•  Ayuda al cerebro: favorece la concentración, la memoria y el estado de alerta. La deshidratación puede causar cansancio y dificultad para concentrarse.
  •  Mejora el funcionamiento de los músculos: el agua ayuda a mantener un buen equilibrio de líquidos y electrolitos.
  •  Favorece la circulación: la sangre contiene una gran cantidad de agua, por lo que mantenerse hidratado ayuda al funcionamiento del sistema circulatorio.
  •  Ayuda a los riñones: permite eliminar sustancias de desecho a través de la orina y disminuye el riesgo de deshidratación.
  •  Regula la temperatura corporal: especialmente cuando hace calor o hacemos ejercicio.
  •  Favorece la digestión: ayuda al funcionamiento normal del aparato digestivo.
  •  Lubrica y protege las articulaciones y tejidos: el agua forma parte de diversos líquidos y estructuras del organismo.
  •  Ayuda a evitar el cansancio relacionado con la deshidratación.

Una buena señal de hidratación es no tener mucha sed y producir orina de color amarillo pálido. Las necesidades varían según la edad, el clima, la actividad física y otros factores.

Y ojo: tomar agua en exceso tampoco es bueno. Beber cantidades exageradas en poco tiempo puede ser peligroso.