Reconstruir una ciudad implica mucho más que rehacer la infraestructura con daños visibles. Cali tiene por delante un proceso de reparación que puede ser complejo y de largo aliento.

Después de la atención inmediata y solidaria que se vio a lo largo y ancho del país, es sabido que existen otras vertientes a las que habrá que ponerles la lupa, como las actividades económicas para recuperar los ingresos de la población y reconstruir los vínculos entre los ciudadanos y las entidades tanto públicas como privadas.

“Aunque las estructuras se dañen o sufran deterioro, lo único que no se debe olvidar es la sinergia y fidelidad que se crea entre la sociedad civil y quienes han brindado por mucho tiempo, el cubrimiento de sus necesidades, visibilizando que están allí cuando lo requieren”, explica Luis Alejandro Galindo, docente de la Facultad de Administración y Economía de UNICOC. “Por ello se debe llamar a la motivación territorial y al nexo invisible de lograr dinámicas que permiten apoyar las acciones de actores, factores y sectores para que se apropien de su papel y de la importancia que cada uno ha ofrecido al crecimiento de las regiones”.

Uno de los primeros desafíos después del terremoto es evitar que la emergencia alimente una crisis económica debido al cierre de comercios, porque con la reducción de la actividad de las empresas llega un impacto económico a las personas que dependen de su labor en ellas.

Para evitar esto, el experto de UNICOC plantea que gobiernos, empresas y ciudadanía participen en la recuperación mediante mecanismo como campañas de descuentos con redención futura, dinámicas de precios regulados por corto tiempo, apoyos monetarios y esfuerzo de aportes para que desde el estado se abone en el gasto de las familias y enfocado a productos nacionales y de manera importante los autóctonos o nativos.

“Hay una fórmula que ya se aplicó en tiempos de crisis, como el sucedido en el rompimiento de los diques en el Atlántico, y que se denominó ‘trabajo de emergencia’”, señala el experto. “Fue un mecanismo bajo contrataciones especiales y excepcionales de la población vulnerable […] en el que se trabajó por jornada sin que se viera afectado el ingreso por cargas impositivas y que generó dinámicas del mercado laboral y por ende en el consumo. Se motivó la mano de obra menos calificada (pero con experiencia en construcción) y determinó un proceso de auto construcción que da sentido de pertenencia e identidad de la población lugareña”.

Reconstruir una ciudad también implica que dimensiones como la salud, empleo, vivienda, servicios públicos, educación y tejido social avancen paralelamente para que la población pueda recuperar progresivamente sus condiciones de vida.

“Cada región tiene especificidades y caracterizaciones propias”, señala Galindo. “Esto hace que no solamente se apropie dinero, sino que, dado el capital natural de las mismas, se logre dinámicas de bajo costo como el turismo y las dinámicas de eventos culturales que no requieren grandes inversiones y que pueden ser soportadas por el Estado o las Entidades Territoriales”.

El experto también plantea que las universidades tengan un papel importante durante esta etapa mediante su intervención directa en las zonas afectadas y el desarrollo de investigaciones que permitan responder a las necesidades particulares de cada territorio.

La ciudadanía, por su parte, tampoco debería quedar al margen de la reconstrucción. Las comunidades conocen las necesidades de sus territorios y pueden contribuir a recuperar los vínculos que permiten que las actividades económicas y sociales vuelvan a funcionar.

Se pueden impulsar campañas de apoyo comunitario y de fortalecimiento de negocios locales. Así, la reconstrucción puede convertirse en una oportunidad para recuperar espacios a través de dinámicas económicas y de paso fortalecer relaciones entre habitantes.

Una vez superada la emergencia, lo que se debe evitar a toda costa es que la ciudad vuelva exactamente a las mismas condiciones que existían antes del desastre. La reconstrucción debería servir para identificar vulnerabilidades y corregir problemas urbanísticos.

“La ausencia o la falta de planificación urbana o la desatención de las normas y, con ello, la permisividad de ocupaciones no legales, deben ser tenidas como objetivos a lograr remediar en estos momentos de reconstrucción”, advierte el docente de UNICOC.

La preparación para futuros eventos también debería comenzar desde la educación. El docente propone incorporar procesos de formación relacionados con la historia y la cultura de cada territorio desde las primeras etapas educativas hasta la educación superior, con el propósito de fortalecer la identidad y el sentido de pertenencia.

No existe un tiempo único para determinar cuándo una ciudad se ha recuperado completamente de un terremoto, pero sí hay indicadores para evaluar ese proceso, como la recuperación que las familias tengan de sus ingresos, que los comercios vuelvan a funcionar, que los servicios estén restablecidos, que las comunidades recuperen sus vínculos y que el territorio quede mejor preparado para enfrentar futuras emergencias.