Durante décadas, las imágenes del Sahel estuvieron asociadas con sequías, desertificación, pérdida de vegetación y suelos cada vez más degradados. Sin embargo, en algunas de las zonas más vulnerables de Níger ocurrió un proceso ambiental que ha llamado la atención de investigadores y organizaciones internacionales: millones de hectáreas de tierras agrícolas y paisajes degradados comenzaron a recuperar árboles, arbustos y cobertura vegetal sin depender de grandes campañas de plantación de árboles.

El caso de Níger se convirtió en uno de los ejemplos más conocidos de regeneración natural gestionada por agricultores, una estrategia conocida internacionalmente como Farmer Managed Natural Regeneration (FMNR). De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), los agricultores nigerinos han mejorado aproximadamente cinco millones de hectáreas de terreno, equivalentes a unos 50.000 kilómetros cuadrados, y el proceso ha contribuido a incrementar la producción de cereales en más de 500.000 toneladas anuales.

La importancia de este caso está precisamente en que la recuperación no dependió principalmente de plantar millones de árboles jóvenes desde viveros. En cambio, agricultores protegieron y manejaron árboles y arbustos que podían regenerarse a partir de raíces, tocones y semillas que ya estaban presentes en el suelo.

Una recuperación que comenzó en medio de una crisis ambiental

Para entender el alcance del proceso es necesario retroceder varias décadas.

Durante los años setenta y ochenta, distintas regiones del Sahel atravesaron fuertes sequías, episodios de hambruna, pérdida de ganado, erosión y degradación de los suelos. Las regiones nigerinas de Maradi y Zinder estuvieron entre las áreas más afectadas.

La presión sobre los recursos naturales era enorme. La población necesitaba tierras para cultivar, madera para combustible y materiales de construcción, además de vegetación para alimentar al ganado. La desaparición progresiva de árboles y arbustos dejó amplias superficies agrícolas expuestas al viento, al sol y a la erosión.

Investigaciones sobre la transformación ambiental de Maradi y Zinder señalan que las crisis climáticas y económicas del siglo XX contribuyeron a una importante pérdida de cobertura arbórea. Posteriormente, la recuperación comenzó a acelerarse cuando agricultores, organizaciones y autoridades promovieron nuevas formas de gestionar la vegetación existente.

En lugar de considerar todos los tocones y brotes como obstáculos para la agricultura, la estrategia empezó a tratarlos como un recurso.

El secreto estaba debajo del suelo

La regeneración natural gestionada por agricultores parte de una idea sencilla: un terreno que parece completamente deforestado no necesariamente está muerto.

Aunque la superficie pueda presentar pocos árboles visibles, debajo del suelo pueden permanecer sistemas radiculares, semillas y tocones capaces de producir nuevos brotes.

La técnica consiste en identificar esos brotes y seleccionar los más adecuados. Los agricultores eliminan ramas innecesarias, protegen los tallos y permiten que determinados ejemplares se desarrollen hasta convertirse nuevamente en árboles o arbustos.

De esta manera, la restauración aprovecha la capacidad natural del ecosistema para recuperarse.

La FAO describe el proceso desarrollado en las zonas secas africanas como una transformación de tierras agrícolas severamente degradadas en sistemas agroforestales mediante la regeneración natural gestionada por los propios agricultores. En Maradi, más del 90 % de la población ha adoptado prácticas destinadas a favorecer la presencia selectiva de árboles en las parcelas agrícolas.

No se trata simplemente de “dejar crecer los árboles”

Uno de los errores más comunes al explicar este modelo es pensar que los agricultores simplemente dejaron de intervenir en sus terrenos.

En realidad, la FMNR requiere manejo.

Los agricultores seleccionan qué árboles conservar, cuáles podar y qué brotes eliminar. También pueden controlar la competencia entre plantas y utilizar los árboles de manera compatible con los cultivos.

El resultado es una especie de agroforestería integrada, en la que árboles, arbustos, cultivos y ganado pueden coexistir en un mismo paisaje.

Los árboles aportan sombra, materia orgánica y protección contra el viento. Sus hojas y restos vegetales pueden contribuir a mejorar la estructura y fertilidad del suelo, mientras que sus raíces ayudan a mantenerlo.

Además, determinadas especies proporcionan frutos, forraje, madera y otros productos útiles para las comunidades rurales.

¿Cómo se recuperaron cinco millones de hectáreas?

La cifra de cinco millones de hectáreas aparece en diferentes investigaciones y organismos que han estudiado la transformación ambiental del sur de Níger.

El USGS señala que los agricultores han mejorado aproximadamente 5 millones de hectáreas, mientras que investigaciones sobre las regiones de Maradi y Zinder describen una transformación de más de cinco millones de hectáreas de tierras degradadas mediante la regeneración natural.

La magnitud es considerable: 50.000 kilómetros cuadrados representan un territorio superior al tamaño de países como Costa Rica y equivalente a una superficie enorme dentro de una de las regiones climáticamente más difíciles del planeta.

Sin embargo, es importante aclarar que no significa que las cinco millones de hectáreas sean actualmente un bosque continuo.

El paisaje recuperado suele estar compuesto por parcelas agrícolas con árboles dispersos, arbustos, cultivos y áreas de vegetación natural. Es decir, se trata principalmente de una recuperación de la cobertura vegetal y de los sistemas agroforestales, no de la creación de un bosque cerrado.

Dejar de eliminar los árboles cambió el paisaje

Uno de los elementos fundamentales del proceso fue modificar la relación de los agricultores con los árboles que aparecían naturalmente en sus terrenos.

Durante años, muchos agricultores eliminaban los árboles y brotes porque competían por espacio con los cultivos o porque existían restricciones sobre el aprovechamiento de los árboles.

Los cambios en las políticas y en la percepción sobre los derechos de los agricultores ayudaron a crear incentivos para conservarlos.

Un análisis publicado por GRID-Arendal señala que uno de los principales incentivos para la regeneración fue precisamente el cambio en la percepción sobre quién tenía derecho a aprovechar los árboles que crecían en las parcelas. Como consecuencia, antiguas superficies prácticamente desnudas comenzaron a mostrar decenas de árboles por hectárea en determinadas zonas.

Así, la conservación dejó de verse exclusivamente como una obligación ambiental y empezó a representar también un beneficio económico para las familias.

Más árboles también significaron beneficios para la agricultura

La recuperación de la vegetación tuvo efectos que fueron más allá del paisaje.

Los árboles pueden ayudar a reducir la velocidad del viento y, con ello, disminuir la erosión. También pueden proporcionar sombra, aportar materia orgánica mediante la caída de hojas y favorecer mejores condiciones para determinados cultivos.

El USGS estima que la mejora de aproximadamente cinco millones de hectáreas en Níger se relacionó con más de 500.000 toneladas adicionales de cereales al año. La misma fuente señala aumentos en los ingresos agrícolas y mejoras en la seguridad alimentaria, incluso durante años de sequía.

Esto es especialmente relevante en una región donde la producción agrícola depende en gran medida de las lluvias.

Cuando las precipitaciones son irregulares, cualquier práctica capaz de conservar humedad, reducir la erosión y mejorar la fertilidad del suelo puede tener consecuencias importantes para la supervivencia de las familias rurales.

El ganado también se beneficia

Los árboles regenerados cumplen otra función importante en las comunidades rurales: sirven como fuente de alimento para el ganado.

Hojas, frutos y vainas de determinadas especies pueden utilizarse como forraje, especialmente durante los períodos secos.

Esto ayuda a reducir la presión sobre otras fuentes de alimento y ofrece una reserva de recursos durante los momentos más difíciles del año.

Además, algunas especies proporcionan madera y combustible, lo que puede reducir la necesidad de desplazarse largas distancias para recolectar leña.

La recuperación de árboles, por tanto, no representa únicamente una intervención climática. Es también una estrategia relacionada con la economía doméstica, la agricultura y la seguridad alimentaria.

Una técnica que cuesta menos que plantar millones de árboles

Otro elemento que explica el interés internacional por el modelo nigerino es su costo.

Las campañas tradicionales de reforestación suelen requerir viveros, semillas o plántulas, transporte, preparación del terreno, sistemas de riego o mantenimiento y reposición de árboles que no sobreviven.

En las regiones áridas, la supervivencia de los árboles jóvenes puede ser particularmente complicada debido a las altas temperaturas, la escasez de agua, el pastoreo y la erosión.

La FMNR evita parte de esas dificultades porque trabaja con plantas que ya están adaptadas al entorno y cuentan con sistemas radiculares establecidos.

Un análisis reciente de Forests News señala que más de cinco millones de hectáreas de paisajes degradados en Níger han sido restauradas mediante este enfoque durante las últimas décadas, con una estimación de alrededor de 200 millones de árboles regenerados. La misma fuente destaca que el método se ha extendido a otros países debido a su bajo costo, sus beneficios directos para los agricultores y su capacidad de ampliarse a gran escala.

De un proyecto local a un modelo internacional

La historia comenzó a tomar forma en la década de 1980, cuando organizaciones que trabajaban en la región empezaron a experimentar con la regeneración natural.

Uno de los nombres asociados a la expansión de esta estrategia es el del agrónomo australiano Tony Rinaudo, quien trabajaba en Níger y llegó a la conclusión de que la reforestación convencional no estaba produciendo los resultados esperados.

La alternativa fue observar con mayor atención lo que ya existía en el terreno.

En lugar de intentar imponer un bosque desde cero, la estrategia consistió en aprovechar la vegetación que todavía sobrevivía bajo la superficie.

National Geographic documentó cómo agricultores de Níger comenzaron a proteger árboles que surgían de antiguos tocones y raíces, contribuyendo a una transformación del paisaje que alcanzó millones de hectáreas.

Con el tiempo, la técnica pasó de unas pocas comunidades a convertirse en una práctica ampliamente extendida.

Las políticas públicas fueron decisivas

Aunque el proceso suele presentarse como una historia de agricultores que “dejaron crecer los árboles”, la realidad es más compleja.

La transformación estuvo relacionada con la interacción entre agricultores, organizaciones no gubernamentales, investigadores y cambios en las políticas públicas.

Uno de los principales problemas era que los agricultores podían no tener incentivos suficientes para conservar árboles si no tenían seguridad sobre los beneficios derivados de ellos.

La situación comenzó a cambiar con reformas relacionadas con la gestión y aprovechamiento de los recursos forestales.

Más recientemente, Níger también dio pasos para formalizar los derechos relacionados con la regeneración natural. CIFOR-ICRAF documenta un decreto presidencial de 30 de julio de 2020 que otorgó mayores derechos de uso a los administradores de tierras sobre las áreas regeneradas mediante este tipo de prácticas.

La medida buscó resolver precisamente una de las cuestiones fundamentales del modelo: si los agricultores son responsables de proteger y cuidar los árboles, también necesitan tener derechos claros sobre los beneficios que estos generan.

¿Qué beneficios ambientales produce?

La regeneración de árboles y arbustos en tierras agrícolas puede generar varios beneficios ambientales.

Menos erosión

La vegetación ayuda a proteger el suelo frente al viento y el agua. En una región vulnerable a la desertificación, conservar la capa fértil resulta fundamental.

Mayor fertilidad

Las hojas y ramas que caen al suelo aportan materia orgánica y pueden mejorar las condiciones del terreno.

Mejor conservación de la humedad

La sombra y la cobertura vegetal pueden disminuir la exposición directa del suelo al calor y contribuir a conservar humedad.

Más biodiversidad

La presencia de árboles y arbustos crea hábitats y recursos para diferentes especies, aumentando la diversidad del paisaje agrícola.

Mayor resiliencia frente al clima

Un terreno con vegetación y árboles puede resistir mejor determinados impactos relacionados con sequías, altas temperaturas y erosión que una superficie completamente desnuda.

La recuperación no significa que Níger haya acabado con la desertificación

La cifra de cinco millones de hectáreas es extraordinaria, pero no debe interpretarse como que todo el territorio nigerino ha sido restaurado.

Níger continúa enfrentando problemas ambientales, económicos y climáticos importantes. La degradación de tierras, la variabilidad de las precipitaciones, las sequías, el crecimiento demográfico y la presión sobre los recursos naturales siguen representando desafíos.

Además, la recuperación no se distribuye uniformemente.

GRID-Arendal señala que la regeneración se ha producido con especial fuerza en algunas zonas del sur del país y que existen diferencias importantes entre regiones.

Por eso, el caso nigerino debe entenderse como un ejemplo de restauración a gran escala, pero no como una solución definitiva a todos los problemas de desertificación del país.

Una alternativa a la idea de que restaurar significa plantar

El caso de Níger también plantea una pregunta importante para los proyectos de restauración ambiental en todo el mundo: ¿es necesario plantar árboles para recuperar un ecosistema?

La experiencia nigerina demuestra que no siempre.

En determinados ecosistemas, la restauración puede consistir en eliminar las presiones que impiden que la vegetación se recupere por sí misma.

Esto puede significar proteger los brotes existentes, controlar el pastoreo, modificar las prácticas agrícolas, establecer derechos de uso claros y proporcionar a los agricultores conocimientos para manejar los árboles.

El enfoque no elimina la necesidad de plantar árboles en todos los casos. Hay terrenos donde la regeneración natural es insuficiente y donde la plantación puede ser necesaria.

Pero en lugares donde todavía existen raíces, semillas y vegetación adaptada, aprovechar esa capacidad natural puede ser más económico y tener mayores probabilidades de éxito.

Una lección para el Sahel y otras regiones del mundo

El éxito de Níger ha convertido la regeneración natural gestionada por agricultores en una herramienta utilizada o estudiada en numerosos países.

La práctica ya no se limita a Níger y se ha aplicado en distintas regiones de África y otros lugares donde existe degradación de tierras.

Forests News señala que el enfoque se utiliza actualmente en al menos 40 países, debido a que combina restauración ambiental con beneficios económicos directos para las comunidades rurales.

La lógica es particularmente relevante para las zonas secas, donde las campañas masivas de plantación pueden enfrentarse a problemas de supervivencia de las plántulas.

En esos escenarios, una estrategia basada en los recursos naturales existentes puede ofrecer una alternativa de menor costo y con mayor participación de las comunidades.

Cinco millones de hectáreas que cambiaron la forma de entender la restauración

La experiencia de Níger demuestra que la restauración ambiental no siempre necesita grandes infraestructuras, millones de plántulas o enormes campañas de plantación.

En algunos casos, el punto de partida puede estar oculto bajo el suelo.

Los cinco millones de hectáreas recuperados mediante regeneración natural gestionada por agricultores representan décadas de cambios en las prácticas agrícolas, participación comunitaria, adaptación de políticas y conocimiento local.

Más que una historia sobre árboles plantados, la experiencia nigerina es una historia sobre árboles que ya estaban allí y que dejaron de ser eliminados.

El caso también demuestra que la restauración ambiental puede ser compatible con la producción de alimentos y con los intereses económicos de las comunidades. En lugar de separar agricultura y conservación, la FMNR busca integrarlas en un mismo paisaje.

En un contexto mundial marcado por la desertificación, la degradación de los suelos y el cambio climático, el modelo desarrollado en Níger ofrece una lección sencilla pero poderosa: en determinados ecosistemas, restaurar la naturaleza puede comenzar no plantando más, sino permitiendo que vuelva a crecer lo que todavía existe.