RÍO NEGRO, ARGENTINA. Una campaña científica desarrollada en las cercanías del lago Pellegrini, en la provincia argentina de Río Negro, permitió recuperar restos fósiles pertenecientes a distintos animales que habitaron la región hace aproximadamente 70 millones de años. Entre los materiales encontrados se identificó una vértebra cervical que pertenecería a un plesiosaurio, un grupo de reptiles marinos que habitó los océanos durante el Mesozoico.
El hallazgo se produjo en el marco de la denominada Campaña Cretácica Lago Pellegrini, una expedición realizada en 2026 con participación de investigadores y técnicos vinculados al CONICET, las universidades nacionales de Río Negro y Córdoba, el Museo Argentino de Ciencias Naturales, la Fundación NoThos y la Universidad China de Hong Kong. La campaña tuvo como objetivo estudiar los restos conservados en una cantera ubicada al sur del lago Pellegrini y reconstruir el ecosistema que existió allí durante el Cretácico Superior.
Aunque el descubrimiento incluyó principalmente restos de dinosaurios, la presencia de un posible plesiosaurio resulta especialmente interesante porque demuestra que estos antiguos reptiles acuáticos también formaban parte de los ecosistemas de la región.
Un hallazgo que comenzó con el aviso de un vecino
La historia de esta investigación comenzó antes de la expedición. En 2024, un vecino informó sobre la presencia de fósiles en una cantera ubicada al sur del lago Pellegrini, cerca de Cinco Saltos. El aviso permitió que especialistas evaluaran el sitio y determinaran que las rocas conservaban restos de animales correspondientes a una época cercana al final del Cretácico.
A partir de ese descubrimiento se organizó una campaña de mayor escala. Durante los trabajos de campo participaron alrededor de 13 investigadores y especialistas, quienes realizaron excavaciones sistemáticas para localizar, documentar y extraer los restos.
El objetivo no era únicamente encontrar un hueso aislado. Los investigadores buscaban reunir la mayor cantidad posible de evidencias para comprender cómo era el ecosistema de la zona hace unos 70 millones de años, cuando los dinosaurios todavía dominaban buena parte de los ambientes terrestres.
Una vértebra que conecta a Río Negro con los antiguos mares
Entre los fósiles recuperados durante la campaña se identificó una vértebra cervical atribuida de manera preliminar a un plesiosaurio. Estos animales no eran dinosaurios, sino reptiles marinos pertenecientes a grupos que evolucionaron para vivir en ambientes acuáticos.
Los plesiosaurios presentaban cuerpos adaptados a la vida en el agua y extremidades transformadas en estructuras similares a aletas. Algunos grupos tenían cuellos extremadamente largos, mientras que otros poseían cuellos considerablemente más cortos. Su registro fósil se extiende durante gran parte del Mesozoico y desaparecieron al final del Cretácico, hace unos 66 millones de años.
La identificación de estos reptiles en Río Negro no es completamente nueva. Investigaciones paleontológicas anteriores ya habían documentado plesiosaurios en distintas localidades de la provincia, incluyendo el área del lago Pellegrini y el Salitral de Santa Rosa. Estudios científicos han identificado allí restos correspondientes a Elasmosauridae y Polycotylidae, dos grupos diferentes de plesiosaurios.
Por eso, el material recuperado durante la campaña de 2026 adquiere importancia dentro de un registro paleontológico mucho más amplio. Su estudio puede ayudar a comparar los nuevos restos con ejemplares encontrados anteriormente y determinar con mayor precisión qué animal los produjo.
La Patagonia no siempre fue como la conocemos hoy
Uno de los aspectos más llamativos de estos descubrimientos es que el paisaje actual de Río Negro es muy diferente del que existía durante el Cretácico.
Hoy, amplias zonas de la provincia están dominadas por ambientes áridos y semiáridos. Sin embargo, las investigaciones geológicas y paleontológicas muestran que hace decenas de millones de años existían allí ambientes acuáticos, ríos, planicies de inundación y zonas con influencia marina.
En el área del lago Pellegrini se han encontrado evidencias de antiguos ambientes asociados a la Formación Allen, una unidad geológica del Cretácico Superior que conserva restos de distintos organismos. Investigaciones anteriores señalan que algunos sectores presentaban condiciones continentales o marino-marginales, mientras que otras unidades de la región registran una influencia marina mucho más marcada.
Esto ayuda a explicar por qué en una misma región pueden encontrarse fósiles de dinosaurios terrestres junto con restos de reptiles asociados a ambientes acuáticos.
Dinosaurios, reptiles marinos y otros animales en un mismo lugar
La campaña realizada cerca del lago Pellegrini permitió recuperar una variedad considerable de materiales.
Entre los fósiles encontrados se registraron restos de saurópodos, dinosaurios herbívoros de cuello largo, además de elementos pertenecientes a terópodos, el grupo que incluye a los dinosaurios carnívoros bípedos. También aparecieron restos de tortugas, cocodrilos y otros organismos.
Los especialistas recuperaron, entre otros elementos, costillas, vértebras caudales y sacras y una fíbula de saurópodo. En el caso de los terópodos se identificaron dientes, una falange y una vértebra sacra.
La diversidad de restos es precisamente uno de los aspectos que convierte al sitio en una fuente importante de información. En lugar de analizar un único animal, los investigadores pueden estudiar diferentes componentes de un ecosistema desaparecido.
¿Por qué los fósiles aparecen desarticulados?
Un detalle importante de la investigación es que muchos de los huesos no fueron encontrados formando esqueletos completos.
Según los investigadores citados por Diario Río Negro, parte del material aparece desarticulado porque el área estuvo asociada en el pasado con ríos de importante caudal y planicies de inundación. El movimiento del agua pudo transportar y dispersar los restos de los animales después de su muerte.
Esto significa que encontrar huesos separados no necesariamente representa un problema para los paleontólogos. Al contrario, la posición, orientación y distribución de cada pieza dentro de las capas de roca pueden aportar información sobre lo que ocurrió después de la muerte del animal.
Por ejemplo, la disposición de los fósiles puede ayudar a determinar si un cadáver permaneció en el lugar donde murió o si fue transportado por corrientes de agua antes de quedar enterrado.
El trabajo no termina cuando se extrae el fósil
Uno de los aspectos menos visibles de la paleontología es que la extracción representa solamente una parte del proceso.
Una vez localizada una pieza, los investigadores deben documentar cuidadosamente su posición antes de retirarla. Después comienza una etapa de preparación en laboratorio, donde se elimina progresivamente la roca que rodea al fósil y se aplican técnicas de conservación.
En el caso de los materiales recuperados en la campaña del lago Pellegrini, los investigadores señalaron que existen numerosos fragmentos cuya identificación requiere un análisis posterior. Algunas piezas podrían corresponder a especies ya conocidas, mientras que otras deberán estudiarse con mayor detalle para establecer su clasificación.
Por esa razón, no sería correcto afirmar que el fósil marino corresponde a una nueva especie. La identificación de una especie nueva requiere comparaciones anatómicas detalladas y, normalmente, una investigación científica formal.
Un registro que ya tenía antecedentes
El descubrimiento de reptiles marinos en Río Negro cuenta con antecedentes científicos que se remontan varias décadas.
Investigaciones paleontológicas realizadas en la provincia han identificado restos de plesiosaurios en localidades como el Salitral de Santa Rosa y el área del lago Pellegrini. Un estudio publicado en Ameghiniana confirmó la presencia de integrantes de los grupos Elasmosauridae y Polycotylidae en depósitos del Cretácico Superior del norte de Patagonia.
Además, investigaciones posteriores han utilizado algunos de estos fósiles para estudiar incluso enfermedades y lesiones que afectaron a estos animales mientras estaban vivos. Una vértebra de plesiosaurio procedente de Río Negro, por ejemplo, presentó alteraciones óseas que fueron analizadas mediante técnicas de estudio anatómico y microtomografía.
Estos trabajos muestran que un fósil puede aportar información mucho más amplia que simplemente identificar qué especie existió en un determinado lugar.
Una ventana al final del Cretácico
La edad aproximada de los materiales encontrados en el área del lago Pellegrini, cercana a los 70 millones de años, sitúa estos restos en los últimos millones de años del Cretácico.
Ese periodo resulta especialmente importante para la paleontología porque permite estudiar los ecosistemas que existían poco antes de la extinción masiva que, hace aproximadamente 66 millones de años, acabó con los dinosaurios no avianos y numerosos otros grupos.
En Río Negro, los investigadores pueden analizar conjuntamente dinosaurios, reptiles, tortugas y otros organismos para reconstruir cómo funcionaban aquellos ecosistemas.
La investigación también permite comprender que la Patagonia no constituía un ambiente uniforme. Diferentes sectores podían presentar ríos, zonas costeras, ambientes continentales y áreas con influencia marina, dependiendo de la época y de las transformaciones geológicas de la región.
El valor científico y patrimonial del descubrimiento
Los fósiles recuperados durante la Campaña Cretácica no solo tienen valor científico. También forman parte del patrimonio paleontológico de Río Negro.
De acuerdo con la información publicada sobre la expedición, existe el compromiso de que las piezas recuperadas permanezcan en la región y sean destinadas al Museo de Cinco Saltos, lo que permitiría conservar los materiales cerca del lugar donde fueron encontrados y facilitar su exhibición y estudio.
El sitio también evidencia la importancia de la colaboración entre investigadores, universidades, museos, instituciones científicas y organismos locales. La campaña reunió especialistas de diferentes instituciones argentinas y contó con la participación de la Universidad China de Hong Kong.
Un pasado que todavía puede revelar nuevas sorpresas
El hallazgo de la vértebra atribuida a un plesiosaurio debe entenderse como una pieza más dentro de un registro paleontológico mucho mayor. Su verdadero valor se conocerá a medida que avance el trabajo de laboratorio y los investigadores puedan determinar con precisión su anatomía, clasificación y relación con otros fósiles de la zona.
Lo que sí está demostrado es que el área del lago Pellegrini conserva una extraordinaria diversidad de fósiles del Cretácico Superior. Dinosaurios, reptiles marinos, tortugas, cocodrilos y otros organismos quedaron registrados en las rocas, ofreciendo a los científicos una oportunidad para reconstruir un paisaje que desapareció hace decenas de millones de años.
El descubrimiento paleontológico en Patagonia vuelve así a demostrar que las rocas de Río Negro funcionan como una especie de archivo natural. Cada vértebra, diente o fragmento recuperado puede aportar una nueva pieza para entender cómo era la vida en Patagonia antes de que el mundo cambiara definitivamente al final del Cretácico.
