La exploración de pequeños cuerpos del Sistema Solar está entrando en una nueva etapa en la que las naves espaciales tendrán que depender cada vez menos de las instrucciones enviadas desde la Tierra. En este contexto, la Agencia Espacial Europea (ESA) desarrolla y prueba sistemas de navegación autónoma capaces de utilizar cámaras, sensores, inteligencia artificial y algoritmos de procesamiento de imágenes para determinar la posición de una nave frente a un asteroide.
Aunque no existe, hasta el momento, una confirmación oficial de la ESA sobre una próxima misión europea específicamente dirigida a los asteroides troyanos de Júpiter con estos algoritmos ya validados, la tecnología sí está siendo desarrollada y aplicada a misiones reales. El principal ejemplo europeo es Hera, que llegará al sistema binario Didymos–Dimorphos en 2026 y que incorpora tecnologías de navegación autónoma diseñadas para funcionar en un entorno de gravedad extremadamente débil.
El desarrollo resulta especialmente importante para el futuro de la exploración de asteroides, incluidos los troyanos, porque las enormes distancias entre estos cuerpos y la Tierra hacen imposible controlar cada movimiento de una nave en tiempo real.
La navegación autónoma se convierte en una pieza clave
Cuando una nave espacial se encuentra cerca de un asteroide, la navegación presenta dificultades que no existen de la misma manera alrededor de cuerpos grandes como la Tierra.
Los asteroides pueden tener formas irregulares, rotar de manera compleja y ejercer una gravedad muy débil. Además, las condiciones de iluminación pueden cambiar considerablemente mientras la nave se aproxima o se desplaza alrededor del objeto.
Por eso, una nave que se encuentre a millones de kilómetros de la Tierra necesita contar con herramientas capaces de interpretar su entorno directamente a bordo.
La ESA trabaja precisamente en este campo. Sus sistemas de navegación autónoma utilizan imágenes obtenidas por cámaras y las combinan con información procedente de otros instrumentos para estimar la posición, distancia y movimiento de la nave respecto al asteroide.
El objetivo final es que el vehículo pueda tomar determinadas decisiones de navegación sin esperar continuamente una orden desde los centros de control terrestres.
Hera es el principal banco de pruebas europeo
La misión que actualmente concentra buena parte de estos avances es Hera, una nave de la ESA lanzada el 7 de octubre de 2024.
Su objetivo es el sistema binario formado por el asteroide Didymos y su pequeña luna Dimorphos. La misión europea llegará a este sistema en otoño de 2026, después de completar su viaje interplanetario.
Hera forma parte de la colaboración internacional de defensa planetaria que siguió al impacto de la misión DART de la NASA contra Dimorphos en septiembre de 2022.
DART consiguió modificar de manera medible la órbita de Dimorphos alrededor de Didymos. Hera tiene la misión de estudiar posteriormente el sistema y determinar con mayor precisión qué ocurrió durante el impacto.
Pero la importancia de Hera va mucho más allá de analizar las consecuencias de DART.
La nave también sirve como demostrador de tecnologías que podrían ser fundamentales para futuras misiones a pequeños cuerpos.
La propia ESA señala que Hera incorpora autonomía comparable, en determinados aspectos, con la de un vehículo autónomo, utilizando diferentes fuentes de información para construir una representación de su entorno y desplazarse de forma segura alrededor del sistema de asteroides.
¿Cómo puede una nave espacial “saber” dónde está?
Uno de los principales retos de una misión de este tipo es determinar la posición de la nave con respecto al asteroide.
A grandes distancias, Hera observará el sistema de Didymos como un punto luminoso entre las estrellas. A medida que se aproxime, los sistemas de navegación podrán comenzar a identificar características del objetivo y calcular su posición relativa.
La ESA explica que Hera empleará diferentes modos de navegación dependiendo de la distancia.
Entre aproximadamente 30 y 8 kilómetros, la nave podrá utilizar la forma aparente del asteroide principal para determinar su posición relativa. Cuando se acerque aún más, Didymos ocupará una mayor parte del campo de visión de las cámaras y será posible utilizar elementos de su superficie, como rocas y cráteres, para determinar el movimiento de la nave.
Esta estrategia resulta fundamental porque permite pasar progresivamente de una navegación basada en la posición aparente del asteroide a otra mucho más precisa basada en características concretas de su superficie.
Algoritmos de inteligencia artificial para interpretar imágenes
Una de las líneas de investigación relacionadas con Hera utiliza redes neuronales convolucionales, conocidas como CNN, para analizar automáticamente las imágenes obtenidas por la nave.
Investigadores de la Universidad de Strathclyde y la ESA han desarrollado algoritmos capaces de identificar características del sistema Didymos–Dimorphos y utilizarlas para estimar parámetros relevantes para la navegación.
El estudio publicado en el Journal of Guidance, Control, and Dynamics analiza un sistema de navegación visual basado en redes neuronales que puede estimar la posición de los centros geométricos de Didymos y Dimorphos, además de la distancia respecto a Didymos. Los resultados mostraron que el sistema podía proporcionar navegación visual autónoma con una combinación de precisión y robustez adecuada para el escenario estudiado.
Esto no significa que una inteligencia artificial vaya a controlar por completo la misión sin supervisión humana. En realidad, se trata de integrar algoritmos autónomos dentro de un sistema mucho más amplio de guiado, navegación y control.
La diferencia es importante: la autonomía permite que la nave pueda reaccionar rápidamente ante información obtenida por sus propios sensores, mientras que los equipos en Tierra continúan desempeñando un papel fundamental en la planificación general y supervisión de la misión.
El problema de las formas irregulares
Los asteroides no son esferas perfectas.
Muchos presentan grandes cráteres, montañas, depresiones y formas alargadas o asimétricas. Esa irregularidad dificulta la navegación porque los algoritmos no pueden asumir simplemente que el cuerpo tiene una geometría sencilla.
También existen problemas relacionados con la iluminación.
Cuando el Sol se encuentra en una determinada posición respecto a la nave y al asteroide, algunas regiones pueden quedar completamente en sombra mientras otras permanecen intensamente iluminadas. Esto modifica la apariencia del objeto en las imágenes y puede dificultar que los algoritmos reconozcan las mismas características.
La investigación de la ESA ha analizado precisamente el comportamiento de estos algoritmos frente a diferentes condiciones de iluminación, formas del objetivo y niveles de ruido en las imágenes. Los resultados muestran que las arquitecturas más complejas pueden ofrecer una mayor robustez frente a determinadas contingencias, aunque el rendimiento depende también de los datos utilizados para entrenar los modelos.
La navegación no dependerá de una sola cámara
Otro aspecto importante es que las futuras naves no tendrán que depender exclusivamente de las imágenes ópticas.
La ESA desarrolla sistemas que combinan información de diferentes sensores.
En Hera, por ejemplo, la estrategia de navegación contempla datos procedentes de cámaras, sensores estelares, un altímetro láser, sensores inerciales y otros instrumentos. La combinación permite compensar las limitaciones individuales de cada sistema.
Esta técnica se conoce como fusión de sensores.
En términos sencillos, si una cámara tiene dificultades para identificar una superficie debido a la oscuridad, el sistema puede recurrir a otra fuente de información para mantener una estimación de la posición.
La ESA también mantiene proyectos específicos para estudiar la combinación de imágenes visibles, infrarrojas, sensores LiDAR y unidades de medición inercial con algoritmos de inteligencia artificial. Uno de estos proyectos busca precisamente generar soluciones de navegación autónoma más robustas para distintos escenarios de exploración de asteroides.
¿Y qué tienen que ver los asteroides troyanos?
Los asteroides troyanos son pequeños cuerpos que comparten la órbita de un planeta alrededor del Sol y se concentran principalmente cerca de determinadas regiones gravitacionalmente estables conocidas como puntos de Lagrange.
En el caso de Júpiter, existen enormes poblaciones de asteroides troyanos delante y detrás del planeta a lo largo de su órbita.
Estos objetos son especialmente interesantes para la ciencia planetaria porque pueden conservar información sobre las primeras etapas de formación del Sistema Solar.
Una misión dedicada a estudiar diferentes troyanos permitiría comparar cuerpos formados a partir de materiales distintos y analizar cómo evolucionaron las poblaciones de pequeños cuerpos durante miles de millones de años.
Actualmente, la misión más conocida dedicada a los troyanos es Lucy, de la NASA, lanzada en 2021. Su trayectoria contempla el estudio de varios asteroides troyanos de Júpiter durante una misión de aproximadamente 12 años.
Por tanto, conviene no confundir la misión estadounidense Lucy con un supuesto programa europeo actualmente aprobado para visitar los troyanos.
La imagen anterior de Lucy puede utilizarse como referencia visual para una nota sobre asteroides troyanos; es material disponible en Internet procedente de NASA. La ESA, por su parte, dispone de material oficial sobre Hera y su navegación autónoma.
Lucy demuestra la importancia de los troyanos
La misión Lucy representa un precedente importante para comprender por qué los troyanos despiertan tanto interés.
La nave de la NASA está diseñada para visitar varios cuerpos ubicados en las poblaciones troyanas de Júpiter, proporcionando observaciones de diferentes tipos de asteroides en una sola misión.
Su recorrido requiere una compleja planificación orbital y múltiples asistencias gravitatorias, lo que demuestra las dificultades que implica enviar una nave hacia poblaciones de asteroides situadas a la distancia orbital de Júpiter.
Para Europa, desarrollar sistemas de navegación autónoma podría ser especialmente útil en futuras misiones de exploración de pequeños cuerpos porque permitiría reducir la dependencia de la navegación exclusivamente basada en estaciones terrestres.
La enorme distancia hace necesaria una mayor autonomía
Uno de los motivos fundamentales para desarrollar esta tecnología es la distancia.
Las señales de radio no viajan instantáneamente. Incluso entre la Tierra y regiones relativamente cercanas del Sistema Solar existe un retraso que impide controlar una nave en tiempo real.
En el caso de Hera, la ESA ha tenido que operar la nave a más de 100 millones de kilómetros de la Tierra durante su viaje. En julio de 2026, la agencia informó además de una actualización de software realizada mientras la nave se encontraba aproximadamente a 140 millones de kilómetros, con un retraso de comunicación de varios minutos en cada sentido.
En un escenario todavía más distante, la necesidad de autonomía aumenta.
La nave tiene que ser capaz de ejecutar determinadas funciones incluso cuando los operadores terrestres no pueden responder inmediatamente.
Hera se prepara para una nueva etapa en 2027
El desarrollo de estas tecnologías no terminará necesariamente cuando Hera complete sus objetivos principales.
La ESA anunció en agosto de 2026 una oportunidad para que investigadores y empresas europeas puedan probar software de inteligencia artificial, procesamiento de imágenes y autonomía directamente a bordo de Hera.
La idea es utilizar la nave como un laboratorio tecnológico en el espacio una vez que haya completado sus principales objetivos de defensa planetaria. Según la agencia, estas pruebas están previstas para mediados de 2027, cuando Hera se encuentre aproximadamente a 150 millones de kilómetros de la Tierra.
Este paso resulta especialmente significativo porque permite probar software desarrollado en Tierra directamente en condiciones reales de espacio profundo.
Es diferente de realizar una simulación en un laboratorio: los algoritmos tendrán que funcionar con las limitaciones de procesamiento, energía, comunicación y sensores de una nave que se encuentra a cientos de millones de kilómetros.
Una tecnología con aplicaciones más allá de los asteroides
La navegación autónoma no se limita a las misiones destinadas a asteroides.
Los mismos principios pueden aplicarse a la exploración de lunas, planetas, cometas y otros cuerpos pequeños.
Una nave que pueda reconocer automáticamente su entorno, estimar su posición y corregir determinados aspectos de su trayectoria tendría mayores posibilidades de operar en lugares donde la comunicación con la Tierra es limitada.
La ESA ya ha investigado sistemas capaces de obtener información de navegación mediante cámaras, sensores estelares y mapas almacenados a bordo, con el objetivo de eliminar progresivamente la necesidad de una inicialización completa desde Tierra.
Esto apunta hacia una nueva generación de vehículos espaciales capaces de tomar decisiones operativas cada vez más complejas.
Europa busca aumentar su capacidad tecnológica
El desarrollo de sistemas autónomos también tiene una dimensión estratégica.
La navegación espacial tradicional requiere una infraestructura terrestre considerable: antenas de espacio profundo, equipos de dinámica de vuelo, operadores, especialistas en navegación y centros de control.
La autonomía no elimina esta infraestructura, pero puede reducir la cantidad de decisiones que necesitan ser tomadas desde la Tierra.
La ESA ha reforzado en los últimos años sus programas relacionados con navegación, inteligencia artificial, autonomía y operaciones de espacio profundo. El objetivo es desarrollar tecnologías que puedan incorporarse a futuras misiones científicas y de exploración.
Proba-3, por ejemplo, ya ha demostrado la capacidad europea para realizar operaciones autónomas complejas en órbita terrestre. En diciembre de 2025, la ESA informó de que los dos satélites de la misión habían logrado volar en formación de manera autónoma con precisión milimétrica, utilizando navegación óptica y mediciones láser.
Aunque Proba-3 no es una misión de asteroides, las tecnologías desarrolladas para navegación autónoma representan una experiencia importante para el futuro de la exploración espacial.
Un paso hacia naves capaces de explorar por sí mismas
El verdadero interés de estas investigaciones está en el cambio de paradigma que podrían producir.
Durante décadas, las misiones interplanetarias han dependido de una combinación de sistemas autónomos relativamente limitados y una planificación extremadamente detallada desde la Tierra.
La tendencia actual apunta hacia vehículos capaces de interpretar su entorno y responder a situaciones que no podían anticiparse completamente antes del lanzamiento.
En una misión alrededor de un asteroide irregular, por ejemplo, una nave podría necesitar identificar una superficie, calcular su distancia, determinar su orientación y decidir cuál de sus sensores proporciona la información más fiable.
En lugar de recibir instrucciones para cada una de esas acciones, el sistema podría ejecutar una secuencia previamente diseñada y validada.
Eso no convierte a la nave en un vehículo completamente independiente, pero sí aumenta considerablemente su capacidad para operar en ambientes complejos.
¿Existe entonces una misión europea confirmada hacia los troyanos?
Por ahora, esa afirmación debe manejarse con cautela.
La ESA mantiene programas de investigación y desarrollo relacionados con asteroides, navegación autónoma e inteligencia artificial, y Hera constituye una demostración real de estas tecnologías. Sin embargo, no aparece en las fuentes oficiales consultadas una misión europea actualmente aprobada y presentada por la agencia como “la próxima misión hacia los asteroides troyanos” cuyos algoritmos de navegación autónoma hayan sido oficialmente validados.
De hecho, una de las iniciativas recientes de la ESA relacionada con asteroides es la búsqueda de conceptos para una misión rápida de reconocimiento de asteroides potencialmente peligrosos, anunciada en julio de 2026. Esta iniciativa está relacionada con defensa planetaria y no con los troyanos de Júpiter.
Por ello, presentar el asunto como una misión europea confirmada hacia los troyanos podría inducir a error.
La información comprobada permite afirmar algo diferente y, al mismo tiempo, relevante: Europa está desarrollando y probando las tecnologías de autonomía que podrían ser esenciales para futuras misiones a asteroides y otros cuerpos pequeños del Sistema Solar.
El futuro de la exploración de asteroides
El trabajo de la ESA con Hera representa una pieza importante dentro de esa evolución.
La misión no solo investigará los efectos del impacto de DART sobre Dimorphos. También pondrá a prueba tecnologías de navegación, operaciones en ambientes de gravedad extremadamente baja, comunicaciones entre naves y sistemas de observación de alta precisión.
Si estas tecnologías funcionan como se espera, Europa contará con una experiencia mucho mayor para diseñar futuras misiones capaces de operar cerca de objetos pequeños y difíciles de estudiar.
Los asteroides troyanos podrían formar parte de ese futuro científico, pero cualquier anuncio concreto de una misión europea hacia estas poblaciones deberá esperar a una confirmación oficial de la ESA.
Lo que ya está confirmado es que la exploración espacial europea avanza hacia una mayor autonomía: naves que no solo reciben instrucciones desde la Tierra, sino que también pueden observar, interpretar y reaccionar ante su entorno.
Ese cambio puede ser determinante para las próximas generaciones de misiones de espacio profundo.
Fuentes y referencias principales
- ESA, información oficial de la misión Hera y sus sistemas de navegación autónoma.
- ESA, descripción de la navegación de Hera alrededor de Didymos y Dimorphos.
- ESA/University of Strathclyde, investigación sobre navegación autónoma mediante redes neuronales convolucionales.
- ESA, investigación sobre fusión de sensores e inteligencia artificial para navegación autónoma alrededor de asteroides.
- ESA, actualización de software de Hera realizada en espacio profundo en julio de 2026.
- ESA, programa para probar software de IA y autonomía a bordo de Hera a partir de 2027.
