El Gobierno de Colombia autorizó un plan piloto para evaluar el uso aéreo de glufosinato de amonio como alternativa para combatir los cultivos de coca. La iniciativa tendrá una duración máxima de siete días y estará condicionada a la aprobación de los permisos ambientales correspondientes.

La decisión quedó establecida en una resolución del Consejo Nacional de Estupefacientes, fechada el 18 de agosto y publicada posteriormente en el Diario Oficial. El ensayo permitirá intervenir hasta 1.000 hectáreas y deberá realizarse mediante aeronaves tripuladas, es decir, avionetas, y no mediante drones.

El Gobierno decidió mantener bajo reserva la ubicación exacta donde se desarrollará la prueba. La medida busca proteger al personal que participe en la operación y evitar posibles acciones de sabotaje, obstrucción o represalias por parte de organizaciones vinculadas al narcotráfico.

Sin embargo, la resolución establece restricciones sobre las zonas que podrán ser intervenidas. El piloto no podrá ejecutarse en áreas protegidas ni en ecosistemas sujetos a protección ambiental. Tampoco podrá realizarse en territorios con presencia de comunidades indígenas o afrodescendientes que puedan verse directamente afectadas y que no hayan cumplido previamente con el proceso de consulta correspondiente.

Una alternativa al glifosato

La iniciativa se conoce pocos días después de que el Gobierno reabriera la posibilidad de utilizar glifosato mediante aspersión aérea, luego de derogar la resolución que impedía este método.

Ahora, con el glufosinato de amonio, las autoridades buscan evaluar si este herbicida puede convertirse en otra herramienta para enfrentar la expansión de los cultivos ilícitos.

La necesidad de encontrar nuevas estrategias está relacionada con el crecimiento de los cultivos de coca. De acuerdo con el más reciente informe de monitoreo de Naciones Unidas, en 2024 Colombia alcanzó aproximadamente 261.000 hectáreas sembradas con coca, el registro más elevado hasta ahora.

A esto se suma la reducción de la erradicación manual forzosa. Según las cifras citadas por el Gobierno, las hectáreas intervenidas mediante este mecanismo pasaron de 20.325 en 2023 a 9.403 en 2024, lo que representa una disminución del 54 %.

La resolución establece que los resultados del plan piloto servirán como insumo para determinar si el glufosinato de amonio puede ser utilizado posteriormente mediante aspersión aérea.

El reto ambiental

Antes de que las aeronaves puedan comenzar a operar, el proyecto deberá superar los controles ambientales establecidos por las autoridades.

La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) tendrá que expedir el correspondiente instrumento de manejo ambiental. Aunque el glufosinato ya ha sido autorizado para la erradicación terrestre de cultivos ilícitos desde 2016, su aplicación desde aeronaves plantea condiciones diferentes.

Una de las principales preocupaciones está relacionada con la dispersión del producto causada por el viento. El llamado efecto de deriva podría generar impactos sobre personas, cultivos legales, fuentes de agua y ecosistemas ubicados cerca de las áreas intervenidas.

Por esta razón, el plan piloto pretende precisamente evaluar los posibles efectos de la aplicación aérea del herbicida y determinar si existen riesgos que impidan su utilización a mayor escala.

También deberá superar controles sanitarios y logísticos

El glufosinato de amonio deberá cumplir además con los controles ambientales y sanitarios establecidos para este tipo de operaciones, teniendo en cuenta los criterios fijados por la Corte Constitucional frente a la aspersión aérea de sustancias químicas.

El producto es clasificado por la Organización Mundial de la Salud dentro de la categoría II de peligrosidad, correspondiente a sustancias consideradas moderadamente peligrosas.

A los requisitos legales y ambientales se suma el componente operativo. El Estado deberá adquirir el herbicida, disponer de los equipos necesarios y garantizar la capacidad logística para desarrollar la prueba.

De esta manera, el Gobierno avanza en dos alternativas para recuperar la aspersión aérea como herramienta contra los cultivos de coca: el eventual regreso del glifosato y la evaluación del glufosinato de amonio. El resultado de los controles y del plan piloto será determinante para definir si alguna de estas estrategias podrá aplicarse de manera más amplia en el país.