Uruguay asumió en marzo de 2026 la Presidencia Pro Témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) con un mensaje centrado en la paz, el diálogo y el fortalecimiento de la cooperación regional. El presidente Yamandú Orsi advirtió que América Latina y el Caribe tienen la responsabilidad histórica de preservar la condición de la región como zona de paz, en momentos en que el escenario internacional está marcado por conflictos armados, tensiones geopolíticas y una creciente fragmentación del orden multilateral.
La llegada de Uruguay a la conducción temporal de la CELAC se produjo durante la X Cumbre de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno del organismo, celebrada el 21 de marzo de 2026 en Bogotá, Colombia. En ese encuentro, el Gobierno uruguayo recibió de manos de Colombia la responsabilidad de coordinar durante el período 2026-2027 los trabajos del principal mecanismo de concertación política que reúne a los 33 países de América Latina y el Caribe.
La nueva presidencia uruguaya planteó la defensa de la paz como uno de los ejes políticos de su gestión. Para Orsi, la estabilidad regional no debe darse por sentada y requiere preservar los mecanismos de diálogo, cooperación e institucionalidad que han permitido que América Latina y el Caribe permanezcan, pese a sus profundas diferencias políticas, como una región sin guerras entre Estados.
Uruguay coloca la paz en el centro de su agenda regional
Durante su intervención en la X Cumbre de la CELAC, el presidente Yamandú Orsi sostuvo que América Latina y el Caribe tomaron hace décadas una decisión política de construir una región de paz.
El mandatario defendió que esta condición no debe entenderse simplemente como una característica geográfica, sino como el resultado de decisiones políticas y diplomáticas sostenidas a lo largo del tiempo.
Según la Presidencia de Uruguay, Orsi destacó que la paz requiere diálogo incluso cuando las posiciones entre los gobiernos son diferentes, así como instituciones capaces de canalizar las controversias y acuerdos cuando existen posiciones aparentemente irreconciliables.
“La paz requiere cooperación, instituciones y espacios donde los países puedan encontrarse, incluso cuando sus miradas no coinciden”, fue uno de los conceptos centrales de su discurso.
Desde esa perspectiva, Uruguay considera que la CELAC puede desempeñar un papel importante como espacio de encuentro político en una coyuntura internacional caracterizada por una mayor confrontación entre potencias, conflictos armados y dificultades para alcanzar consensos dentro de los organismos multilaterales.
El planteamiento también está relacionado con la propia tradición diplomática uruguaya. El Gobierno de Montevideo recuerda que la Constitución del país establece el compromiso con la solución pacífica de las controversias internacionales y con la integración de los Estados latinoamericanos.
¿Por qué preocupa el escenario geopolítico?
La preocupación expresada por Uruguay debe entenderse dentro de un contexto internacional mucho más amplio.
En los últimos años, la comunidad internacional ha enfrentado conflictos armados prolongados, tensiones entre grandes potencias, dificultades para alcanzar acuerdos multilaterales y una creciente competencia económica, tecnológica y estratégica.
En ese escenario, los países latinoamericanos y caribeños enfrentan un desafío particular: mantener sus propias prioridades sin quedar atrapados en las disputas entre los principales centros de poder mundial.
Para Uruguay, el multilateralismo representa precisamente una herramienta para enfrentar ese problema.
El presidente Orsi ha defendido públicamente la necesidad de fortalecer un orden internacional basado en reglas y ha advertido que los grandes problemas contemporáneos trascienden las fronteras nacionales. Entre ellos ha mencionado los conflictos armados, el cambio climático, la inseguridad alimentaria, las pandemias, la pérdida de biodiversidad, la inestabilidad financiera y el crimen organizado.
La posición uruguaya parte de una premisa: ningún país latinoamericano puede solucionar por sí solo muchos de estos desafíos.
Por eso, la CELAC adquiere importancia como plataforma para coordinar posiciones y buscar respuestas colectivas.
La CELAC como espacio de diálogo entre 33 países
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños reúne a 33 países y constituye uno de los principales mecanismos de concertación política de la región.
A diferencia de otras organizaciones hemisféricas, la CELAC no incluye a Estados Unidos ni a Canadá. Su composición reúne exclusivamente a países de América Latina y el Caribe.
Esto le permite funcionar como un espacio en el que los gobiernos de la región pueden discutir asuntos políticos, económicos y sociales desde una perspectiva latinoamericana y caribeña.
Precisamente por sus diferencias internas, alcanzar consensos dentro de la CELAC no siempre resulta sencillo.
La región reúne gobiernos con distintas orientaciones políticas, diferentes modelos económicos y posiciones diversas frente a las grandes potencias internacionales.
Para Uruguay, sin embargo, esa diversidad no debería convertirse en un obstáculo para la cooperación.
Por el contrario, Orsi ha planteado que el objetivo de la organización debe ser encontrar puntos de coincidencia en asuntos que afectan a todos los países, independientemente de sus diferencias ideológicas.
La Declaración de Bogotá reafirmó el compromiso con la integración
El traspaso de la Presidencia Pro Témpore de Colombia a Uruguay estuvo acompañado por la Declaración de Bogotá de la X Cumbre de la CELAC.
El documento reconoce el trabajo realizado por Colombia durante su Presidencia Pro Témpore y saluda a Uruguay por asumir la responsabilidad para el período 2026-2027.
Los países participantes expresaron su compromiso de continuar avanzando en el diálogo, la concertación política y la integración regional.
La Declaración de Bogotá también debe entenderse como parte del marco político en el que Uruguay comenzó su mandato.
Por eso, aunque el concepto de una “declaración de la CELAC sobre la paz” puede utilizarse de manera periodística para resumir el mensaje de la nueva presidencia, no debe confundirse con el nombre oficial de un documento específico.
La posición sobre la paz aparece integrada dentro de los discursos, compromisos y documentos adoptados por los países miembros.
América Latina se presenta como una zona de paz
Uno de los elementos más importantes del discurso uruguayo es la defensa de América Latina y el Caribe como una “zona de paz”.
La idea no significa que la región esté libre de violencia.
De hecho, existe una diferencia fundamental entre los conflictos armados entre Estados y los niveles de violencia criminal que afectan a numerosas sociedades latinoamericanas.
Orsi hizo precisamente énfasis en esta contradicción.
Durante su intervención señaló que, mientras América Latina y el Caribe se han mantenido libres de conflictos armados entre Estados, la región registra niveles extremadamente elevados de violencia interna.
La Presidencia uruguaya citó un dato especialmente preocupante: la región concentra alrededor del 30 % de los homicidios del mundo pese a representar aproximadamente el 8 % de la población global.
Por ello, para Montevideo la defensa de la paz no puede limitarse a evitar guerras entre países.
También implica enfrentar fenómenos como el narcotráfico, el crimen organizado transnacional, el tráfico ilícito de armas y otras actividades criminales que afectan la seguridad de las sociedades.
Uruguay vincula la lucha contra el crimen organizado con la defensa de la paz
La seguridad regional es otro de los asuntos que Uruguay pretende colocar dentro de la agenda de la CELAC.
Orsi planteó que el combate contra el crimen organizado requiere una mayor coordinación entre los Estados.
Las redes criminales operan de manera transnacional. El narcotráfico, el lavado de activos, el tráfico de armas y otras actividades ilícitas atraviesan fronteras y aprovechan las diferencias entre los sistemas nacionales.
Por esta razón, las respuestas exclusivamente nacionales pueden resultar insuficientes.
El mandatario uruguayo defendió una mayor cooperación regional en materia de seguridad y sostuvo que combatir el narcotráfico también significa defender la paz que la región ha construido durante décadas.
Al mismo tiempo, el Gobierno uruguayo ha insistido en que enfrentar la criminalidad debe hacerse mediante el fortalecimiento del Estado de derecho y las instituciones democráticas.
La propuesta busca evitar que la lucha contra el crimen se traduzca en un debilitamiento de las garantías institucionales.
Paz, desarrollo y seguridad alimentaria están conectados
La agenda planteada por Uruguay no se limita a los asuntos estrictamente diplomáticos.
Durante su discurso, Orsi identificó varios desafíos que considera estratégicos para el futuro de América Latina y el Caribe: seguridad alimentaria, transición energética, gestión de riesgos de desastres, educación superior y desarrollo productivo y comercial.
La inclusión de estos temas responde a una visión más amplia de la seguridad.
Para Uruguay, la estabilidad no depende exclusivamente de la ausencia de guerras.
También está relacionada con las condiciones económicas y sociales de las poblaciones.
La inseguridad alimentaria, las desigualdades, la falta de oportunidades educativas, los desastres naturales y las dificultades para acceder a energía pueden generar tensiones sociales y económicas que terminan afectando la estabilidad de los países.
De ahí que la cooperación regional sea presentada como una herramienta para prevenir crisis antes de que se conviertan en problemas mayores.
El cambio climático también forma parte del desafío
Otro de los factores que pueden incrementar las tensiones regionales es el cambio climático.
América Latina y el Caribe están expuestos a fenómenos como sequías, inundaciones, huracanes, incendios forestales, olas de calor y otros eventos extremos.
Estos fenómenos pueden afectar la producción de alimentos, las fuentes de agua, las infraestructuras y las economías nacionales.
Por eso, Uruguay incluyó la gestión de riesgos de desastres entre las prioridades continentales mencionadas durante la asunción de la Presidencia Pro Témpore.
La cooperación en esta área puede permitir compartir información, capacidades técnicas, sistemas de alerta y recursos para responder de manera coordinada ante emergencias.
El multilateralismo como respuesta a la fragmentación internacional
La posición de Uruguay también refleja una defensa explícita del multilateralismo.
Orsi ha señalado que los grandes desafíos actuales no respetan las fronteras y, por tanto, no pueden ser enfrentados eficazmente mediante el aislamiento o los unilateralismos sin reglas.
Esta postura resulta especialmente relevante en un contexto internacional en el que diferentes gobiernos cuestionan o ponen a prueba mecanismos multilaterales tradicionales.
Para un país relativamente pequeño como Uruguay, el argumento tiene además una dimensión estratégica.
El multilateralismo permite que Estados con menor peso económico o militar tengan espacios donde expresar sus posiciones y participar en la construcción de acuerdos.
En ese sentido, Montevideo pretende utilizar la Presidencia de la CELAC para fortalecer los mecanismos de diálogo y coordinación regional.
Uruguay también busca fortalecer la relación CELAC-África
La agenda de paz de Uruguay no se limita al continente americano.
Durante la jornada en la que asumió la Presidencia Pro Témpore, Orsi participó también en el Foro de Alto Nivel CELAC-África celebrado en Bogotá.
El mandatario manifestó el compromiso de Uruguay con profundizar la relación entre América Latina, el Caribe y África.
Entre las prioridades planteadas se encuentra avanzar hacia una primera cumbre CELAC-Unión Africana y fortalecer la cooperación entre ambas regiones.
Esta apuesta tiene una dimensión diplomática importante.
Ambas regiones comparten intereses en asuntos como desarrollo sostenible, cooperación Sur-Sur, comercio, seguridad alimentaria, cambio climático y reforma de las instituciones internacionales.
Para Uruguay, ampliar estos vínculos también puede contribuir a construir una mayor coordinación entre países del llamado Sur Global.
Una presidencia marcada por el consenso
La estrategia uruguaya al frente de la CELAC busca apoyarse en una característica que el Gobierno de Orsi considera parte de su tradición diplomática: la búsqueda de acuerdos.
Durante su intervención, el presidente insistió en que la cooperación y el consenso deben servir como método para enfrentar los desafíos regionales.
Esto puede ser especialmente relevante dentro de la CELAC debido a la diversidad política de sus integrantes.
La organización deberá abordar cuestiones sobre las cuales existen posiciones nacionales muy diferentes.
En lugar de intentar eliminar esas diferencias, la estrategia uruguaya apuesta por encontrar áreas en las que los gobiernos puedan trabajar conjuntamente.
El desafío de convertir los discursos en resultados
Uno de los principales retos de la Presidencia Pro Témpore será transformar estos planteamientos políticos en resultados concretos.
Defender la paz es un objetivo ampliamente compartido, pero convertir esa idea en políticas regionales requiere mecanismos de cooperación, financiamiento, intercambio de información y voluntad política.
La CELAC tampoco posee las mismas capacidades institucionales que organismos regionales con estructuras más desarrolladas.
Por eso, el éxito de Uruguay dependerá en buena medida de su capacidad para conseguir consensos entre los 33 Estados miembros y mantener una agenda que pueda sobrevivir a las diferencias políticas existentes.
La lucha contra el crimen organizado, la seguridad alimentaria, la transición energética y la gestión de desastres son áreas en las que puede existir mayor margen para desarrollar iniciativas prácticas.
La paz como prioridad en una región con grandes contradicciones
El mensaje de Uruguay contiene una paradoja que atraviesa buena parte de la realidad latinoamericana.
Por un lado, América Latina y el Caribe tienen el reconocimiento de ser una región sin guerras interestatales activas y sin armas nucleares.
Por otro, algunos de sus países presentan elevados niveles de violencia criminal, desigualdad y fragilidad institucional.
La propuesta uruguaya busca abordar ambas dimensiones.
Preservar la paz entre los Estados requiere diplomacia, diálogo y respeto por el derecho internacional.
Reducir la violencia dentro de los países requiere instituciones sólidas, cooperación policial y judicial, desarrollo económico y políticas sociales.
Para Orsi, ambas cuestiones forman parte de una misma responsabilidad regional.
Una posición que adquiere relevancia ante las tensiones internacionales
La preocupación uruguaya llega en un momento en el que las relaciones internacionales atraviesan una etapa de fuertes tensiones.
La proliferación de conflictos armados, las disputas entre grandes potencias, la competencia económica y tecnológica y el debilitamiento de algunos mecanismos de cooperación internacional aumentan la presión sobre países de regiones que buscan mantener una política exterior autónoma.
En ese escenario, la CELAC puede convertirse en un espacio para intentar construir posiciones comunes latinoamericanas y caribeñas.
Sin embargo, su capacidad para hacerlo dependerá de que los gobiernos puedan superar sus diferencias y mantener canales de comunicación incluso cuando existan desacuerdos importantes.
Uruguay apuesta por una CELAC con mayor capacidad de diálogo
La Presidencia Pro Témpore asumida por Uruguay representa, por tanto, mucho más que un cambio administrativo dentro de la CELAC.
Montevideo pretende utilizar el período 2026-2027 para promover una agenda basada en el diálogo, la cooperación, la integración y la defensa de la paz.
La posición de Orsi parte de una idea central: América Latina y el Caribe tienen un patrimonio político que deben preservar.
La región consiguió durante décadas evitar guerras entre sus Estados y construir mecanismos para solucionar controversias mediante la diplomacia.
Para Uruguay, ese legado no puede darse por garantizado.
En un mundo marcado por conflictos y creciente polarización, mantener a América Latina y el Caribe como una zona de paz exige una acción permanente.
La Presidencia uruguaya llega así con el desafío de demostrar que el diálogo regional todavía puede producir resultados concretos.
Más allá de las diferencias ideológicas entre los gobiernos, asuntos como la seguridad alimentaria, el crimen organizado, el cambio climático, la transición energética y el desarrollo económico ofrecen espacios en los que la cooperación puede ser más importante que las disputas políticas.
La apuesta de Montevideo es que la CELAC funcione precisamente como ese punto de encuentro.
Y, en última instancia, que América Latina y el Caribe puedan conservar uno de sus principales activos geopolíticos: la capacidad de resolver sus diferencias sin recurrir a la guerra.
Contexto clave
Uruguay asumió la Presidencia Pro Témpore de la CELAC el 21 de marzo de 2026, durante la X Cumbre de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Bogotá. Colombia entregó la conducción del mecanismo regional al presidente uruguayo Yamandú Orsi. La organización reúne a 33 países de América Latina y el Caribe.
La Declaración de Bogotá de la X Cumbre saludó a Uruguay por asumir la Presidencia Pro Témpore y expresó el compromiso de los países con el diálogo, la concertación política y la integración regional para el período 2026-2027.
Nota editorial: para mantener la precisión periodística, es más correcto titular esta información como una posición de Uruguay y de su Presidencia Pro Témpore de la CELAC en defensa de la paz que afirmar que existe un documento oficial independiente llamado exactamente “Declaración de la CELAC sobre la Paz”.
