El transporte marítimo internacional se encuentra en plena transformación tecnológica ante la necesidad de reducir su consumo de combustibles fósiles y sus emisiones de gases de efecto invernadero. Una de las alternativas que está ganando protagonismo no depende exclusivamente de nuevos combustibles, sino de recuperar una fuente de energía tan antigua como la navegación: el viento.

En Japón, la naviera Mitsui O.S.K. Lines (MOL) ha desarrollado junto con Oshima Shipbuilding un sistema denominado Wind Challenger, una vela rígida telescópica capaz de desplegarse, retraerse y girar automáticamente para aprovechar la fuerza del viento y proporcionar propulsión adicional a grandes buques comerciales.

La tecnología ya ha pasado de la etapa experimental a la operación comercial. El primer buque equipado fue el Shofu Maru, puesto en servicio en octubre de 2022. Posteriormente, en julio de 2024, entró en operación el Green Winds, el segundo buque de la flota de MOL dotado con este sistema.

Aunque en algunos reportes se ha presentado esta tecnología como protagonista de una primera travesía transpacífica, los registros disponibles no respaldan esa afirmación de manera literal. Lo que sí está confirmado es que el Green Winds realizó un viaje de ida y vuelta entre Japón y Norteamérica durante 2025 y que el buque está equipado con Wind Challenger.

¿Qué es el sistema Wind Challenger?

Wind Challenger es un sistema de propulsión asistida por viento diseñado para complementar, no sustituir completamente, el motor convencional de un buque.

A diferencia de las velas tradicionales de tela, el sistema utiliza una estructura rígida fabricada con plástico reforzado con fibra. La vela puede extenderse verticalmente y modificar su configuración para adaptarse a las condiciones meteorológicas.

En el caso del Green Winds, la vela alcanza aproximadamente 39,5 metros de altura, tiene unos 11,4 metros de ancho y está fabricada con plástico reforzado con fibra. El buque tiene una capacidad de carga de 63.896 toneladas de peso muerto y una eslora cercana a los 200 metros.

Uno de los aspectos más importantes de la tecnología es que no requiere que la tripulación opere manualmente la vela como ocurría con los barcos de vela tradicionales.

Sensores instalados en el sistema detectan las condiciones del viento y permiten ajustar automáticamente la posición, altura y orientación de la estructura. De esta manera, el sistema busca aprovechar el viento disponible para generar una fuerza adicional hacia adelante.

El objetivo es sencillo: si una parte de la energía necesaria para desplazar el barco procede del viento, el motor principal puede reducir su esfuerzo y consumir menos combustible.

El Shofu Maru fue el verdadero punto de partida

El desarrollo de esta tecnología no comenzó con el Green Winds. El primer gran paso comercial se produjo con el Shofu Maru, un buque granelero de aproximadamente 100.000 toneladas de peso muerto.

El barco fue entregado en octubre de 2022 y se convirtió en el primer buque de carga equipado con el sistema Wind Challenger. Su operación permitió a MOL obtener datos reales sobre el comportamiento de la vela en diferentes rutas y condiciones meteorológicas.

Durante aproximadamente 18 meses, el Shofu Maru realizó siete viajes de ida y vuelta a Japón, principalmente desde Australia, Indonesia y Norteamérica, mientras transportaba carbón para Tohoku Electric Power.

Los resultados fueron especialmente relevantes para determinar si la tecnología podía funcionar fuera de un entorno de pruebas.

MOL informó en mayo de 2024 que el sistema había permitido reducir el consumo diario de combustible hasta en 17% en determinadas condiciones. El ahorro medio durante una travesía se situó entre 5% y 8%, dependiendo de la ruta y de las condiciones de viento.

Estos resultados fueron calculados mediante una metodología verificada por Lloyd’s Register.

La propia compañía, sin embargo, advierte que el sistema no produce el mismo ahorro durante todas las etapas de una navegación. El rendimiento depende de factores como la dirección y velocidad del viento, la ruta, el tipo de embarcación y la velocidad de navegación.

El viento no reemplaza al motor

Uno de los puntos que deben quedar claros es que el Wind Challenger no convierte al buque en un barco completamente propulsado por viento.

La tecnología funciona como un sistema auxiliar. El motor continúa siendo fundamental para mantener la velocidad, maniobrar y garantizar la navegación incluso cuando las condiciones de viento no son favorables.

La ventaja consiste en que, cuando existe viento aprovechable, la vela genera una fuerza adicional y reduce la cantidad de energía que debe proporcionar el motor.

Esto es particularmente importante para el transporte marítimo comercial, donde los barcos pueden pasar varios días o incluso semanas navegando largas distancias.

En términos simples, la tecnología busca que el barco necesite quemar menos combustible para realizar el mismo trabajo.

El caso del Green Winds y la ruta transpacífica

El segundo gran paso de MOL fue el Green Winds, entregado el 10 de julio de 2024.

La compañía lo presentó como el segundo buque de su grupo equipado con Wind Challenger. Según MOL, dependiendo de la ruta y de las condiciones operativas, el sistema puede permitir reducciones de consumo de combustible y emisiones de gases de efecto invernadero de aproximadamente 7% a 16% en este tipo de embarcación.

El Green Winds también es importante porque posteriormente operó en una ruta transpacífica entre Japón y Norteamérica.

Entre julio y noviembre de 2025, el buque realizó un viaje de ida y vuelta por el Pacífico como parte de una demostración tecnológica desarrollada por MOL Drybulk y Furukawa Electric. El objetivo oficial de esa prueba no era demostrar por primera vez la vela Wind Challenger, sino evaluar un sistema láser para eliminar óxido y revestimientos deteriorados de la cubierta mientras el barco estaba navegando.

Durante esa travesía, el sistema láser fue sometido a condiciones propias de una navegación oceánica prolongada, incluyendo viento, lluvia, movimiento del buque, exposición a la sal y golpes.

El hecho relevante para la tecnología eólica es que el Green Winds ya contaba con el Wind Challenger, por lo que esa ruta demuestra que la combinación de un buque comercial de larga distancia y una vela rígida automatizada es operacionalmente viable.

Pero no debe describirse como la primera travesía transpacífica realizada con esta tecnología, porque las fuentes oficiales consultadas no hacen esa afirmación.

¿Por qué resulta importante cruzar el Pacífico?

Las rutas transpacíficas son especialmente interesantes para evaluar sistemas de propulsión asistida por viento debido a sus enormes distancias y a la variabilidad de las condiciones meteorológicas.

Un buque que conecta Asia con Norteamérica puede permanecer en alta mar durante largos periodos. En ese contexto, incluso una reducción porcentual relativamente pequeña del consumo de combustible puede tener un efecto considerable cuando se acumula durante numerosos viajes.

La eficiencia también adquiere importancia económica.

Los grandes buques consumen enormes cantidades de combustible y cualquier tecnología capaz de disminuir el consumo sin sacrificar significativamente la velocidad puede representar un ahorro operativo.

Por ello, las velas rígidas no se están planteando únicamente como una solución ambiental, sino también como una herramienta para mejorar la eficiencia energética de la flota.

Una tecnología que intenta recuperar el viento con ingeniería moderna

El concepto detrás del Wind Challenger representa una combinación entre una tecnología antigua y herramientas modernas.

Los barcos utilizaron el viento como fuente primaria de propulsión durante siglos. Sin embargo, la aparición de motores de combustión permitió transportar mayores cargas a velocidades más constantes y reducir la dependencia de las condiciones meteorológicas.

El problema es que el transporte marítimo moderno también se convirtió en una fuente importante de emisiones.

La respuesta de sistemas como Wind Challenger consiste en recuperar parcialmente el viento, pero utilizando materiales, sensores, automatización y sistemas de control modernos.

La vela puede subir o bajar y cambiar su orientación dependiendo de las condiciones. Esto permite utilizar el viento sin exigir a los marineros conocimientos especializados en navegación a vela tradicional.

La descarbonización marítima entra en una etapa tecnológica

La apuesta japonesa se produce en un momento en el que la industria marítima enfrenta objetivos cada vez más estrictos de reducción de emisiones.

La Organización Marítima Internacional (OMI) estableció en su estrategia climática de 2023 el objetivo de alcanzar emisiones netas cero de gases de efecto invernadero del transporte marítimo internacional para alrededor de 2050.

La estrategia también establece como referencia una reducción de la intensidad de carbono del transporte marítimo internacional de al menos 40% para 2030 respecto a 2008, además de impulsar tecnologías, combustibles y fuentes de energía con emisiones nulas o cercanas a cero.

El desafío es particularmente complejo porque los buques mercantes recorren enormes distancias y requieren grandes cantidades de energía.

Por esa razón, no existe una única tecnología capaz de resolver el problema. La industria está explorando combustibles alternativos, electrificación en determinados segmentos, optimización de rutas, mejoras aerodinámicas, motores más eficientes, biocombustibles, metanol, amoníaco, hidrógeno y sistemas de propulsión asistida por viento.

Las velas rígidas pueden combinarse con otras tecnologías

Una de las ventajas de la propulsión asistida por viento es que no necesariamente exige abandonar otras soluciones.

MOL señala que el sistema puede seguir utilizándose incluso cuando el barco adopta combustibles alternativos. Además, instalar varias velas podría aumentar el aporte de energía eólica.

Esto abre la posibilidad de utilizar el viento como una pieza más dentro de una estrategia energética mucho más amplia.

Por ejemplo, un buque podría utilizar un combustible de menor intensidad de carbono, optimizar su ruta mediante sistemas meteorológicos y, al mismo tiempo, emplear velas rígidas para disminuir la potencia necesaria del motor.

La combinación de tecnologías podría resultar más importante que cualquiera de ellas por separado.

MOL quiere ampliar la tecnología

La compañía japonesa no pretende limitar Wind Challenger a dos embarcaciones.

MOL ha establecido como objetivo contar con 25 buques equipados con Wind Challenger para 2030 y 80 para 2035. En mayo de 2024 anunció planes para incorporar sistemas de propulsión eólica en siete nuevos buques operados por MOL Drybulk.

La empresa también está llevando la tecnología hacia otros segmentos.

En septiembre de 2024 anunció junto con Chevron Shipping Company un proyecto para instalar dos velas rígidas Wind Challenger en un buque metanero de aproximadamente 174.000 metros cúbicos de capacidad. Cada vela tendrá una altura de hasta 49 metros y una anchura aproximada de 15 metros.

Esto demuestra que la tecnología no está siendo considerada exclusivamente para graneleros.

También existen límites

Aunque los resultados obtenidos hasta ahora son prometedores, sería incorrecto presentar las velas rígidas como una solución definitiva para las emisiones marítimas.

La principal limitación es la dependencia del viento.

Un buque no puede controlar la intensidad, dirección o disponibilidad de este recurso. Por ello, el ahorro puede variar considerablemente de una ruta a otra.

MOL reconoce expresamente que el rendimiento depende de las condiciones de viento encontradas durante la navegación. Incluso cuando el sistema está activado en modo automático, no necesariamente genera propulsión si el viento llega desde una dirección desfavorable.

Además, la instalación de grandes estructuras sobre un barco implica desafíos de seguridad, estabilidad, mantenimiento, visibilidad desde el puente y operación en puertos.

El diseño debe garantizar que la vela pueda retraerse cuando las condiciones meteorológicas o las restricciones de infraestructura lo requieran.

Japón apuesta por una nueva generación de barcos híbridos

El desarrollo del Wind Challenger muestra hacia dónde puede dirigirse parte de la evolución del transporte marítimo: embarcaciones que no dependen de una única fuente de energía.

En lugar de reemplazar inmediatamente los motores convencionales, la estrategia consiste en disminuir progresivamente la energía que estos necesitan mediante mejoras de eficiencia y la incorporación de fuentes renovables.

La navegación transpacífica del Green Winds entre Japón y Norteamérica demuestra que estos sistemas pueden integrarse en operaciones oceánicas de larga distancia. Sin embargo, la afirmación de que se trató de la primera travesía transpacífica de una naviera japonesa con velas rígidas automatizadas no está respaldada por las fuentes oficiales consultadas.

El verdadero hito se encuentra en otro lugar: Japón ya cuenta con grandes buques comerciales que utilizan de forma real una tecnología eólica automatizada para reducir el consumo de combustible, y MOL está intentando convertir esa experiencia en una flota mucho más amplia.

La importancia del Wind Challenger, por tanto, no reside en que los barcos hayan vuelto simplemente a utilizar velas. Su relevancia está en demostrar cómo la energía del viento puede integrarse con motores modernos, sensores, automatización y sistemas de navegación para reducir el consumo de combustible en rutas comerciales internacionales.

Si la tecnología consigue mantener sus niveles de ahorro a mayor escala, las velas rígidas podrían convertirse en uno de los componentes de la nueva generación de buques de bajas emisiones, especialmente en rutas oceánicas donde las condiciones de viento permitan aprovecharlas de manera constante.