La incorporación de tecnología para medir la humedad del suelo se ha convertido en una de las alternativas que buscan los productores agrícolas de Sinaloa para enfrentar uno de los principales desafíos del campo: utilizar de manera más eficiente el agua disponible.

Los sensores de humedad en suelos de México permiten conocer con mayor precisión la cantidad de agua presente en el terreno y, dependiendo del sistema empleado, obtener información a diferentes profundidades. Estos datos pueden utilizarse junto con plataformas digitales, información meteorológica, imágenes satelitales y sistemas de riego para decidir cuándo es necesario aplicar agua y en qué cantidad.

En Sinaloa, donde el maíz y otros granos tienen un peso importante dentro de la actividad agrícola, este tipo de herramientas no es completamente nuevo. El Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) y el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) llevan varios años desarrollando y probando sistemas destinados a mejorar la programación del riego.

De hecho, existen experiencias documentadas en el norte del estado en las que plataformas de gestión del riego y sensores de humedad han permitido reducir el consumo de agua sin disminuir el rendimiento de determinados cultivos.

El agua, uno de los grandes retos para la agricultura de Sinaloa

La importancia de estas herramientas está directamente relacionada con las condiciones que enfrenta el campo sinaloense.

Sinaloa es uno de los principales estados agrícolas de México y tiene una fuerte dependencia de la infraestructura de riego. Maíz, trigo, frijol, sorgo, garbanzo y otros cultivos forman parte de los ciclos agrícolas de la entidad.

Para el ciclo otoño-invierno 2026-2027, el Consejo Estatal de Desarrollo Rural Sustentable de Sinaloa estableció como propuesta una superficie de hasta 813.599 hectáreas, principalmente destinadas a maíz, frijol, sorgo, garbanzo y trigo. El Gobierno estatal aclaró que se trata de un proyecto que puede modificarse conforme avance la planeación y la disponibilidad de recursos.

En este escenario, cada metro cúbico de agua adquiere importancia.

La tecnificación de la infraestructura hidráulica también se encuentra entre las prioridades. En febrero de 2026, la Comisión Nacional del Agua informó que se impulsaba la tecnificación de 70.000 hectáreas de riego en Sinaloa, con una inversión superior a los 11.200 millones de pesos. De acuerdo con Conagua, las obras buscan generar ahorros de más de 800 millones de metros cúbicos de agua.

La tecnología de monitoreo del suelo forma parte de ese cambio hacia una agricultura que pretende tomar decisiones con información y no únicamente a partir de calendarios de riego o de la observación visual del terreno.

¿Cómo funcionan los sensores de humedad del suelo?

Un sensor de humedad es un dispositivo que permite estimar la cantidad de agua existente en una determinada zona del suelo.

Su funcionamiento depende de la tecnología utilizada. Entre los sistemas empleados en agricultura se encuentran los sensores capacitivos, los tensiómetros y los sensores TDR, conocidos como sensores de reflectometría en el dominio del tiempo.

En el caso de los sensores TDR utilizados en investigaciones agrícolas, el principio se basa en las propiedades dieléctricas del suelo, que cambian de acuerdo con su contenido de agua. Esto permite obtener información sobre la humedad a distintas profundidades. Investigaciones del INIFAP en Sinaloa han utilizado esta tecnología para apoyar el manejo integral del riego en cultivos de maíz.

La información obtenida puede ayudar a identificar dos problemas opuestos.

El primero es regar demasiado. Una cantidad excesiva de agua puede provocar pérdidas por infiltración profunda, escurrimientos, lavado de nutrientes y problemas de aireación en la zona de las raíces.

El segundo es regar demasiado poco. Cuando el suelo pierde más humedad de la que el cultivo puede soportar, la planta puede experimentar estrés hídrico, afectando su crecimiento y potencial productivo.

Por ello, conocer el estado real del suelo permite acercarse a una programación de riego más precisa.

Del calendario de riego a las decisiones basadas en datos

Tradicionalmente, la programación del riego ha dependido de factores como la experiencia del productor, las características del cultivo, el tipo de suelo, las condiciones climáticas y los calendarios establecidos por los organismos de riego.

La agricultura de precisión busca añadir una capa adicional: medir lo que está ocurriendo realmente en el terreno.

En Sinaloa ya existen antecedentes importantes en esta materia.

El IMTA documentó el funcionamiento del Sistema Integral de Monitoreo y Alerta del Riego (Sinmar), desarrollado en el Módulo de Riego IV-I Culiacancito. El sistema permitía realizar un seguimiento del balance de humedad del suelo y utilizar información meteorológica para estimar el consumo de agua de los cultivos y determinar cuándo y cuánto regar.

Durante las pruebas realizadas en el Distrito de Riego 010, el sistema fue calibrado en parcelas de maíz, frijol y garbanzo. También se utilizaron imágenes satelitales para complementar el seguimiento de los cultivos.

Esto demuestra que el monitoreo de la humedad en Sinaloa no se limita a una tendencia reciente: existe un proceso de investigación y transferencia tecnológica que lleva varios años desarrollándose.

IRRIMODEL: otra herramienta desarrollada para Sinaloa

Otro de los proyectos relevantes es IRRIMODEL, desarrollado por investigadores del INIFAP.

La plataforma está diseñada para apoyar la gestión del riego mediante internet y puede integrar información procedente de sensores remotos, sensores de humedad del suelo e imágenes satelitales.

Según información publicada por el Gobierno de México, IRRIMODEL genera recomendaciones sobre cuándo y cuánto regar, tomando en cuenta el desarrollo del cultivo y las condiciones de humedad del suelo. También puede generar programas de riego de hasta siete días.

La experiencia en Sinaloa resulta especialmente relevante.

El INIFAP reportó que agricultores de módulos de riego del norte del estado que utilizaron la plataforma lograron ahorros de hasta 1.600 metros cúbicos de agua por hectárea en maíz y sorgo, mientras que en papa y frijol los ahorros alcanzaron alrededor de 1.000 metros cúbicos por hectárea en determinadas experiencias. El organismo señaló que esos resultados se obtuvieron sin reducción del rendimiento en los escenarios estudiados.

Estos resultados ayudan a explicar por qué la combinación entre datos de humedad, información climática e imágenes satelitales despierta interés en las zonas agrícolas.

¿Qué relación tienen los sensores con el riego por goteo?

El riego por goteo tiene como objetivo entregar agua de manera localizada y controlada cerca de la zona radicular de las plantas.

Sin embargo, instalar un sistema de goteo no significa automáticamente que el productor esté aplicando exactamente la cantidad de agua que necesita el cultivo.

Ahí es donde los sensores pueden convertirse en una herramienta complementaria.

Si el productor conoce el nivel de humedad existente en el suelo, puede ajustar la frecuencia y duración de los riegos en función de las condiciones reales de la parcela. En lugar de aplicar agua únicamente porque ha transcurrido determinado número de días, puede utilizar información del suelo para tomar la decisión.

Investigaciones agrícolas han demostrado que el monitoreo de humedad puede utilizarse para establecer criterios de riego en sistemas de goteo. El seguimiento de la humedad permite determinar cuándo el suelo se acerca a niveles que pueden afectar el desarrollo de la planta y cuándo es necesario reponer agua.

Por eso, sensores y riego localizado pueden funcionar como tecnologías complementarias.

No todo el campo de Sinaloa funciona con goteo

Es importante hacer una precisión para evitar una interpretación equivocada.

La agricultura de Sinaloa no está migrando en su totalidad al riego por goteo ni todos los productores de granos utilizan sensores conectados permanentemente en tiempo real.

El estado mantiene una importante infraestructura de riego por gravedad y existen diferentes sistemas, cultivos y condiciones productivas.

Precisamente por ello, las tecnologías de monitoreo de humedad no deben entenderse exclusivamente como herramientas para el riego por goteo.

Los sensores pueden aportar información tanto para sistemas localizados como para otros métodos de riego. En el caso de Sinaloa, las investigaciones del INIFAP han estudiado el uso de sensores TDR portátiles como apoyo para el manejo del agua en maíz.

Por tanto, el fenómeno más preciso que puede observarse es el avance de la agricultura basada en datos y del monitoreo de humedad, no una sustitución completa de los sistemas tradicionales.

¿Qué beneficios puede obtener un productor?

La principal ventaja de estos dispositivos es que permiten conocer una variable que normalmente no puede determinarse con precisión simplemente observando la superficie.

Un terreno puede parecer seco en la parte superior y conservar humedad suficiente a mayor profundidad. También puede ocurrir lo contrario: la superficie puede mantener cierta humedad mientras la zona donde se concentran las raíces necesita agua.

Los sensores permiten obtener información más objetiva.

Entre sus posibles beneficios están:

  • Mejorar la programación del riego.
  • Evitar aplicaciones innecesarias de agua.
  • Reducir el riesgo de estrés hídrico.
  • Detectar excesos de humedad.
  • Conocer la humedad a diferentes profundidades.
  • Complementar información meteorológica.
  • Apoyar decisiones sobre frecuencia y volumen de riego.
  • Facilitar el seguimiento de una parcela desde plataformas digitales.
  • Integrar información del suelo con imágenes satelitales y otros datos agrícolas.

La Secretaría de Agricultura también ha señalado que el monitoreo de la humedad del suelo, el riego inteligente y otras herramientas digitales forman parte de las tecnologías que pueden contribuir a mejorar la eficiencia y sostenibilidad de la producción agrícola en México.

La tecnología también debe estar bien calibrada

Comprar un sensor e instalarlo en una parcela no garantiza por sí solo un ahorro de agua.

Uno de los aspectos más importantes es la calibración.

Las características del suelo, la profundidad de las raíces, el cultivo, la textura, la temperatura y otros factores pueden influir en las mediciones y en la interpretación de los datos.

El propio INIFAP ha advertido en investigaciones sobre Sinaloa que el uso de dispositivos para medir la humedad del suelo debe estar acompañado por una calibración adecuada y relacionado con el manejo agronómico del cultivo.

Esto significa que la tecnología no sustituye al conocimiento del productor ni al trabajo de los técnicos agrícolas.

Más bien, proporciona una nueva fuente de información para mejorar las decisiones.

Una transformación que va más allá de un sensor

La tendencia que se observa en Sinaloa forma parte de una transformación más amplia de la agricultura mexicana.

El concepto de agricultura de precisión combina sensores, estaciones meteorológicas, imágenes satelitales, plataformas digitales, sistemas de posicionamiento y herramientas de análisis para conocer con mayor detalle qué ocurre dentro de una parcela.

En el caso del agua, esto tiene una importancia especial porque permite pasar de una pregunta sencilla —“¿cuándo toca regar?”— a una más precisa: “¿cuánta agua necesita este cultivo, en esta parcela y en este momento?”

Ese cambio puede ser especialmente importante para regiones agrícolas donde la disponibilidad de agua representa una limitación.

El propio Gobierno de México ha reportado experiencias de ahorro de agua en cultivos de riego de Sinaloa mediante herramientas digitales, con resultados de hasta 1.600 metros cúbicos de ahorro por hectárea en maíz y sorgo en los casos documentados.

Sinaloa prepara nuevos ciclos agrícolas con el agua como prioridad

El contexto actual refuerza la importancia de estas tecnologías.

A finales de agosto de 2026, productores de Guasave se encontraban preparando sus tierras para el próximo ciclo agrícola con la intención de aprovechar las posibles lluvias de septiembre y conservar humedad para reducir la cantidad de agua necesaria durante el primer riego.

Esto evidencia que el manejo de la humedad no depende exclusivamente de dispositivos electrónicos.

Prácticas de preparación del suelo, conservación de humedad, aprovechamiento de precipitaciones, infraestructura hidráulica y tecnologías de medición pueden formar parte de una misma estrategia.

En paralelo, las autoridades federales y estatales avanzan en la modernización de distritos de riego. La tecnificación de los distritos 010 Culiacán y 075 Ahome forma parte de un programa de inversión superior a los 11.000 millones de pesos, orientado a reducir pérdidas y mejorar el aprovechamiento del agua.

El reto: convertir los datos en decisiones útiles

El verdadero potencial de los sensores de humedad en suelos de México no está únicamente en mostrar un porcentaje de humedad en una pantalla.

El valor está en convertir esa información en una decisión agronómica correcta.

Un productor puede conocer la humedad del suelo, pero necesita saber qué significa ese dato para el cultivo que tiene sembrado, en qué etapa de desarrollo se encuentra, qué tipo de suelo posee, qué temperatura se espera, cuánta lluvia podría recibir y cuál es la capacidad de su sistema de riego.

Por esa razón, las soluciones más completas combinan sensores con modelos de cultivo, información climática, imágenes satelitales y asesoramiento técnico.

En Sinaloa ya existen antecedentes de esa integración y experiencias que muestran que el uso de datos puede contribuir a reducir el consumo de agua sin necesariamente sacrificar productividad.

Una apuesta tecnológica que podría ganar importancia

La agricultura mexicana enfrenta el desafío de producir alimentos utilizando recursos cada vez más cuidadosamente administrados. En ese escenario, medir la humedad del suelo deja de ser una herramienta exclusivamente experimental y comienza a adquirir un papel más importante dentro de las estrategias de manejo del agua.

Sinaloa ofrece uno de los ejemplos más interesantes debido a la escala de su agricultura y a los años de investigación que instituciones como INIFAP e IMTA han dedicado al desarrollo de sistemas de programación y monitoreo del riego.

El avance, sin embargo, será gradual. No todos los productores tienen las mismas condiciones económicas, infraestructura, conectividad o conocimientos técnicos para incorporar estas herramientas.

Lo que sí está cambiando es la forma de entender el riego: cada vez existe mayor interés en utilizar datos reales de humedad, clima y comportamiento del cultivo para decidir cuándo aplicar agua y cuánto utilizar.

En una entidad donde miles de hectáreas dependen del riego, esa diferencia puede representar no solo un ahorro para el productor, sino también una herramienta para enfrentar uno de los principales desafíos de la agricultura del futuro: producir más y mejor utilizando de manera responsable un recurso cada vez más valioso.