En 2007, una mujer falleció a los 53 años producto de un derrame cerebral y quiso regalarle vida a quien lo necesitase. Donó sus riñones, pulmones e hígado y fueron trasplantados a cuatro pacientes diferentes. Sin embargo, varios meses después, la sorpresa de los médicos fue para mal cuando descubrieron que los cuatro receptores fueron diagnosticados con cáncer de mama y tres de ellos habían fallecido. Los doctores no se habían percatado de que la donante padecía un cáncer de mama metastásico no diagnosticado al morir. Ninguno de los exámenes realizados antes de su fallecimiento lo había advertido, por lo que, aún realizando un gran gesto de generosidad, las consecuencias de su acto fueron mortales.

Por Oscar Paz