La Secretaría de Educación de Bogotá está preparando una nueva resolución para establecer reglas sobre el uso de celulares y otros dispositivos tecnológicos en los 412 colegios oficiales de la ciudad. La propuesta busca regular el uso de estos equipos durante toda la jornada escolar y no solamente durante las clases. Esto significa que las restricciones también podrían aplicarse durante los recreos y otros momentos de permanencia de los estudiantes dentro de las instituciones educativas.
La iniciativa contempla normas diferentes dependiendo de la edad y del nivel educativo de los estudiantes. Para los niños de primera infancia se plantea que el uso de pantallas sea reducido al mínimo, debido a la importancia de promover actividades físicas, juegos, interacción directa y experiencias que no dependan de dispositivos electrónicos.
En los niveles educativos superiores, en cambio, la tecnología no sería eliminada por completo. Los estudiantes podrían utilizar celulares, tabletas u otros dispositivos cuando exista una finalidad pedagógica, siempre bajo condiciones establecidas por la institución y con acompañamiento de docentes. De esta manera, la propuesta busca diferenciar entre el uso de la tecnología como herramienta educativa y el uso recreativo o personal de los dispositivos durante la jornada escolar.
Uno de los aspectos que más llama la atención de la propuesta es que las restricciones no se limitarían al momento de las clases. La Secretaría de Educación también contempla regular el uso de los celulares durante los recreos, con el propósito de recuperar estos espacios como momentos destinados al juego, la conversación, la convivencia y la interacción entre los estudiantes.
La intención es que los descansos escolares vuelvan a ser espacios donde los niños y jóvenes puedan relacionarse directamente con sus compañeros, desarrollar actividades físicas y fortalecer sus habilidades sociales sin que el teléfono se convierta en el principal centro de atención.
Sin embargo, implementar esta medida representa un desafío para los colegios. Uno de los principales interrogantes será determinar en qué situaciones los estudiantes podrán utilizar la tecnología con fines académicos y cuáles serán las condiciones que deberán cumplir. También será necesario establecer mecanismos claros para que profesores, estudiantes y familias conozcan las nuevas reglas y sepan cómo actuar frente a posibles incumplimientos.
La discusión sobre los celulares en los colegios surgió también a partir de los Foros Educativos Institucionales y Distritales, espacios en los que participaron más de 77.000 estudiantes, docentes, directivos y familias. Allí se planteó que el problema no debe analizarse únicamente desde la perspectiva de prohibir o permitir los teléfonos móviles.
Las comunidades educativas señalaron que existe un problema más amplio relacionado con los llamados ecosistemas digitales. El uso constante de dispositivos y plataformas puede tener efectos sobre aspectos como la capacidad de concentración, el aprendizaje, la convivencia escolar y el bienestar de los estudiantes.
Por eso, además de establecer restricciones, se considera necesario desarrollar procesos de formación en ciudadanía digital, enseñar a los estudiantes a utilizar responsablemente la tecnología y fortalecer el acompañamiento de las familias. La idea es que los jóvenes aprendan a reconocer los riesgos y beneficios del entorno digital y puedan desarrollar hábitos más equilibrados.
Los estudiantes pasan más tiempo con el celular del que creen
Uno de los elementos que impulsan esta discusión es un estudio piloto sobre bienestar digital realizado por la Secretaría de Educación a finales de 2025. En la investigación participaron alrededor de 400 estudiantes, quienes fueron consultados sobre sus hábitos de uso de dispositivos tecnológicos.
Los resultados mostraron una diferencia importante entre el tiempo que los jóvenes creen que pasan utilizando el celular y el tiempo registrado realmente. Los participantes estimaban que utilizaban el teléfono aproximadamente seis horas al día, pero los registros mostraron un promedio de 7,3 horas diarias.
En algunos casos, el tiempo de uso superaba incluso las nueve horas al día, lo que evidencia el nivel de dependencia que pueden llegar a generar estos dispositivos.
Otro resultado llamativo fue que el 95 % de los estudiantes participantes afirmó haber intentado disminuir el tiempo que pasa utilizando el celular, pero no logró hacerlo. Esto demuestra que para muchos jóvenes controlar voluntariamente el uso de los dispositivos puede ser complicado.
Al mismo tiempo, el estudio mostró que los estudiantes no consideran que el celular sea únicamente negativo. Un 76 % reconoció que puede ser una herramienta útil para aprender. El problema estaría principalmente en que una parte importante del uso cotidiano del teléfono no está relacionada con actividades académicas, sino con entretenimiento, redes sociales, comunicación y otras actividades digitales.
Esto plantea un desafío para las instituciones educativas: no se trata simplemente de eliminar la tecnología, sino de enseñar a utilizarla de manera adecuada y establecer límites que permitan aprovechar sus beneficios sin que interfiera con el aprendizaje y la convivencia.
La propuesta también apunta a las plataformas digitales
La discusión de Bogotá no se limita a establecer reglas dentro de los colegios. La Secretaría de Educación también ha planteado la necesidad de que las plataformas digitales tengan mayor responsabilidad frente al uso que hacen los menores de edad de sus servicios.
La propuesta distrital se apoyaría en el Decreto 0769 de 2026, relacionado con la reglamentación de la Ley 2489 de 2025, enfocada en promover entornos digitales más sanos y seguros para niños, niñas y adolescentes.
Desde el Distrito se considera que todavía existen vacíos en materia de regulación de las plataformas digitales. Entre las medidas que se han planteado están mecanismos más eficaces para comprobar la edad de los usuarios, establecer edades mínimas para la creación de cuentas en redes sociales y desarrollar herramientas que permitan controlar o limitar el tiempo que los menores pasan utilizando determinadas aplicaciones.
La preocupación está relacionada con el hecho de que buena parte del consumo digital de niños y adolescentes ocurre fuera del colegio. Por ello, aunque las instituciones educativas pueden establecer normas durante la jornada escolar, también sería necesario que las familias, las plataformas tecnológicas y las autoridades participen en la creación de hábitos digitales más saludables.
Una nueva relación entre educación y tecnología
La propuesta que prepara Bogotá representa un cambio en la manera de abordar el uso de celulares dentro de las instituciones educativas. El objetivo no sería simplemente prohibir los dispositivos, sino establecer reglas claras dependiendo de la edad, el contexto y la finalidad de su utilización.
En los niños más pequeños se buscaría reducir considerablemente la exposición a las pantallas, mientras que en los estudiantes de niveles superiores se permitiría el uso de dispositivos cuando estos tengan una finalidad educativa y estén acompañados por los docentes.
El hecho de que las reglas puedan extenderse hasta los recreos marca uno de los cambios más importantes. La Secretaría busca que estos espacios recuperen su función como momentos de descanso, juego, conversación y convivencia, en lugar de convertirse en periodos dedicados principalmente a revisar redes sociales, mensajes o contenido digital.
En conclusión, Bogotá prepara una regulación que pretende encontrar un equilibrio entre los beneficios de la tecnología y los problemas derivados de su uso excesivo. La discusión no gira únicamente alrededor de si los estudiantes pueden llevar o sacar el celular en el colegio, sino sobre cómo enseñar a las nuevas generaciones a relacionarse de manera responsable con la tecnología.
La implementación de estas medidas requerirá la participación de estudiantes, docentes, directivos y familias. También será fundamental que las instituciones establezcan reglas comprensibles y coherentes para evitar confusiones y garantizar que la tecnología continúe siendo una herramienta útil para el aprendizaje, sin desplazar actividades esenciales como el juego, la comunicación cara a cara, la convivencia y la concentración en el aula.
