💔 FUERZA NEPALTimure era un pueblo de casas pequeñas pegadas a la montaña, en la frontera entre Nepal y el Tíbet. Un lugar de paso para peregrinos que subían hacia el Kailash, la montaña sagrada que hindúes, budistas y jainistas caminan una vez en la vida para purificar el alma. El miércoles a las nueve y cuarto de la mañana, el río Bhote Koshi dejó de ser un río. Bajó como una pared de agua, hielo y piedra, arrastrando casas, puentes, mercados y caminos. Nadie tuvo tiempo de correr demasiado lejos. Hoy no hay una cifra que alcance a contar lo que pasó. Las autoridades hablan de decenas de muertos confirmados, pero advierten que la cifra real podría ser mucho mayor. Y hay algo que asusta más que cualquier número: casi 400 personas siguen sin aparecer. Entre ellas, peregrinos extranjeros que solo querían llegar a una montaña sagrada. Los helicópteros no pueden bajar donde el agua sigue alta. Los rescatistas caminan sobre lodo buscando algo, a alguien, entre lo que quedó. El paisaje que antes atraía a miles de viajeros por su belleza es hoy un territorio irreconocible. El Himalaya, que da y que arrasa, volvió a recordar que es más grande que cualquiera de nosotros. Nepal no necesita nuestra lástima. Necesita que el mundo no mire para otro lado mientras cuenta a los suyos. Hoy, desde lejos, solo podemos hacer una cosa: sostenerlos con el pensamiento y pedir que aparezcan con vida los que todavía se buscan.

Por Oscar Paz