Nueva Zelanda concretó en 2026 un nuevo avance en la conservación de su fauna nativa con el traslado de tres kiwis marrones de Coromandel desde la isla Motutapu, en el golfo de Hauraki, hacia la península de Kūaotunu, dentro de su región de origen.

El movimiento de las aves representa una nueva etapa de una estrategia de conservación que comenzó hace más de una década: utilizar una isla libre de depredadores introducidos como un espacio seguro para establecer una población reproductora y, una vez alcanzada una base suficiente, devolver parte de sus descendientes al territorio continental para reforzar las poblaciones silvestres.

El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda (DOC) informó el 18 de marzo de 2026 que los primeros tres kiwis fueron trasladados desde Motutapu hacia la región de Hauraki-Coromandel durante una operación de captura de diez días. Se trata de la primera vez que ejemplares de esta población abandonan la isla como parte de la siguiente fase del programa conocido como “To the Motu and Back”, una expresión que resume precisamente el recorrido de ida hacia la isla y regreso posterior al territorio de origen.

Una colonia creada para proteger a los kiwis

La historia de este proyecto se remonta a 2012, cuando comenzó el traslado de kiwis marrones de Coromandel hacia Motutapu. Desde entonces, 156 aves procedentes de la región de Hauraki-Coromandel fueron liberadas en la isla, elegida por ofrecer un entorno protegido frente a varios de los mamíferos introducidos que representan una de las principales amenazas para los kiwis en Nueva Zelanda.

La idea no era mantener indefinidamente a toda la población en Motutapu. La isla funciona como una especie de población fuente o kōhanga, un lugar donde las aves pueden reproducirse en condiciones más seguras. Los descendientes adultos pueden ser posteriormente trasladados a otras zonas para ayudar a reconstruir o fortalecer poblaciones silvestres.

De esta manera, la conservación no se limita a preservar un pequeño grupo de animales en un refugio aislado. El objetivo es utilizar esos espacios seguros para producir poblaciones capaces de contribuir a la recuperación de la especie en áreas donde históricamente estuvo presente.

Según el DOC, la estrategia busca acelerar el crecimiento de las poblaciones de kiwi en la región de Hauraki-Coromandel y devolver estas aves a paisajes de los que habían desaparecido o donde sus números necesitaban ser reforzados.

El viaje de regreso de tres kiwis

El traslado realizado en marzo de 2026 tuvo un fuerte componente de colaboración entre instituciones y comunidades indígenas. Los tres kiwis fueron transportados desde Motutapu hacia la península de Kūaotunu por representantes de Ngāti Hei y Ngāti Huarere, pueblos indígenas vinculados históricamente con la región.

Para las comunidades maoríes, el kiwi no es simplemente una especie silvestre. Estas aves son consideradas taonga, es decir, un tesoro natural y cultural cuya protección está vinculada a la responsabilidad de preservar el patrimonio para las generaciones futuras.

El Departamento de Conservación destacó que el regreso de los kiwis fue posible gracias a años de trabajo conjunto entre organizaciones comunitarias, grupos indígenas, autoridades y programas especializados en la conservación de esta emblemática ave neozelandesa.

¿Por qué los kiwis necesitan santuarios libres de depredadores?

Aunque el kiwi es uno de los símbolos nacionales más reconocidos de Nueva Zelanda, sus poblaciones enfrentan amenazas importantes. La llegada de mamíferos introducidos alteró profundamente los ecosistemas del país.

Entre los animales que pueden afectar a las poblaciones de kiwi se encuentran armiños, hurones, perros y gatos. Los riesgos no son iguales para todos los individuos: los adultos pueden ser especialmente vulnerables a perros y hurones, mientras que los juveniles enfrentan una alta amenaza por parte de armiños, hurones y gatos.

Por esta razón, las islas libres de plagas y los santuarios con sistemas rigurosos de control de depredadores se han convertido en herramientas fundamentales para la conservación.

Motutapu desempeñó precisamente ese papel. Durante años proporcionó un ambiente donde la población de kiwis de Coromandel podía establecerse y reproducirse con un nivel de protección difícil de conseguir en muchos paisajes continentales.

Las autoridades neozelandesas destacan que estos espacios no son únicamente refugios permanentes, sino también plataformas desde las que es posible impulsar la recuperación de especies en otras regiones.

De proteger una población a reconstruir una especie

El traslado de los tres kiwis representa un cambio importante dentro del ciclo de conservación. Después de más de una década construyendo y manteniendo una población segura en Motutapu, el programa comenzó a utilizar esa población para reforzar el territorio continental.

Este modelo permite ganar tiempo frente a amenazas que, sin control, pueden limitar seriamente la supervivencia de los animales jóvenes. Las translocaciones, sin embargo, requieren una planificación cuidadosa: no basta con capturar un ave y liberarla en otro lugar.

Las directrices de conservación neozelandesas incluyen aspectos como el control de depredadores, la evaluación del hábitat, el seguimiento de los ejemplares y la preparación de los lugares de liberación. En el caso de los kiwis, las autoridades recomiendan que los programas de control de plagas estén implementados y monitoreados durante años antes de realizar una liberación.

La supervivencia posterior al traslado y la capacidad de los animales para integrarse y reproducirse son elementos decisivos para determinar el éxito de cada proyecto.

Una estrategia que se repite en distintas regiones de Nueva Zelanda

El caso de Motutapu forma parte de una estrategia más amplia. Nueva Zelanda ha utilizado durante décadas las translocaciones como una herramienta para proteger y recuperar especies de kiwi.

El programa nacional Save the Kiwi informó que durante el periodo 2024-2025 coordinó el traslado de 324 kiwis a nuevos hogares, mientras que otras iniciativas han utilizado poblaciones protegidas como fuente para establecer o reforzar grupos en diferentes regiones.

Uno de los ejemplos recientes es Sanctuary Mountain Maungatautari, un santuario de 3.400 hectáreas donde los programas de conservación han permitido trasladar más de 800 kiwis en apenas cuatro años, según datos divulgados en mayo de 2026 por Save the Kiwi.

También existen proyectos dedicados a otras especies de kiwi. El kiwi pukupuku o little spotted kiwi, por ejemplo, cuenta con aproximadamente 2.100 individuos según la información actual del DOC y ha sido establecido mediante translocaciones en numerosos sitios protegidos, incluyendo islas libres de plagas y santuarios cercados.

El significado de devolverlos a casa

El regreso de los tres kiwis desde Motutapu a la península de Kūaotunu es pequeño en número, pero importante desde el punto de vista de la conservación.

No se trata únicamente de mover animales de un punto a otro. Es el resultado de un proceso que comenzó con la creación de una población protegida, continuó con años de monitoreo y reproducción y ahora entra en una etapa en la que los descendientes pueden contribuir directamente a recuperar las poblaciones de su región de origen.

El proyecto demuestra además el valor de las islas y santuarios libres de depredadores introducidos dentro de la estrategia ambiental de Nueva Zelanda. Estos lugares pueden funcionar como auténticos viveros naturales para especies amenazadas, siempre que las condiciones permitan posteriormente ampliar su presencia más allá de los límites del refugio.

Un modelo de conservación con desafíos a largo plazo

El éxito de una translocación no termina el día de la liberación. La protección de los kiwis trasladados dependerá del control continuo de amenazas, del estado del hábitat y del seguimiento de las poblaciones.

El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda mantiene como objetivo general restaurar y, cuando sea posible, aumentar la abundancia, distribución y diversidad genética de las distintas especies de kiwi. Para lograrlo, combina el control de depredadores, programas de cría y liberación, investigación científica, monitoreo y participación de comunidades y organizaciones privadas.

Por eso, el traslado desde Motutapu no debe entenderse como el final del trabajo, sino como una nueva fase. Los kiwis que crecieron protegidos en la isla ahora forman parte de un esfuerzo mayor: recuperar poblaciones sostenibles en los paisajes de Nueva Zelanda donde esta ave endémica ha enfrentado décadas de presión.

Un pequeño traslado con un mensaje mayor

La reubicación de tres kiwis puede parecer modesta frente a la magnitud de los desafíos ambientales, pero resume una estrategia que requiere años de trabajo: identificar amenazas, proteger una población, permitir su crecimiento, estudiar a los animales y finalmente devolverlos a territorios donde puedan ayudar a reconstruir una población silvestre.

La experiencia de Motutapu muestra cómo un santuario libre de depredadores puede convertirse en una pieza fundamental de la conservación más allá de sus propias fronteras.

Tras catorce años desde la llegada de los primeros kiwis de Coromandel a la isla, el programa comenzó oficialmente el viaje de vuelta. Para las autoridades, científicos, comunidades locales y pueblos indígenas involucrados, esos tres ejemplares representan mucho más que una simple reubicación: son una prueba de que la protección de una especie puede evolucionar desde el rescate de individuos hasta la recuperación progresiva de todo un ecosistema.