El Caribe está profundizando su apuesta por las energías renovables en un momento en el que los altos costos de la electricidad, la dependencia de combustibles fósiles importados y la creciente exposición a huracanes y otros fenómenos climáticos presionan las economías de la región.

En este escenario, el Banco de Desarrollo del Caribe (CDB, por sus siglas en inglés) ha convertido el financiamiento climático y la transición energética en una de sus principales líneas de acción. La institución está combinando préstamos, subvenciones y recursos de organismos internacionales para impulsar proyectos de energía renovable, eficiencia energética y fortalecimiento de infraestructura.

Sin embargo, es importante hacer una precisión sobre el planteamiento original de esta noticia: no se trata de un único «Fondo de Financiamiento Verde» recientemente aprobado por el CDB que haya destinado todos sus recursos exclusivamente a convertir infraestructura pública a energía solar. Lo que existe es un conjunto de programas e instrumentos de financiamiento verde del banco que, durante varios años, han respaldado proyectos solares y de eficiencia energética en edificios públicos, empresas de servicios públicos y otras infraestructuras estratégicas.

Esta distinción es importante para entender correctamente el alcance de la iniciativa.

El financiamiento climático del Caribe alcanza niveles récord

La estrategia está adquiriendo una dimensión mayor. De acuerdo con el propio CDB, el banco aprobó US$226,7 millones para iniciativas de acción climática durante 2025, la cifra anual más alta de su historia en este ámbito y más del doble de los US$101,5 millones registrados en 2024.

El financiamiento climático representó aproximadamente la mitad del total de aprobaciones de proyectos del banco durante 2025. Entre las operaciones más importantes estuvo un préstamo de política ambiental de US$125 millones para Guyana, además de paquetes de US$30 millones para Dominica y San Vicente y las Granadinas.

El banco también elevó su objetivo de financiamiento climático: busca que el 35 % de sus propios recursos esté destinado a acción climática para 2028. Entre sus prioridades están la adaptación al cambio climático, la reducción de emisiones, la energía renovable y el fortalecimiento de la infraestructura frente a fenómenos naturales extremos.

La dimensión financiera resulta especialmente relevante para pequeños Estados insulares, donde una infraestructura energética vulnerable puede tener consecuencias económicas y sociales mucho mayores que en países continentales.

¿Por qué la energía solar es tan importante para el Caribe?

Una de las principales dificultades estructurales de las economías caribeñas es su dependencia de los combustibles fósiles importados.

El propio CDB ha señalado que sus países miembros prestatarios continúan dependiendo fuertemente del petróleo importado para cubrir sus necesidades energéticas. Esta situación expone a las economías de la región a las variaciones internacionales del precio del petróleo y genera presiones sobre los costos de generación eléctrica.

La energía solar aparece como una alternativa particularmente atractiva debido a las condiciones naturales de la región.

Además de reducir el consumo de combustibles fósiles, los sistemas fotovoltaicos pueden instalarse en techos de edificios públicos, centros educativos, instalaciones sanitarias, empresas de servicios públicos y otras infraestructuras sin necesidad de construir grandes centrales convencionales.

El desafío, sin embargo, no consiste únicamente en instalar paneles. Para que la transición sea efectiva también se requieren baterías, modernización de las redes eléctricas, sistemas de almacenamiento, eficiencia energética y mecanismos que permitan mantener el suministro durante fenómenos meteorológicos extremos.

El programa que busca llevar la energía solar a más usuarios

Uno de los proyectos regionales más importantes es el programa Scaling up the Deployment of Integrated Utility Services to Support Energy Sector Transformation in the Caribbean, conocido como IUS.

La iniciativa busca cambiar la manera en que los consumidores acceden a tecnologías de energía limpia. En lugar de limitarse a financiar directamente una instalación, el modelo contempla que las empresas de servicios eléctricos puedan ofrecer soluciones integrales a sus clientes.

Entre las tecnologías contempladas están los sistemas solares fotovoltaicos instalados en tejados, baterías, equipos de mayor eficiencia energética y otros recursos de generación distribuida. Los potenciales beneficiarios incluyen hogares, empresas y entidades del sector público.

En julio de 2025, el Fondo Verde para el Clima (GCF) aprobó US$26,736 millones para la primera fase del programa, mientras que el CDB y otros socios aportarían otros US$42,01 millones mediante préstamos y contribuciones en especie.

La primera fase se concentra en Barbados, Belice y Jamaica y tiene una duración prevista de seis años. Según el CDB, se espera que beneficie a unas 40.700 personas y que las experiencias obtenidas puedan utilizarse posteriormente para ampliar el modelo a otros países caribeños.

El objetivo no es solamente instalar paneles solares

Uno de los aspectos más importantes de la estrategia es que la transición energética no se plantea exclusivamente como un cambio de fuente de generación.

El CDB también está financiando medidas de eficiencia energética, lo que significa reducir la cantidad de electricidad necesaria para operar edificios, sistemas de iluminación y equipos.

Esto puede incluir desde sistemas de iluminación más eficientes hasta mejoras en edificios y tecnologías que reduzcan el consumo energético.

El enfoque tiene una doble ventaja: una infraestructura que consume menos electricidad disminuye sus costos operativos y, al mismo tiempo, reduce la cantidad de energía que debe producirse.

El marco de financiamiento sostenible del CDB contempla precisamente categorías relacionadas con eficiencia energética y energías renovables. En esta última categoría pueden entrar proyectos solares fotovoltaicos, sistemas de almacenamiento mediante baterías y determinadas infraestructuras de transmisión y distribución asociadas con fuentes renovables.

Antecedentes: el Caribe ya lleva años financiando infraestructura solar pública

Aunque la expansión actual ha ganado fuerza, la utilización de recursos del CDB para transformar infraestructura pública mediante energía renovable no es completamente nueva.

Un ejemplo importante ocurrió en San Vicente y las Granadinas. En 2017, el CDB aprobó un paquete de aproximadamente US$4,2 millones en préstamos y cerca de US$1 millón en subvenciones para apoyar la transformación energética del país.

El proyecto incluía el reemplazo de 7.220 luminarias públicas por tecnología LED, medidas de eficiencia energética en 20 edificios gubernamentales y la construcción de una planta solar fotovoltaica.

Posteriormente, otro proyecto en San Vicente y las Granadinas contempló sistemas solares fotovoltaicos instalados en edificios de la empresa eléctrica VINLEC, una planta fotovoltaica en tierra y un sistema de almacenamiento mediante baterías. El CDB planteó un préstamo de hasta US$5,45 millones, complementado con recursos de cooperación internacional.

Estos proyectos muestran que la estrategia combina generación solar, almacenamiento y eficiencia energética en lugar de depender exclusivamente de una sola tecnología.

Barbuda: energía solar para edificios públicos y resiliencia ante huracanes

Otro caso relevante se encuentra en Barbuda, una isla especialmente vulnerable a los fenómenos meteorológicos extremos.

Después de los impactos provocados por el huracán Irma, la reconstrucción de la infraestructura energética se convirtió en una prioridad.

El CDB respaldó el Barbuda Energy Resilience Project, destinado a mejorar la capacidad de la red eléctrica y aumentar la seguridad energética de la isla.

El proyecto incluyó la instalación de sistemas solares híbridos en edificios públicos estratégicos. Entre las instalaciones contempladas estuvieron escuelas, un centro de salud, edificios gubernamentales y otras estructuras de servicio público.

En 2023, el CDB informó que la fase de construcción del proyecto estaba en marcha y destacó que la iniciativa buscaba aumentar la confiabilidad del suministro eléctrico para las instalaciones públicas.

Este tipo de proyecto evidencia una característica fundamental de la transición energética caribeña: la energía solar no solamente busca reducir emisiones, sino también mantener funcionando servicios esenciales cuando ocurre un desastre natural.

Energía solar para escuelas y centros de salud

La relación entre energía renovable y servicios públicos también aparece en proyectos anteriores de Antigua y Barbuda.

En 2017, el CDB aprobó financiamiento para instalar sistemas solares fotovoltaicos en hasta 13 escuelas rurales y centros de salud.

La selección de estas instalaciones tenía un objetivo estratégico: además de disminuir el consumo de combustibles fósiles, los sistemas solares podían ayudar a mantener servicios esenciales durante interrupciones provocadas por desastres naturales.

El banco señaló que las escuelas y centros de salud podían funcionar como espacios de refugio y atención comunitaria después de eventos extremos.

El proyecto también fue diseñado como una demostración de cómo los sistemas fotovoltaicos distribuidos podrían posteriormente reproducirse en otras instalaciones.

¿De dónde proviene el dinero?

El financiamiento de la transición energética caribeña procede de diferentes fuentes.

El CDB utiliza sus propios recursos, pero también trabaja con instituciones como el Fondo Verde para el Clima, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Europeo de Inversiones, la Unión Europea, el Gobierno del Reino Unido y otros socios internacionales.

Esto permite combinar diferentes instrumentos financieros.

Algunos proyectos reciben préstamos que posteriormente deben ser pagados por los gobiernos o entidades beneficiarias. Otros cuentan con subvenciones o recursos concesionales que reducen el costo financiero de las inversiones.

El modelo es especialmente importante para los pequeños Estados insulares, donde un proyecto energético puede requerir una inversión inicial elevada y donde las condiciones de financiamiento pueden determinar si una tecnología renovable resulta económicamente viable.

El programa SuRGE busca reducir las barreras a la inversión

Otra pieza de esta estrategia es el programa Supporting Resilient Green Energy (SuRGE).

Según el CDB, el programa fue diseñado para acelerar las inversiones en energía sostenible y enfrentar algunos de los obstáculos que tradicionalmente encarecen o retrasan este tipo de proyectos en el Caribe.

Entre las dificultades identificadas están el elevado costo del capital, la necesidad de mejorar la resiliencia climática y las limitaciones de capacidad técnica para preparar y ejecutar proyectos de energía sostenible.

SuRGE utiliza recursos concesionales y asistencia técnica para ayudar a superar estas barreras.

Esto es relevante porque financiar la construcción de una planta solar es solo una parte del problema. Antes de comenzar una obra se necesitan estudios técnicos, diseños, evaluaciones ambientales, modelos financieros, regulación adecuada y capacidad institucional.

Un cambio que puede reducir la dependencia del petróleo

La transición hacia la energía solar puede tener consecuencias que van más allá de la reducción de emisiones.

Si los países caribeños consiguen aumentar de manera significativa la generación renovable, podrían reducir su exposición a los precios internacionales del petróleo.

Eso podría contribuir a una mayor estabilidad de los costos de generación eléctrica y disminuir la salida de divisas destinada a comprar combustibles.

El CDB ha señalado precisamente que la dependencia de combustibles fósiles genera costos elevados, volatilidad fiscal y exposición a las fluctuaciones internacionales de los precios de la energía.

Para economías pequeñas, estos factores pueden afectar directamente la competitividad de las empresas, el precio de los servicios y la capacidad de los gobiernos para financiar otras necesidades.

El reto: convertir el financiamiento en infraestructura funcional

El aumento de los recursos disponibles representa una oportunidad, pero no garantiza por sí mismo una transición energética rápida.

Los países necesitan desarrollar proyectos técnicamente viables, conseguir equipos, formar personal especializado, fortalecer las redes eléctricas y crear regulaciones que permitan integrar una mayor cantidad de energía renovable.

También existe el desafío de la resiliencia.

Los sistemas solares instalados en islas caribeñas deben diseñarse considerando huracanes, vientos extremos, inundaciones, salinidad y otros factores ambientales. La infraestructura energética debe ser capaz de continuar funcionando o recuperarse rápidamente después de un desastre.

Por esta razón, los proyectos recientes incorporan cada vez más elementos como almacenamiento mediante baterías, sistemas híbridos y mejoras en las redes.

Un modelo que podría extenderse a otros países

La estrategia del CDB no está diseñada para quedarse únicamente en unos cuantos proyectos.

El programa de servicios públicos integrados para Barbados, Belice y Jamaica contempla utilizar las experiencias de su primera fase para desarrollar posteriormente una segunda etapa que pueda replicarse en otros países caribeños.

Esto podría ser especialmente importante para los pequeños Estados insulares que enfrentan dificultades para financiar grandes transformaciones energéticas por cuenta propia.

La cooperación regional permitiría aprovechar conocimientos técnicos, modelos de financiación y experiencias que ya hayan demostrado ser viables.

Una transición energética con impacto económico y social

El avance del financiamiento verde en el Caribe refleja una transformación que combina energía, finanzas, infraestructura y adaptación climática.

La apuesta por la energía solar no se limita a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. También busca disminuir la dependencia de combustibles importados, reducir costos, fortalecer las redes eléctricas y garantizar que escuelas, centros de salud, edificios gubernamentales y otros servicios esenciales puedan continuar operando ante situaciones de emergencia.

Los US$226,7 millones de financiamiento climático aprobados por el CDB durante 2025 muestran que esta área está adquiriendo una importancia cada vez mayor dentro de la estrategia financiera de la institución.

Por ello, más que hablar de un único fondo destinado exclusivamente a instalar paneles solares, el panorama actual debe entenderse como la consolidación de un ecosistema de financiamiento verde en el que participan bancos de desarrollo, gobiernos, fondos climáticos y organismos internacionales.

El objetivo final es transformar progresivamente la matriz energética del Caribe y hacer que sus infraestructuras sean menos dependientes de los combustibles fósiles y, al mismo tiempo, más resistentes frente a los efectos del cambio climático.