Las autoridades sanitarias y los organismos internacionales han reforzado la vigilancia epidemiológica y la preparación ante las fiebres hemorrágicas virales en África, en un contexto marcado por la rápida expansión de un brote de ébola causado por el virus Bundibugyo en la República Democrática del Congo y por el riesgo de propagación hacia países vecinos.
La situación ha llevado a intensificar el rastreo de casos, la vigilancia en comunidades y zonas fronterizas, la capacidad de los laboratorios y la preparación de los sistemas de salud para detectar rápidamente posibles infecciones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la actual emergencia requiere una coordinación regional estrecha debido a la movilidad de la población, los desplazamientos provocados por conflictos y las conexiones comerciales entre los países afectados y sus vecinos.
Un brote de ébola que se expandió rápidamente
El principal foco de preocupación es el brote de enfermedad por el virus Bundibugyo, una especie de ébola que comenzó a ser detectada en la República Democrática del Congo y que se ha extendido a un número creciente de zonas sanitarias.
Según la actualización de la OMS publicada el 14 de agosto, el brote había alcanzado 4.665 casos confirmados y 2.184 muertes en la República Democrática del Congo, con presencia en seis provincias: Ituri, Kivu del Norte, Kivu del Sur, Alto Uele, Tshopo y Bajo Uele. La OMS señaló entonces que se trataba del mayor brote de ébola registrado hasta ese momento en la historia del país y que su velocidad de expansión representaba un desafío excepcional para la respuesta sanitaria.
Los datos más recientes difundidos por autoridades y medios internacionales indican que la emergencia continuó agravándose durante agosto. La agencia AP reportó el 24 de agosto más de 5.500 casos confirmados y más de 2.600 muertes, mientras las autoridades enfrentaban dificultades para detectar y aislar a los pacientes con la rapidez necesaria.
El aumento de los registros no depende únicamente de la expansión de la enfermedad. La OMS también ha explicado que una parte del incremento observado durante las distintas fases del brote está relacionada con el fortalecimiento de la vigilancia, las pruebas de laboratorio y la capacidad para identificar infecciones que antes podían permanecer sin detectar. Sin embargo, el organismo ha advertido que la transmisión también continúa expandiéndose geográficamente.
Vigilancia reforzada en África central y países vecinos
El riesgo de que una enfermedad infecciosa cruce fronteras ha llevado a reforzar la cooperación regional. En sus recomendaciones actualizadas del 24 de agosto, la OMS pidió a los Estados que comparten fronteras con zonas donde existe transmisión comunitaria mantener mecanismos nacionales de coordinación y elevar su preparación para responder ante posibles casos.
Entre los países incluidos en las recomendaciones para una vigilancia reforzada se encuentran la República Centroafricana, la República del Congo, Uganda, Ruanda, Burundi, Sudán del Sur, Tanzania, Zambia y Angola. Las medidas incluyen identificar las zonas con mayor riesgo de importación, fortalecer la vigilancia comunitaria, investigar agrupaciones de muertes inexplicadas y mantener sistemas de notificación de posibles casos en los centros de salud.
La estrategia también contempla una mayor atención a los pasos fronterizos y a las comunidades ubicadas en zonas de tránsito. Sin embargo, la vigilancia no se limita a los puntos oficiales de entrada: las autoridades sanitarias buscan fortalecer la detección en comunidades donde existen movimientos frecuentes de población y cruces informales entre países.
El desafío de detectar los casos a tiempo
Uno de los principales problemas en la respuesta a las fiebres hemorrágicas es que los primeros síntomas pueden confundirse con otras enfermedades frecuentes en la región.
La fiebre, el cansancio y otros signos iniciales pueden retrasar la identificación de un caso si no existe una vigilancia adecuada. Por ello, las autoridades han insistido en la necesidad de que los trabajadores sanitarios puedan reconocer rápidamente los casos sospechosos, realizar pruebas de laboratorio y trasladar a los pacientes a instalaciones preparadas para su atención.
La OMS ha señalado que el reconocimiento temprano, las pruebas diagnósticas y una atención clínica adecuada pueden contribuir a reducir la mortalidad y, al mismo tiempo, mejorar la confianza de las comunidades en los servicios de salud.
Este último punto es especialmente importante porque una parte considerable de las muertes se ha producido fuera de los centros de tratamiento. En una actualización del 15 de agosto, la oficina regional de la OMS para África indicó que, durante el periodo analizado, aproximadamente dos tercios de los fallecimientos ocurrieron en las comunidades, lo que evidencia retrasos en la detección y en la derivación de pacientes hacia los servicios sanitarios.
Conflictos, desplazamientos y dificultades para contener la enfermedad
La emergencia sanitaria se desarrolla en una región afectada por problemas que van más allá de la enfermedad. La inseguridad, los conflictos armados, el desplazamiento de comunidades y las limitaciones de infraestructura dificultan el acceso de los equipos médicos a determinadas zonas.
La movilidad de la población representa otro desafío. Miles de personas se desplazan entre comunidades y regiones por razones comerciales, familiares o humanitarias, lo que obliga a los sistemas sanitarios a mantener una vigilancia constante.
La OMS ha advertido que la combinación de inseguridad, desplazamiento y movimientos transfronterizos aumenta el riesgo de que el virus llegue a nuevas áreas. Además, las dificultades para realizar el seguimiento de contactos pueden permitir que algunas cadenas de transmisión continúen sin ser detectadas durante un tiempo.
¿Por qué se habla de fiebres hemorrágicas?
El ébola forma parte de un grupo más amplio de enfermedades conocidas como fiebres hemorrágicas virales. En África, las autoridades sanitarias también mantienen sistemas de preparación frente a otros patógenos, entre ellos el virus de Marburgo, la fiebre de Lassa, la fiebre amarilla, el dengue, la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo y la fiebre del Valle del Rift.
No todas estas enfermedades presentan la misma forma de transmisión, distribución geográfica o nivel de riesgo, pero comparten la necesidad de una detección rápida y de sistemas sanitarios capaces de responder ante brotes potencialmente graves. La oficina regional de la OMS ha desarrollado medidas específicas para mejorar la preparación de los países africanos frente a este conjunto de amenazas.
La experiencia acumulada con brotes anteriores también ha impulsado ejercicios de preparación regional. En marzo de 2026, representantes de 14 países participaron en Dakar en una simulación orientada a fortalecer la respuesta frente a filovirus como el ébola y Marburgo, con la participación de autoridades sanitarias, expertos y organismos internacionales.
Sin una vacuna específica aprobada para esta variante
El actual brote representa además un reto científico y médico. La enfermedad está causada por el virus Bundibugyo, para el que no existe una vacuna o tratamiento específico aprobado.
Ante esta situación, la OMS y sus socios han impulsado estudios para evaluar posibles vacunas y tratamientos. El organismo recomendó incluir la vacuna Ervebo, utilizada previamente contra otra especie del virus del ébola, en ensayos clínicos para analizar su posible eficacia frente al virus Bundibugyo.
También se encuentra en marcha un ensayo clínico para evaluar tratamientos contra esta enfermedad, mientras continúan las investigaciones para mejorar las opciones terapéuticas disponibles.
La importancia de la cooperación regional
La respuesta no depende únicamente de los hospitales y los equipos médicos que trabajan en las zonas afectadas. La OMS ha insistido en que la cooperación entre gobiernos, organizaciones internacionales y comunidades es fundamental para contener la propagación.
El fortalecimiento de laboratorios, la capacitación del personal sanitario, el rastreo de contactos, la vigilancia comunitaria y la comunicación clara con la población forman parte de una estrategia que busca detectar cada caso lo antes posible.
Uganda, por ejemplo, logró declarar el fin de su brote tras completar el periodo de vigilancia requerido sin registrar nuevos casos de transmisión local. Sin embargo, las autoridades mantuvieron la vigilancia reforzada debido a la cercanía con la República Democrática del Congo y al riesgo de que se produzcan nuevas importaciones del virus.
Una emergencia que mantiene en alerta a la región
La actual situación demuestra por qué las fiebres hemorrágicas siguen siendo una prioridad para la seguridad sanitaria en África. Aunque la mayor concentración de casos se encuentra en la República Democrática del Congo, el riesgo asociado a los desplazamientos de población y a las conexiones entre países ha llevado a reforzar la preparación en una amplia zona del continente.
La OMS mantiene recomendaciones específicas para los países con mayor riesgo y ha pedido fortalecer la detección de enfermedades febriles inexplicadas, mejorar la investigación de muertes sospechosas y garantizar que los sistemas de salud puedan aislar y atender rápidamente a posibles pacientes.
Por ahora, el desafío central sigue siendo adelantarse a la transmisión: detectar los casos antes de que generen nuevas cadenas de contagio, garantizar una atención segura y conseguir la colaboración de las comunidades. En una región donde las fronteras son atravesadas diariamente por miles de personas y donde algunos territorios enfrentan conflictos e infraestructura sanitaria limitada, la vigilancia epidemiológica se ha convertido en una de las principales herramientas para evitar que la emergencia se extienda aún más.
