El monitoreo del volcán Popocatépetl se apoya desde hace décadas en una red de instrumentos científicos que permite detectar cambios en su actividad y proporcionar información a las autoridades de protección civil. Esta infraestructura ha sido modernizada en diferentes etapas mediante la incorporación de estaciones sísmicas, sistemas de posicionamiento, cámaras, sensores para gases y otros instrumentos capaces de observar distintos fenómenos asociados al comportamiento volcánico.
Aunque en algunas publicaciones se ha descrito este proceso como una renovación de sensores de alerta sísmica y de monitoreo ambiental, es importante hacer una precisión: el sistema de vigilancia del Popocatépetl no debe confundirse con el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano destinado a advertir sobre terremotos. En el caso del volcán, se trata principalmente de una red de monitoreo volcánico que analiza señales sísmicas, deformaciones, gases, temperatura, imágenes y otros parámetros para conocer la evolución de la actividad del coloso.
La documentación oficial más reciente consultada señala que el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), con apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mantiene una vigilancia permanente del Popocatépetl. En junio de 2026, por ejemplo, el organismo reportó una red compuesta por al menos ocho estaciones sísmicas, cinco equipos GNSS para detectar deformaciones y cuatro cámaras que observan las emisiones del volcán desde diferentes flancos.
Una red construida después del despertar del Popocatépetl
El actual sistema de vigilancia tiene sus antecedentes en la reactivación del Popocatépetl durante la década de 1990.
Después de permanecer durante décadas con una actividad mucho menor, el volcán comenzó a mostrar señales de reactivación. En 1994 se produjo un incremento importante de su actividad y desde entonces el monitoreo se convirtió en una tarea permanente para las instituciones científicas y de protección civil.
La experiencia acumulada durante esos años demostró que observar únicamente los movimientos sísmicos no era suficiente. Un volcán puede mostrar cambios en diferentes variables antes y durante sus episodios de actividad.
Por esa razón, la red fue incorporando progresivamente instrumentos destinados a observar diferentes características del edificio volcánico: vibraciones internas, deformaciones del terreno, emisiones de gases, actividad térmica, condiciones meteorológicas y manifestaciones visibles como columnas de vapor o ceniza.
El propio CENAPRED ha explicado que los cambios en la actividad sísmica, geoquímica, térmica y de deformación pueden aportar información sobre la evolución de un volcán.
La modernización de las estaciones sísmicas
Uno de los procesos más importantes de actualización de la infraestructura se produjo alrededor de 2018 y 2019.
En enero de 2019, la Gaceta de la UNAM informó que el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, en colaboración con el CENAPRED, estaba concluyendo la modernización de las estaciones sísmicas utilizadas para vigilar al Popocatépetl.
El proyecto contemplaba 11 estaciones, capaces de proporcionar información sobre la actividad sísmica y, mediante instrumentos como los sistemas de posicionamiento global, contribuir al análisis de las deformaciones del edificio volcánico. También se incorporaron nuevas cámaras para mejorar la observación del volcán en tiempo real.
La importancia de esta modernización estaba relacionada con la necesidad de concentrar información proveniente de diferentes puntos del volcán y hacerla llegar al centro de monitoreo para su procesamiento.
Los datos permiten a los especialistas comparar las señales registradas en diferentes momentos y determinar si existen modificaciones respecto al comportamiento habitual del Popocatépetl.
¿Qué detectan los sensores sísmicos?
Los sensores sísmicos son una de las piezas fundamentales de la red.
Su función es registrar las vibraciones producidas en el interior del volcán. Estas señales pueden estar relacionadas con el movimiento de fluidos, gases y magma dentro del sistema volcánico.
No todos los movimientos registrados significan que vaya a ocurrir una erupción. Por eso, los especialistas analizan las características de las señales, su duración, frecuencia, amplitud y evolución en el tiempo.
Entre los fenómenos que pueden observarse mediante la sismología volcánica se encuentran diferentes tipos de sismos y episodios de tremor.
La información sísmica también se analiza junto con otros datos. Una modificación registrada por un sismómetro adquiere un significado diferente cuando coincide, por ejemplo, con deformaciones del terreno, cambios en las emisiones de gases o anomalías térmicas.
Ese análisis conjunto es uno de los principios fundamentales del monitoreo volcánico moderno.
El papel de los sistemas GNSS y la deformación del volcán
Otra de las tecnologías incorporadas y fortalecidas en las diferentes etapas de modernización son los sistemas GNSS, conocidos comúnmente por su utilización para posicionamiento satelital.
En el caso del Popocatépetl, estos instrumentos permiten detectar desplazamientos extremadamente pequeños en distintos puntos de la estructura volcánica.
La razón es sencilla: cuando el magma y los fluidos se desplazan dentro del sistema volcánico, pueden producir cambios de presión capaces de modificar ligeramente la forma o posición de determinadas zonas del edificio.
Por sí sola, una pequeña deformación no significa necesariamente que vaya a producirse una erupción. Sin embargo, cuando los especialistas detectan cambios significativos y los comparan con otras señales, la información puede ayudar a comprender lo que está ocurriendo dentro del volcán.
El reporte de CENAPRED correspondiente a junio de 2026 señala que actualmente se utilizan cinco equipos GNSS de medición continua para detectar deformaciones en la estructura del Popocatépetl.
Cámaras para observar el volcán las 24 horas
La observación visual también es una parte esencial del sistema.
Las cámaras permiten conocer si existe una columna de vapor, gases o ceniza, además de registrar explosiones y otros fenómenos visibles.
La actualización de las cámaras fue una de las medidas mencionadas durante la modernización de 2019. En aquel momento, la UNAM explicó que las nuevas cámaras permitían complementar la vigilancia y obtener una visión más completa del volcán en tiempo real.
Actualmente, CENAPRED mantiene cámaras distribuidas en distintos sectores para observar las emisiones desde diferentes ángulos.
Esto resulta especialmente importante porque una única cámara puede tener limitaciones debido a la nubosidad, la iluminación o la orientación de las emisiones.
¿Y qué ocurre con la tecnología infrarroja?
La tecnología térmica también tiene un papel relevante en la vigilancia del Popocatépetl, aunque debe diferenciarse de los sensores sísmicos.
Las imágenes térmicas permiten detectar diferencias de temperatura y anomalías que pueden estar relacionadas con procesos dentro del cráter.
En su reporte de actividad correspondiente a junio de 2026, CENAPRED señaló que mediante imágenes satelitales se habían identificado anomalías térmicas persistentes en el fondo del cráter interno, asociadas con la formación y destrucción de pequeños domos de lava.
La observación mediante tecnología térmica también puede realizarse desde satélites.
La UNAM ha explicado que diferentes satélites proporcionan información complementaria: algunos permiten estudiar deformaciones del terreno, otros utilizan bandas visibles e infrarrojas para observar radiación térmica y otros permiten analizar gases volcánicos como el dióxido de azufre.
Esto permite ampliar la vigilancia más allá de lo que pueden registrar las estaciones instaladas directamente alrededor del volcán.
El monitoreo de gases también es importante
Otra de las líneas de modernización ha sido el monitoreo de gases volcánicos.
Los gases son importantes porque su composición y cantidad pueden cambiar cuando se modifican las condiciones dentro del sistema volcánico.
En 2019, la UNAM informó que se estaba modernizando la red de sistemas remotos para la medición de gases del Popocatépetl. En ese momento ya existían tres estaciones y se contemplaba la instalación de una o dos adicionales.
Uno de los gases de mayor interés es el dióxido de azufre (SO₂), debido a que su presencia puede utilizarse como uno de los indicadores para estudiar la actividad volcánica.
La medición puede realizarse mediante instrumentos terrestres y también mediante observaciones satelitales.
Investigaciones científicas han demostrado que el uso combinado de mediciones terrestres y datos obtenidos mediante sensores satelitales infrarrojos puede proporcionar series de información sobre las emisiones de SO₂ del Popocatépetl.
Una red que no depende de un solo sensor
Una de las principales características del sistema mexicano de vigilancia volcánica es precisamente que no depende de un único tipo de instrumento.
La información se obtiene mediante diferentes tecnologías:
- Sismómetros: registran las vibraciones y sismos asociados con la actividad volcánica.
- GNSS: permiten identificar deformaciones de la estructura del volcán.
- Cámaras: observan columnas de vapor, gases, ceniza y explosiones.
- Sensores y mediciones de gases: permiten estudiar cambios en las emisiones volcánicas.
- Tecnología térmica: identifica anomalías de temperatura y otros fenómenos asociados con el cráter.
- Información satelital: complementa las mediciones realizadas desde tierra.
- Estaciones meteorológicas: proporcionan información sobre las condiciones ambientales que pueden influir en la dispersión de ceniza y otros productos.
La ficha técnica de un proyecto preventivo del CENAPRED muestra precisamente esta concepción integral de la red, con instrumentos visuales, sísmicos, GNSS, infrasónicos, meteorológicos y detectores de lahares, además de la propuesta de fortalecer especialmente el monitoreo geoquímico, térmico y geodésico.
¿Qué significa esto para la población?
Toda esta información tiene un objetivo fundamental: mejorar la capacidad de las autoridades para detectar cambios y evaluar escenarios de actividad volcánica.
Los instrumentos no funcionan como una especie de «bola de cristal» capaz de indicar exactamente cuándo ocurrirá una erupción. Su función es proporcionar datos que permitan a los especialistas identificar cambios en el comportamiento del volcán y evaluar su evolución.
Por eso es tan importante combinar diferentes fuentes.
Un incremento de la actividad sísmica puede analizarse junto con la deformación del edificio volcánico, las emisiones de gases, las imágenes de las cámaras y las anomalías térmicas.
La información resultante es analizada por especialistas y posteriormente puede utilizarse para generar reportes y recomendaciones para las autoridades de protección civil.
El monitoreo continúa las 24 horas
La importancia de esta infraestructura se mantiene vigente en 2026.
El reporte oficial de CENAPRED de junio señaló que el Popocatépetl continúa bajo vigilancia permanente y que los datos de sus instrumentos son procesados y analizados para identificar cambios en el comportamiento del volcán.
Además, los reportes diarios de septiembre de 2026 muestran que el sistema continúa funcionando de manera permanente.
En el reporte correspondiente al 16 de septiembre, CENAPRED informó de 163 exhalaciones de baja intensidad y 238 minutos de secuencias de exhalaciones, acompañadas de vapor de agua y otros gases volcánicos. El organismo mantuvo el Semáforo de Alerta Volcánica en Amarillo Fase 2 y señaló que el monitoreo se realiza coordinadamente con la UNAM.
Estos datos muestran por qué la red de instrumentos resulta fundamental: permite mantener un seguimiento continuo incluso cuando las manifestaciones del volcán son relativamente pequeñas.
Una precisión importante sobre la supuesta renovación de estaciones hidrogeológicas e infrarrojas
Aunque el planteamiento de la noticia habla de una renovación de «estaciones de medición hidrogeológica e infrarroja», la documentación oficial disponible no permite afirmar que en septiembre de 2026 se haya anunciado una renovación específica con esas características.
Lo que sí está documentado es un proceso de modernización que se ha desarrollado durante varios años y que incluye estaciones sísmicas, sistemas GNSS, cámaras, monitoreo de gases, instrumentos térmicos y diferentes herramientas de observación.
También existen antecedentes de mediciones relacionadas con agua, temperatura y otros parámetros ambientales en el entorno volcánico. CENAPRED documentaba desde años anteriores estaciones destinadas a diferentes variables, mientras que los proyectos de modernización plantearon ampliar el monitoreo geoquímico, térmico y geodésico.
Por ello, presentar todo el proceso como si se tratara de una renovación nueva y exclusiva de «sensores hidrogeológicos e infrarrojos» podría dar una impresión equivocada sobre el alcance y la fecha de las actuaciones.
El Popocatépetl sigue siendo uno de los volcanes más vigilados de México
El Popocatépetl representa uno de los principales ejemplos de cómo la tecnología puede integrarse a la gestión del riesgo volcánico.
Desde la reactivación de la década de 1990, la infraestructura ha evolucionado desde una red centrada principalmente en la sismicidad hacia un sistema mucho más amplio, capaz de combinar información sísmica, geodésica, visual, térmica, geoquímica y satelital.
Las mejoras tecnológicas tampoco significan que el comportamiento del volcán pueda predecirse con absoluta certeza. Su función es aumentar la cantidad y calidad de información disponible para que los especialistas puedan detectar cambios y proporcionar información oportuna.
En 2026, esa vigilancia continúa siendo necesaria. El Popocatépetl permanece en Amarillo Fase 2, mientras CENAPRED mantiene la observación permanente y recomienda respetar el radio de exclusión de 12 kilómetros alrededor del cráter.
En definitiva, la modernización de la infraestructura de monitoreo volcánico en México representa un proceso continuo. Más que depender de un solo sensor, el sistema busca integrar diferentes tecnologías para obtener una visión cada vez más completa de lo que sucede dentro y alrededor del Popocatépetl.
