Colombia tiene una de las normas sismorresistentes más exigentes de América Latina, pero en la realidad, 3 de cada 4 viviendas no cumplen con un diseño técnico que pueda soportar un sismo.

La fragilidad quedó al descubierto el lunes 10 de agosto a las 7:34 a.m., cuando un temblor de 7,4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó, se convirtió en el más fuerte de este siglo en el país.

El golpe más duro lo sufrieron Chocó, Valle del Cauca, Caldas, Quindío y Risaralda, con más de 330 fallecidos, miles de heridos, cientos de miles de damnificados y más de 240.000 viviendas afectadas.

La causa es de vieja data: construcciones sin supervisión, falta de recursos para contratar mano de obra calificada y poco control en las licencias. La norma ha sido un privilegio de las grandes obras formales, mientras la vivienda popular quedó desprotegida.

Un terremoto no se puede evitar, pero sí se puede evitar que se convierta en tragedia si la prevención se vuelve una obligación real y accesible para todos.