su madre, Stella, durante la mañana del 10 de agosto de 2026. Ambas se movilizaban en automóvil cuando comenzaron a sentir el movimiento de la tierra.
El temblor aumentó rápidamente de intensidad. Mientras intentaban ponerse a salvo, observaron cómo algunos edificios resultaban afectados y una nube de polvo cubría parte de las calles. Paola logró llevar el vehículo hasta una zona abierta frente al Centro Comercial Victoria, desde donde pudo observar los daños ocasionados en varias construcciones del sector.
Una vez terminó el movimiento, la preocupación pasó a concentrarse en sus familiares. Las comunicaciones presentaban dificultades y no tenían información sobre algunas personas cercanas. Finalmente, Paola logró encontrarse con su pareja, Cristian, quien había salido a buscarla.
Con el paso de las horas, la dimensión de la tragedia comenzó a hacerse evidente. Algunos lugares importantes para Paola habían sufrido graves daños o desaparecido. Entre ellos estaba uno de los edificios de La Lorena, un sitio relacionado con su infancia.
Otra de las personas que recordó lo ocurrido fue Ramón Elías Cardona Castaño, conocido como Chente, un exmilitar y cantante de 70 años que lleva más de tres décadas viviendo en Pereira. Su experiencia en el Ejército le permitió recordar también el desastre de Armero, tragedia que presenció mientras prestaba servicio.
Cardona relató que durante el terremoto observó una enorme nube de polvo proveniente del centro de la ciudad y posteriormente salió junto a su familia para ayudar en las labores de emergencia. En diferentes sectores encontró viviendas destruidas, vehículos atrapados y personas buscando a sus familiares.
Para él, uno de los golpes más dolorosos fue observar la desaparición de lugares que formaban parte de la identidad de Pereira. Entre ellos mencionó la llamada Calle del Tuvo y la iglesia de San José, espacios que durante años estuvieron vinculados a su vida y a la de muchos habitantes de la ciudad.
La emergencia también afectó a comerciantes como Jaime Parra, propietario de Santo Café, un establecimiento ubicado en la zona conocida como La Calle del Tuvo. Después del terremoto, el negocio quedó seriamente afectado y sus propietarios tuvieron que concentrarse en retirar objetos y proteger lo poco que pudieron recuperar.
Parra contó que durante los días posteriores al terremoto permaneció junto a sus amigos en la zona para ayudar con las labores de recuperación y vigilar los establecimientos. Según relató, durante la noche algunos negocios fueron saqueados, lo que aumentó las dificultades para quienes ya habían perdido parte de su patrimonio.
Junto a él estuvieron Johny Delgado y Diego Cardona, amigos y trabajadores de la zona, quienes decidieron acompañarlo durante las jornadas posteriores. Aunque enfrentaban pérdidas importantes, encontraron en la amistad una forma de sobrellevar la situación.
Uno de los puntos más afectados fue el barrio Providencia, donde equipos de rescate y voluntarios trabajaron durante varios días para buscar sobrevivientes entre las estructuras colapsadas.
En uno de los sitios de emergencia, los rescatistas intentaron determinar si había una persona con vida debajo de los escombros. El equipo pidió silencio para utilizar equipos especializados capaces de detectar sonidos y movimientos mínimos.
El procedimiento se repitió varias veces mientras los habitantes del sector permanecían atentos. Sin embargo, después de varios intentos no se obtuvo una respuesta que permitiera confirmar la presencia de un sobreviviente.
Las historias de Paola, Ramón, Jaime y sus amigos muestran diferentes caras de la tragedia: personas que buscaron a sus familiares, habitantes que perdieron lugares importantes de su vida y comerciantes que intentaron recuperar sus negocios. En medio de la destrucción, también surgieron acciones de solidaridad entre vecinos, voluntarios y equipos de rescate que participaron en la atención de la emergencia.
