En distintas zonas insulares de Portugal se está desarrollando una transformación del alumbrado público que busca resolver un problema que durante años pasó relativamente desapercibido: la luz artificial nocturna puede convertirse en una amenaza para las aves marinas.

La iniciativa se desarrolla especialmente en los archipiélagos portugueses de Madeira y Azores, dentro de un esfuerzo más amplio que también involucra a las islas Canarias. El objetivo no consiste simplemente en apagar las ciudades durante la noche, sino en hacer que la iluminación sea más eficiente, selectiva y compatible con la biodiversidad.

Entre las medidas se encuentran la sustitución de luminarias antiguas por sistemas LED más eficientes, la reducción de emisiones de luz azul, la disminución de la intensidad cuando no es necesaria y, especialmente, la utilización de luminarias que dirigen la luz hacia abajo en lugar de dispersarla hacia el cielo y las zonas naturales.

El proyecto europeo LIFE Natura@night, coordinado en Portugal por la Sociedade Portuguesa para o Estudo das Aves (SPEA), trabaja con municipios de Madeira y otros territorios de la Macaronesia para reducir los efectos de la iluminación artificial sobre aves marinas, murciélagos, insectos y otros organismos nocturnos.

El problema: cuando las luces de las ciudades interfieren con la navegación de las aves

Para comprender por qué se están modificando las farolas, primero hay que entender cómo se desplazan algunas aves marinas.

Especies como la pardela cenicienta (Cory’s Shearwater, Calonectris borealis) pasan gran parte de su vida en el océano y regresan a tierra para reproducirse. Sus crías realizan sus primeros vuelos hacia el mar durante la noche y dependen de señales naturales del cielo, entre ellas la luz de la Luna y las estrellas, para orientarse.

El problema aparece cuando las colonias de reproducción se encuentran cerca de carreteras, puertos, viviendas o ciudades iluminadas.

La luz artificial puede alterar la orientación de los ejemplares jóvenes. En lugar de dirigirse hacia el mar, algunos pueden acercarse a las fuentes de iluminación, terminar sobre carreteras o edificios y quedar exhaustos o expuestos a atropellos y depredadores.

La Comisión Europea explica que las aves jóvenes son particularmente vulnerables porque realizan estos primeros desplazamientos nocturnos cuando todavía no tienen experiencia de navegación. Las luces de calles, vehículos y edificios pueden provocar desorientación, colisiones y aterrizajes accidentales en zonas urbanas.

La Dirección Regional de Políticas Marítimas de Azores también identifica la contaminación lumínica como una amenaza importante para determinadas aves marinas y señala que la iluminación artificial puede afectar su orientación y comportamiento.

No se trata simplemente de «apagar las luces»

Uno de los aspectos más importantes de la estrategia portuguesa es que la solución no consiste necesariamente en dejar las calles completamente a oscuras.

La idea es iluminar mejor y únicamente donde sea necesario.

Los planes desarrollados dentro de LIFE Natura@night contemplan diferentes estrategias según las características de cada zona. Entre ellas están la instalación de luminarias LED más eficientes, la reducción de la intensidad, el empleo de temperaturas de color más cálidas y la orientación del haz luminoso hacia el suelo.

Esta última medida es fundamental.

Una farola convencional puede enviar parte de su luz hacia los laterales o incluso directamente hacia el cielo. Además de generar el característico resplandor que se observa sobre las ciudades durante la noche, esa luz puede alcanzar las zonas por las que se desplazan o donde descansan animales nocturnos.

Las luminarias diseñadas para dirigir la luz hacia abajo permiten concentrar la iluminación sobre la carretera, la acera o el espacio que realmente necesita ser iluminado.

El proyecto europeo señala que los planes de iluminación desarrollados en Madeira, Azores y Canarias buscan precisamente una iluminación pública más eficiente, dirigida y selectiva.

Madeira se convierte en uno de los principales laboratorios de esta estrategia

Uno de los ejemplos más claros se encuentra en Madeira, territorio autónomo portugués situado en el Atlántico.

El proyecto LIFE Natura@night trabaja con varios municipios de la isla, entre ellos Câmara de Lobos, Funchal, Santa Cruz, Machico y Santana. En estas localidades se han desarrollado acciones destinadas a identificar las zonas donde la iluminación representa un mayor riesgo para la biodiversidad.

La investigación no se limita a observar las farolas. También se realizan mediciones de la iluminación nocturna y estudios sobre las especies afectadas para determinar dónde resulta prioritario intervenir.

Según la documentación de la Comisión Europea, el municipio de Câmara de Lobos instaló 66 nuevas luminarias LED diseñadas para minimizar las emisiones de luz azul. El proyecto también plantea retirar más de 400 unidades de iluminación de áreas sensibles y aplicar iluminación dirigida hacia abajo.

¿Por qué es importante la luz azul?

La temperatura y el espectro de la iluminación también forman parte del problema.

No toda la luz artificial tiene exactamente el mismo efecto sobre los organismos. Por ello, las estrategias de conservación desarrolladas en las islas portuguesas buscan evitar, cuando es posible, determinadas emisiones de luz de onda corta y favorecer tonalidades más cálidas.

La Dirección Regional de Políticas Marítimas de Azores recomienda específicamente evitar la luz azul, utilizar LED de tonos cálidos, reducir la intensidad y apagar o limitar la iluminación durante los periodos críticos para las aves marinas.

Esto no significa que cualquier bombilla LED sea automáticamente beneficiosa para la biodiversidad. La solución depende de factores como el espectro de la luz, la intensidad, la orientación, la altura de la luminaria, el horario de funcionamiento y la ubicación.

Por eso los proyectos actuales combinan tecnología de iluminación con planificación territorial y conocimiento ecológico.

Las temporadas de vuelo son especialmente delicadas

El problema se intensifica durante determinadas épocas del año, cuando los ejemplares jóvenes abandonan sus colonias.

En Madeira, por ejemplo, las campañas de conservación prestan especial atención a los periodos de salida de los polluelos de pardela de Madeira y pardela cenicienta.

SPEA identifica como periodos críticos aproximadamente del 15 de septiembre al 15 de octubre para la pardela de Madeira y del 15 de octubre al 15 de noviembre para la pardela cenicienta. Durante estas semanas, las aves jóvenes realizan sus primeros vuelos y pueden verse atraídas o desorientadas por la iluminación artificial.

Por esta razón, algunas medidas pueden ser permanentes, mientras que otras se aplican o intensifican durante las temporadas de mayor riesgo.

El antecedente de Porto Santo

La adaptación del alumbrado no es completamente nueva en Portugal.

En Porto Santo, otra isla del archipiélago de Madeira, ya se habían desarrollado medidas específicas para reducir el impacto de la iluminación vial sobre las aves marinas.

Un proyecto desarrollado en la isla llevó a identificar los puntos de iluminación más perjudiciales y adaptar las instalaciones existentes. Desde 2014 se modificaron alrededor de 500 luminarias, mientras que determinadas luces de carreteras poco utilizadas fueron desactivadas y otras fueron adaptadas en zonas costeras y áreas de nidificación.

De acuerdo con los resultados presentados por SPEA, estas medidas también produjeron beneficios económicos: se estimó una reducción de aproximadamente 40.000 euros anuales en el consumo energético municipal.

Este antecedente resulta importante porque demuestra que las políticas de reducción de contaminación lumínica no necesariamente significan un aumento del gasto público. En determinadas circunstancias, una iluminación más eficiente puede reducir simultáneamente el consumo energético y el impacto ambiental.

Corvo también ha experimentado con apagones temporales

Otro ejemplo se encuentra en Corvo, una pequeña isla de las Azores.

En octubre, coincidiendo con uno de los periodos críticos para las aves marinas jóvenes, se han realizado apagones temporales del alumbrado público. Una de estas iniciativas estableció el apagado de las luces entre las 21:00 y las 04:00 durante varios días.

La finalidad era reducir la desorientación de especies como la pardela cenicienta durante sus vuelos iniciales hacia el océano.

Estas acciones se integraron en campañas de conservación como SOS Cagarro, en las que voluntarios colaboran para localizar aves desorientadas, recogerlas y ayudarlas a regresar al mar.

El caso de Corvo muestra otra posibilidad: cuando no es necesario mantener determinadas áreas iluminadas durante toda la noche, el apagado temporal puede convertirse en una herramienta de conservación.

La investigación científica respalda la preocupación

La relación entre iluminación artificial y aves marinas no se basa únicamente en campañas de sensibilización.

Investigaciones científicas han estudiado específicamente cómo la contaminación lumínica afecta a los juveniles de pardela cenicienta.

Un estudio publicado en el Journal of Experimental Biology analizó ejemplares de esta especie en las Azores y señaló que aproximadamente un 6 % de los volantones en las Azores y un 14 % en Canarias pueden quedar desorientados y terminar en tierra durante episodios relacionados con contaminación lumínica.

Estos episodios, conocidos como fallout, pueden dejar a las aves en lugares donde no pueden continuar su viaje.

Una vez en tierra, un ave marina joven puede quedar expuesta al tráfico, edificios, cables, depredadores o simplemente morir por agotamiento y deshidratación.

La solución beneficia a algo más que a las aves

Aunque las pardelas constituyen uno de los principales objetivos de estas medidas, el problema de la contaminación lumínica tiene un alcance mucho mayor.

La noche es un componente fundamental de los ecosistemas. Numerosos animales dependen de los ciclos naturales de luz y oscuridad para alimentarse, desplazarse, reproducirse o evitar depredadores.

Los proyectos desarrollados en Madeira, Azores y Canarias también estudian los efectos de la iluminación sobre murciélagos e insectos, entre otros organismos nocturnos. La propia Comisión Europea señala que la Macaronesia alberga numerosas especies de aves marinas sensibles a la iluminación artificial y una diversidad de fauna nocturna que también puede verse afectada.

Reducir la iluminación innecesaria puede, por tanto, contribuir a recuperar parte de la oscuridad natural de estos ecosistemas.

También existe un beneficio energético

Una de las ventajas de esta transformación es que conservación y eficiencia energética pueden avanzar en la misma dirección.

Los LED consumen menos electricidad que muchas tecnologías de iluminación más antiguas y permiten controlar con mayor precisión factores como la intensidad, los horarios y la dirección de la luz.

BirdLife International informó en julio de 2026 que los cambios en el alumbrado público pueden reducir significativamente el impacto sobre las aves y, en determinadas implementaciones, generar ahorros energéticos de hasta 60 %. La organización destaca especialmente cuatro características: dirigir la luz hacia el suelo, ajustar la intensidad, utilizar colores más cálidos y mantener la iluminación únicamente cuando sea necesaria.

Esto convierte la adaptación del alumbrado en una política que puede combinar conservación de la biodiversidad, eficiencia energética y reducción del resplandor nocturno.

La población también respalda una reducción de la iluminación innecesaria

La aceptación social es otro elemento importante.

Una encuesta realizada durante 2022 y 2023 en Madeira, Azores y Canarias reunió respuestas de 2.207 personas. El 87 % manifestó estar de acuerdo con reducir el alumbrado público entre la medianoche y las 6:00, mientras que el 92 % reconoció que la iluminación artificial puede perjudicar a aves marinas como las pardelas cenicientas.

Además, el 94 % afirmó haber ayudado o estar dispuesto a ayudar a aves marinas desorientadas por la iluminación excesiva.

Los resultados sugieren que existe un margen considerable para aplicar políticas de reducción de iluminación cuando estas se explican y se implementan de manera adecuada.

Un problema que va más allá de Portugal

La experiencia portuguesa forma parte de un problema mucho más amplio.

La contaminación lumínica se ha extendido con el crecimiento urbano y la expansión de las infraestructuras costeras. En la Macaronesia, las mediciones realizadas mediante redes de fotómetros han mostrado un incremento de la iluminación artificial asociado al desarrollo urbano.

Las zonas costeras son especialmente sensibles porque muchas colonias de aves marinas se encuentran relativamente cerca de asentamientos humanos.

El desafío para las autoridades consiste en encontrar un equilibrio: mantener una iluminación suficiente para la seguridad y movilidad de las personas, pero evitando que las luminarias iluminen innecesariamente el cielo, el mar, los acantilados y los hábitats naturales.

De cambiar bombillas a rediseñar la noche

La transformación que se está desarrollando en Portugal representa un cambio de enfoque.

Durante décadas, la prioridad del alumbrado público fue fundamentalmente proporcionar suficiente luz para carreteras, calles y espacios urbanos. Ahora, los proyectos de conservación plantean una pregunta adicional: ¿dónde termina la zona que realmente necesita iluminación y dónde comienza el espacio que debería permanecer oscuro?

Responder a esa pregunta permite diseñar sistemas más precisos.

La dirección del haz, el color, la intensidad, el horario y la ubicación de las luminarias pasan a formar parte de una misma estrategia. En lugar de considerar la oscuridad como un problema que debe eliminarse, se comienza a reconocerla como un elemento natural que también necesita ser protegido.

Portugal, particularmente a través de las experiencias desarrolladas en Madeira y Azores, está convirtiendo sus municipios insulares en espacios de experimentación para este nuevo modelo de iluminación.

El reto que queda por delante

Los avances son importantes, pero todavía existen desafíos.

La expansión urbana continúa aumentando la presencia de iluminación en zonas costeras, mientras que las aves marinas siguen enfrentándose a otros riesgos derivados de la actividad humana.

Además, las medidas deben adaptarse a cada territorio. No existe una única configuración de farola que pueda aplicarse de la misma manera en todos los municipios.

Por eso, proyectos como LIFE Natura@night combinan medición de la contaminación lumínica, seguimiento de especies, participación municipal, investigación científica y campañas de educación ambiental.

El objetivo final no es simplemente tener ciudades más oscuras, sino desarrollar ciudades mejor iluminadas: con luz donde hace falta, cuando hace falta y de la manera menos perjudicial posible para el entorno.

Una nueva forma de entender el alumbrado público

La experiencia portuguesa deja una conclusión clara: reducir la contaminación lumínica no necesariamente implica renunciar a la iluminación urbana.

La tecnología permite actualmente controlar con mucha más precisión hacia dónde se dirige la luz, qué intensidad tiene, qué espectro utiliza y durante cuánto tiempo permanece encendida.

En el caso de las aves marinas, estas pequeñas modificaciones pueden marcar una diferencia durante uno de los momentos más vulnerables de su vida: el primer vuelo desde las colonias hacia el océano.

Mientras los municipios portugueses continúan adaptando sus sistemas de iluminación, la iniciativa también plantea una cuestión que puede ser relevante para muchas otras regiones costeras del mundo: si la oscuridad es necesaria para la vida silvestre, quizá el futuro del alumbrado público no consista en iluminar más, sino en iluminar mejor.