La idea de que “los 70 son los nuevos 60” gana fuerza entre investigadores del envejecimiento saludable. El geriatra francés Bruno Vellas, referente internacional en longevidad, asegura que actualmente una persona de 70 años puede presentar una capacidad intrínseca comparable con la que tenía una persona de 60 años hace aproximadamente dos décadas.
El concepto de capacidad intrínseca reúne diferentes funciones físicas y mentales, entre ellas la movilidad, la memoria, la audición, la visión, el bienestar psicológico y la vitalidad. Para los especialistas, medir estas capacidades permite evaluar el envejecimiento desde una perspectiva diferente a la simple presencia o ausencia de enfermedades.
Los avances en medicina, prevención y estilos de vida han contribuido a que las nuevas generaciones lleguen a edades avanzadas con mejores niveles de funcionamiento. Un estudio publicado en Nature Aging, que analizó datos de adultos mayores de Inglaterra y China, encontró que las cohortes más recientes ingresan a la vejez con mayores niveles de capacidad y presentan descensos funcionales algo más lentos.
La investigación encontró diferencias particularmente importantes en áreas como la capacidad cognitiva, la movilidad y la vitalidad. Sus autores señalaron que los resultados sugieren que los adultos mayores actuales pueden presentar un funcionamiento equivalente al de personas considerablemente más jóvenes de generaciones anteriores, aunque las comparaciones directas del estudio no permiten establecer literalmente que “70 es el nuevo 60”.
Otros análisis internacionales también han identificado avances importantes. Un estudio del Fondo Monetario Internacional encontró que, entre 2000 y 2022, los adultos de 70 años experimentaron mejoras significativas en diferentes indicadores de salud, con progresos especialmente marcados en las funciones cognitivas y el bienestar psicológico.
Para Vellas, uno de los principales retos consiste en detectar de manera temprana cualquier pérdida de capacidad funcional. Por esta razón, recomienda comenzar las evaluaciones desde los 50 años, en lugar de esperar hasta que aparezcan la fragilidad o la dependencia.
El especialista participa en el desarrollo del programa ICOPE, impulsado por la Organización Mundial de la Salud, que busca identificar cambios en las capacidades físicas y cognitivas para intervenir oportunamente. La estrategia parte de la idea de que preservar la autonomía es más efectivo que esperar a que una persona desarrolle una dependencia avanzada.
La longevidad saludable también está relacionada con nuevos campos de investigación. Los científicos estudian biomarcadores, inteligencia artificial, tecnologías ómicas y otros mecanismos que podrían permitir medir con mayor precisión la edad biológica y comprender por qué algunas personas envejecen más rápidamente que otras.
Sin embargo, vivir más años no significa necesariamente vivirlos con buena salud. El desafío para los sistemas sanitarios consiste en conseguir que el aumento de la esperanza de vida vaya acompañado de más años de autonomía, movilidad y bienestar.
La tendencia plantea así un cambio en la manera de entender la vejez: más que concentrarse exclusivamente en cuántos años vive una persona, la atención comienza a dirigirse hacia cómo llega a esos años y qué capacidades conserva para continuar haciendo aquello que considera importante en su vida.
