Europa avanza en la carrera por desarrollar una nueva generación de sistemas de almacenamiento energético basados en sodio. Uno de los proyectos más relevantes está liderado por la empresa sueca Altris, que en 2026 reforzó su estrategia de industrialización mediante acuerdos para escalar la producción de materiales destinados a baterías de iones de sodio.

Sin embargo, es importante precisar el alcance del anuncio: la información disponible no permite afirmar que un “consorcio sueco” haya iniciado ya una producción masiva de baterías residenciales de bajo costo. Lo que sí existe es un conjunto de alianzas industriales, encabezadas por actores suecos y europeos, orientadas a llevar esta tecnología desde las líneas piloto hacia la fabricación a mayor escala.

Una alianza para llevar la tecnología del laboratorio a la industria

El paso más concreto se produjo con la alianza entre Altris, empresa sueca especializada en tecnología de baterías de sodio, y Draslovka, compañía química que participará en el escalamiento industrial de materiales clave para esta tecnología.

El acuerdo contempla la conversión de una línea de producción existente en Kolín, República Checa, para fabricar el material activo del cátodo desarrollado por Altris. La instalación tendrá una capacidad de hasta 350 toneladas anuales de este material, una escala equivalente a aproximadamente 175 MWh de capacidad de celdas de baterías de sodio.

La producción está prevista para comenzar entre el tercer y el cuarto trimestre de 2026. La alianza incluye además una inversión en especie de 19,3 millones de euros por parte de Draslovka para apoyar la transformación de la línea de producción y el desarrollo de la cadena industrial.

El proyecto representa uno de los intentos más importantes de Europa por construir una cadena de suministro propia para las baterías de sodio, una tecnología que podría complementar —y en determinados usos competir con— las baterías de iones de litio.

¿Por qué las baterías de sodio están generando tanto interés?

Las baterías convencionales de iones de litio se han convertido en una pieza fundamental de la transición energética. Se utilizan en teléfonos, computadores, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento conectados a redes solares y eólicas.

Sin embargo, su expansión también ha generado preocupaciones relacionadas con el acceso a materias primas, la concentración geográfica de la cadena de suministro y la volatilidad de algunos materiales.

Las baterías de sodio funcionan con un principio electroquímico similar: los iones se desplazan entre los electrodos durante los procesos de carga y descarga. La gran diferencia está en el uso del sodio como portador de carga.

El sodio es un elemento abundante y ampliamente disponible. Esto ha despertado el interés de empresas y gobiernos que buscan desarrollar sistemas de almacenamiento con cadenas de suministro más diversificadas y menos dependientes de materiales críticos.

No obstante, que el sodio sea abundante no significa automáticamente que cualquier batería de sodio sea siempre más barata. El costo final depende de la química utilizada, la fabricación, los materiales complementarios y la escala de producción. La Agencia Internacional de la Energía ha advertido precisamente que, aunque esta tecnología puede reducir la dependencia del litio y diversificar las cadenas de suministro, algunas químicas comerciales todavía dependen de otros minerales cuya producción también presenta concentración geográfica.

La tecnología desarrollada desde Suecia

Altris ha construido su plataforma tecnológica alrededor de un material conocido como Prussian White, utilizado como material activo del cátodo.

Según la compañía, su tecnología combina este cátodo con un ánodo de carbono duro de origen biológico y un electrolito diseñado específicamente para la química del sodio. La empresa sostiene que su plataforma puede prescindir de materiales como el cobalto y el níquel y que parte de sus materias primas puede obtenerse dentro de Europa.

Su instalación piloto en Uppsala, Suecia, ya produce celdas de referencia para procesos de validación industrial. La estrategia consiste en utilizar esa producción piloto como puente hacia instalaciones de mayor capacidad y, posteriormente, hacia la fabricación comercial a gran escala.

La tecnología también ha demostrado capacidad para operar en condiciones de bajas temperaturas, una característica que puede resultar especialmente interesante para determinados mercados y aplicaciones de infraestructura energética.

El almacenamiento residencial aparece como uno de los posibles mercados

Una de las aplicaciones con mayor potencial para las baterías de sodio es el almacenamiento estacionario. A diferencia de un automóvil eléctrico, donde cada kilogramo adicional puede afectar la autonomía, una batería instalada junto a una vivienda, un edificio o una planta solar tiene requisitos diferentes.

En estos casos, el costo, la seguridad, la durabilidad y la disponibilidad de los materiales pueden ser tan importantes como la densidad energética.

Esto abre una oportunidad para que las baterías de sodio encuentren espacio en sistemas que almacenen electricidad generada por paneles solares durante el día para utilizarla posteriormente, o que funcionen como respaldo durante interrupciones del suministro.

Altris incluye entre sus mercados objetivo aplicaciones de red y almacenamiento residencial, además de centros de datos, infraestructura crítica y sistemas de baja tensión. Sin embargo, la producción industrial anunciada actualmente está relacionada principalmente con el escalamiento de la cadena de materiales y la validación tecnológica, por lo que todavía queda camino por recorrer antes de una expansión masiva de baterías de sodio en los hogares europeos.

Europa busca reducir su dependencia tecnológica

El interés por el sodio también tiene una dimensión estratégica.

Europa intenta reforzar su autonomía en sectores tecnológicos considerados fundamentales para la transición energética. La dependencia de cadenas de suministro externas se ha convertido en una preocupación para gobiernos y empresas, especialmente en industrias como las baterías, los semiconductores y las energías renovables.

El proyecto de Altris ha recibido respaldo dentro del ecosistema europeo de innovación. La Comisión Europea registra una iniciativa coordinada por la empresa sueca para escalar la producción de materiales activos destinados a baterías de sodio, con una contribución europea de cerca de 2,5 millones de euros.

El objetivo es desarrollar una cadena de valor competitiva en Europa y aumentar la capacidad de fabricación de materiales para esta nueva generación de baterías.

Un sector que empieza a acelerar en todo el mundo

El impulso de las baterías de sodio no se limita a Europa. La tecnología está avanzando simultáneamente en China, Estados Unidos y otros mercados.

En abril de 2026, CATL anunció un importante acuerdo para suministrar 60 GWh de baterías de sodio a Beijing HyperStrong Technology durante tres años, en uno de los mayores compromisos comerciales conocidos hasta ahora para esta tecnología.

El acuerdo fue interpretado como una señal de que la industria está comenzando a superar algunas de las dificultades técnicas y de producción que habían retrasado la fabricación a gran escala.

Por su parte, la Agencia Internacional de la Energía ha señalado que los avances tecnológicos y los anuncios de inversión están acelerando el desarrollo del sector y que las baterías de sodio podrían desempeñar un papel creciente en aplicaciones donde el costo y la seguridad sean prioritarios.

La experiencia de Northvolt y el nuevo escenario sueco

Suecia ya había sido escenario de uno de los anuncios más importantes relacionados con esta tecnología. En 2023, Northvolt presentó una batería de iones de sodio desarrollada junto con Altris y validada con una densidad energética superior a 160 Wh/kg.

La compañía planteó entonces que la tecnología podía utilizarse especialmente en sistemas de almacenamiento energético, donde el menor costo potencial y la seguridad podían ser ventajas relevantes frente a determinadas químicas de baterías de litio.

Sin embargo, el panorama de la industria europea de baterías cambió drásticamente tras los problemas financieros y la posterior quiebra de Northvolt. Este contexto ha llevado a varias empresas emergentes a adoptar estrategias de crecimiento más prudentes y menos dependientes de enormes inversiones iniciales en fábricas propias.

Según información publicada en 2026, Altris incluso ha explorado la posibilidad de utilizar capacidad industrial existente para acelerar la producción de baterías de sodio, en lugar de asumir desde el principio el costo de construir grandes instalaciones desde cero.

¿Podrán competir realmente con las baterías de litio?

Las baterías de sodio todavía enfrentan importantes desafíos.

Uno de los principales es su densidad energética. En términos generales, las baterías de iones de litio continúan ofreciendo ventajas para aplicaciones en las que almacenar la mayor cantidad posible de energía en el menor espacio y peso resulta fundamental, como ocurre en muchos vehículos eléctricos.

Pero la competencia no necesariamente consiste en reemplazar completamente al litio.

La industria parece dirigirse hacia un escenario en el que diferentes químicas de baterías ocuparán distintos mercados. El litio podría mantener una posición dominante en aplicaciones que requieran alta densidad energética, mientras que el sodio podría ganar terreno en almacenamiento estacionario, respaldo energético, infraestructura y otros usos donde el peso sea menos determinante.

La clave estará en demostrar que estas baterías pueden fabricarse a gran escala con costos competitivos y un rendimiento suficientemente estable durante miles de ciclos de carga y descarga.

Un paso importante, pero todavía no una revolución comercial completa

El anuncio protagonizado por la empresa sueca Altris y sus socios representa un avance significativo en la industrialización de las baterías de sodio. La conversión de una línea de producción existente y el objetivo de fabricar hasta 350 toneladas anuales de material activo para cátodos muestran que la tecnología está avanzando más allá de los laboratorios.

Sin embargo, todavía sería prematuro afirmar que las baterías de sodio ya han conquistado el mercado residencial o que han comenzado a sustituir masivamente a las baterías de litio.

Lo que está ocurriendo es, posiblemente, una etapa decisiva: la transición desde la investigación y las líneas piloto hacia cadenas industriales capaces de producir componentes y, posteriormente, baterías a una escala comercial mucho mayor.

Para Europa, el interés va más allá de crear una batería diferente. La apuesta consiste en construir una industria capaz de reducir vulnerabilidades en la cadena de suministro y ofrecer nuevas opciones para almacenar la electricidad producida por fuentes renovables.

Si los proyectos de industrialización cumplen sus objetivos, las baterías de sodio podrían convertirse durante los próximos años en una alternativa relevante para hogares, redes eléctricas, centros de datos e infraestructura crítica. El desafío ya no es únicamente demostrar que la tecnología funciona, sino demostrar que puede fabricarse de forma competitiva, confiable y a una escala suficiente para transformar el mercado energético.