La vigilancia radiológica en Ucrania continúa siendo una prioridad internacional tras la destrucción de la presa de Kajovka en junio de 2023, un desastre que alteró profundamente el entorno del río Dniéper y generó preocupación por sus posibles implicaciones para la seguridad de la central nuclear de Zaporiyia.

En este contexto, la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha mantenido y reforzado su programa de asistencia a Ucrania con equipos destinados a mejorar la capacidad de detección y control de la radiación en las zonas afectadas. Sin embargo, es importante precisar el alcance de la información: las fuentes oficiales disponibles confirman la entrega de equipos de detección y monitoreo radiológico y dosimetría, mientras que la descripción de “nuevos sensores instalados en tiempo real en las inmediaciones del embalse de Kajovka” debe entenderse dentro del esfuerzo más amplio de reconstrucción y fortalecimiento de la vigilancia radiológica en la región.

La importancia de estos sistemas va más allá de la simple medición de la radiación. Después de años de guerra, ataques contra infraestructuras y daños en instalaciones de monitoreo, contar con información rápida y confiable es fundamental para detectar cualquier anomalía y permitir una respuesta oportuna de las autoridades.

El desastre de Kajovka cambió el escenario de seguridad

El 6 de junio de 2023, la presa de Nova Kajovka sufrió una destrucción masiva que provocó una rápida reducción del nivel del enorme embalse asociado al río Dniéper. La situación despertó una preocupación inmediata por la central nuclear de Zaporiyia, la mayor planta nuclear de Europa.

El embalse de Kajovka era una fuente esencial de agua para determinados sistemas relacionados con la refrigeración de la central. La pérdida progresiva del agua obligó a las autoridades y a la OIEA a evaluar alternativas para garantizar que la planta mantuviera fuentes suficientes para sus necesidades de refrigeración.

La OIEA explicó posteriormente que la central pasó a depender principalmente de otras reservas disponibles dentro o cerca de la instalación, entre ellas el estanque de refrigeración del propio emplazamiento, el canal de descarga de la central térmica cercana y fuentes de agua subterránea.

En sus evaluaciones posteriores, los expertos internacionales señalaron que existían reservas suficientes para mantener la refrigeración durante un periodo prolongado, aunque insistieron en la necesidad de preservar y desarrollar fuentes alternativas de agua debido a la desaparición práctica del antiguo embalse como fuente confiable.

La importancia de los sensores de radiactividad en Ucrania

La instalación y entrega de equipos para medir radiación forma parte de un problema mucho más amplio: la guerra también ha afectado la infraestructura encargada de vigilar la seguridad nuclear.

Antes incluso de la destrucción de la presa, varias estaciones externas de monitoreo de radiación alrededor de Zaporiyia habían perdido conexión o sufrido daños relacionados con el conflicto. La OIEA documentó problemas de alimentación eléctrica y comunicaciones en algunas estaciones, lo que redujo la capacidad de recibir información desde determinados puntos de vigilancia externos.

Por eso, reforzar la infraestructura de medición se convirtió en una necesidad tanto para la seguridad ambiental como para la respuesta ante emergencias.

Los equipos de detección permiten medir posibles variaciones en los niveles de radiación y ayudan a establecer si existe una anomalía que requiera una investigación inmediata. Además, los instrumentos de dosimetría sirven para evaluar la exposición a la radiación y fortalecer la capacidad técnica de las instituciones encargadas de realizar controles ambientales.

La OIEA confirmó, dentro de su programa de apoyo a la región de Jersón afectada por la destrucción de Kajovka, la entrega de dispositivos portátiles de detección y monitoreo de radiación a la Empresa Geológica Estatal de Ucrania. Estas entregas fueron apoyadas financieramente por Japón.

Posteriormente, el organismo internacional informó también sobre nuevas entregas de equipos, incluidos instrumentos de dosimetría y radiómetros para actividades ambientales destinados a fortalecer las capacidades de las instituciones ucranianas vinculadas al monitoreo y análisis de las zonas afectadas.

Monitoreo constante, pero sin evidencia de un aumento anormal de radiación

Uno de los aspectos más importantes para entender la situación es que el refuerzo del monitoreo no significa que se haya detectado una fuga radiactiva.

En las inspecciones realizadas por expertos de la OIEA en la zona de la central nuclear de Zaporiyia y sus sistemas de refrigeración, las mediciones reportadas por el organismo se mantuvieron dentro de los niveles normales.

La agencia ha realizado controles radiológicos durante sus inspecciones en el área del estanque de refrigeración y en diferentes zonas del perímetro de la central. Los datos de estas mediciones se han incorporado al Sistema Internacional de Información sobre Monitoreo Radiológico, conocido como IRMIS.

Esto es fundamental porque el monitoreo radiológico cumple una función preventiva. Los sensores no se instalan únicamente cuando existe una emergencia confirmada: también sirven para establecer una vigilancia permanente y detectar rápidamente cualquier cambio que pueda representar un riesgo.

Zaporiyia, la mayor preocupación nuclear en medio de la guerra

La central nuclear de Zaporiyia continúa siendo uno de los principales focos de preocupación para la comunidad internacional debido a su ubicación en una zona afectada directamente por el conflicto entre Rusia y Ucrania.

Desde el inicio de la invasión a gran escala, la planta ha enfrentado problemas relacionados con el suministro eléctrico externo, la presencia de actividad militar en sus alrededores, dificultades operativas y daños o interrupciones en equipos de monitoreo.

La destrucción de Kajovka añadió un nuevo elemento de incertidumbre: el descenso del agua eliminó una de las principales fuentes históricas de abastecimiento para los sistemas de refrigeración.

La OIEA ha insistido en que la refrigeración sigue siendo una cuestión crítica para cualquier instalación nuclear, incluso cuando los reactores no están operando a plena capacidad, ya que el combustible nuclear y otros materiales necesitan continuar siendo gestionados y enfriados adecuadamente.

Tras la destrucción de la presa, los expertos de la agencia realizaron inspecciones específicas para verificar la integridad del estanque de refrigeración y de las barreras que lo separan de lo que quedó del antiguo embalse.

La guerra también ha afectado los sistemas de vigilancia

La necesidad de reforzar los equipos de medición se explica, en parte, por los daños que la guerra ha causado a la propia infraestructura de seguridad.

En mayo de 2026, la OIEA informó que equipos de monitoreo meteorológico de un laboratorio de control radiológico externo en Zaporiyia habían sufrido daños después de un incidente con drones, según lo reportado por la agencia y recogido por Reuters.

Este tipo de episodios demuestra que el desafío no consiste únicamente en evitar un accidente nuclear. También es necesario proteger los sistemas que permiten detectar y analizar las consecuencias de un eventual incidente.

Cuando una estación de monitoreo queda fuera de servicio, la red de información puede perder cobertura en una determinada zona. Por ello, disponer de equipos adicionales, instrumentos portátiles y sistemas capaces de transmitir datos de forma rápida se convierte en una parte esencial de la estrategia de preparación ante emergencias.

Kajovka sigue siendo una herida ambiental y de seguridad

Más de tres años después de la destrucción de la presa, las consecuencias de Kajovka continúan presentes.

La OIEA mantiene programas de asistencia destinados a apoyar la recuperación de las regiones afectadas. En agosto de 2026, el organismo informó sobre la capacitación de expertos ucranianos en técnicas de ensayo no destructivo para evaluar infraestructuras civiles afectadas por las inundaciones y los daños asociados a la destrucción de la presa.

El apoyo internacional también ha incluido equipos para instituciones sanitarias, laboratorios y organismos técnicos de las zonas afectadas. La finalidad es reforzar la capacidad de Ucrania para analizar las consecuencias ambientales y estructurales del desastre y mejorar la respuesta frente a riesgos futuros.

La situación de Kajovka demuestra cómo un desastre en medio de una guerra puede producir consecuencias que se extienden mucho más allá del momento inicial de la destrucción.

Una red de vigilancia para anticiparse a cualquier emergencia

El fortalecimiento de los sensores de radiactividad en Ucrania representa, en este sentido, una herramienta de prevención.

La capacidad de obtener mediciones rápidas permite comparar los niveles actuales con los valores habituales y detectar cualquier cambio que requiera una investigación. En un contexto donde instalaciones nucleares, infraestructuras energéticas y sistemas de monitoreo han estado expuestos a las consecuencias del conflicto, disponer de información confiable es una parte fundamental de la seguridad.

Los datos oficiales disponibles no indican un aumento anormal de los niveles de radiación asociado a la destrucción de la presa de Kajovka. No obstante, la persistencia del conflicto y los daños registrados en diferentes infraestructuras de monitoreo explican por qué la OIEA y las instituciones ucranianas continúan reforzando sus capacidades técnicas.

La vigilancia radiológica alrededor de las zonas afectadas por Kajovka y en el entorno de Zaporiyia seguirá siendo clave para detectar cualquier anomalía, proteger a la población y mantener informada a la comunidad internacional sobre uno de los riesgos más delicados derivados de la guerra en Ucrania.