Irán volvió a colocar el Memorando de Islamabad en el centro de las negociaciones para intentar reducir las tensiones que afectan al tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y las rutas que conectan el golfo Pérsico con el golfo de Omán.
La posición expresada por Teherán consiste, principalmente, en exigir que Estados Unidos regrese a los compromisos asumidos en el acuerdo alcanzado en junio de 2026. El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi, ha señalado que el cumplimiento de esos compromisos permitiría avanzar hacia una recuperación de las condiciones normales en la región.
Al mismo tiempo, Irán y Omán han mantenido conversaciones para establecer mecanismos temporales de tránsito marítimo. La situación tiene una importancia que va mucho más allá de las relaciones entre estos países: el estrecho de Ormuz es uno de los principales puntos de paso para el petróleo, el gas natural licuado y otras mercancías que abastecen los mercados internacionales.
¿Qué es el Memorando de Islamabad?
El Memorando de Entendimiento de Islamabad fue suscrito en junio de 2026 entre Estados Unidos e Irán, con Pakistán como mediador y testigo del proceso.
El documento estableció un marco provisional para detener las operaciones militares, reducir las tensiones entre Washington y Teherán y avanzar hacia negociaciones posteriores. Uno de sus puntos más importantes está relacionado con el tráfico comercial a través del estrecho de Ormuz.
El texto establecía que Irán realizaría sus mayores esfuerzos para garantizar durante 60 días el paso seguro y sin cobros de los buques comerciales entre el golfo Pérsico y el mar de Omán. También contemplaba conversaciones con Omán y otros Estados ribereños para determinar la futura administración de la navegación y los servicios marítimos en el estrecho.
El acuerdo, sin embargo, no consiguió consolidarse como una solución permanente. Las partes comenzaron a acusarse mutuamente de incumplir sus compromisos y las hostilidades volvieron a afectar la navegación.
Irán reclama el regreso de Estados Unidos al acuerdo
La precisión es importante: la posición expresada por el Gobierno iraní no es simplemente que Teherán quiera «volver» unilateralmente al memorando, sino que Irán está reclamando que Estados Unidos regrese a los compromisos asumidos en junio.
El 8 de septiembre, Araghchi afirmó que el regreso de Washington al cumplimiento del Memorando de Islamabad permitiría recuperar condiciones normales en la región. Según el canciller iraní, la situación actual es consecuencia del incumplimiento de compromisos que Teherán atribuye a Estados Unidos.
Días después, el 13 de septiembre, Araghchi señaló que la reapertura del estrecho de Ormuz estaba condicionada por el regreso estadounidense a los compromisos del memorando. También indicó que las conversaciones entre Irán y Omán buscaban establecer una nueva ruta marítima temporal.
La exigencia volvió a aparecer el 19 de septiembre, cuando un portavoz del Ministerio del Interior iraní sostuvo que Teherán esperaba que Washington respetara los términos del acuerdo negociado en junio y que los esfuerzos diplomáticos continuaban para regresar al Memorando de Islamabad.
Irán y Omán negocian una ruta temporal
Mientras continúan las diferencias entre Washington y Teherán, Irán y Omán han mantenido conversaciones sobre el futuro de la navegación.
En septiembre, el Gobierno iraní informó que las negociaciones con Omán habían registrado avances importantes para determinar una ruta temporal de tránsito a través de Ormuz.
El objetivo es encontrar mecanismos que permitan recuperar parte del movimiento comercial mientras se intenta resolver el conflicto político y militar de fondo. Araghchi ha señalado que las conversaciones entre ambos países también contemplan mecanismos para la futura administración del estrecho.
Esta discusión tiene antecedentes directos en el acuerdo de junio. El 23 de junio, Irán y Omán emitieron una declaración conjunta en la que reafirmaron su compromiso con el tránsito seguro por el estrecho y acordaron continuar las conversaciones mediante un grupo de trabajo integrado por sus respectivos ministerios de Exteriores.
Ambos países también plantearon discutir la administración futura de la navegación, los servicios marítimos y los costos asociados, siempre bajo las normas internacionales y respetando la soberanía de los Estados ribereños.
¿Por qué el estrecho de Ormuz es tan importante?
El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y, posteriormente, con el mar Arábigo y el océano Índico.
Su importancia económica deriva de que una enorme cantidad de productos energéticos procedentes de países como Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar e Irán depende de esta vía para llegar a los mercados internacionales.
La Agencia de Información Energética de Estados Unidos ha señalado que aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado transitó por Ormuz en 2024. Catar es especialmente dependiente de esta ruta para sus exportaciones de gas.
UNCTAD, por su parte, ha señalado que el estrecho concentra aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo y también es utilizado para transportar gas natural licuado y fertilizantes.
Por esa razón, cualquier interrupción prolongada puede producir consecuencias que rápidamente trascienden las fronteras de Irán y Omán.
El tráfico marítimo continúa muy por debajo de los niveles normales
Aunque durante algunos momentos se produjo una recuperación del tráfico tras el acuerdo de junio, la navegación volvió a deteriorarse con el recrudecimiento de las tensiones.
Según información publicada por Reuters el 21 de septiembre, durante ese fin de semana únicamente 17 buques de carga atravesaron el estrecho, frente a 37 durante el fin de semana anterior y muy por debajo de un promedio previo al conflicto de aproximadamente 125 buques diarios.
La reducción del tránsito demuestra que el problema no consiste únicamente en si existe formalmente una ruta disponible. Las compañías navieras también deben evaluar los riesgos de seguridad, los seguros, los costos de combustible y la posibilidad de que sus embarcaciones sufran ataques o queden atrapadas en una zona de conflicto.
Los costos del transporte marítimo se han disparado
Una de las consecuencias económicas más importantes de la crisis es el aumento de los costos asociados al transporte de mercancías.
Cuando una ruta estratégica se vuelve insegura, las compañías pueden optar por rutas alternativas, realizar transbordos entre buques o utilizar medidas especiales de protección. Todas esas alternativas incrementan el costo final de transportar los productos.
Reuters informó en septiembre que las operaciones de transferencia de petróleo entre buques frente a las costas de Omán habían aumentado considerablemente. Aunque estos mecanismos han permitido mantener parte del flujo de crudo, también han incrementado los costos del transporte.
UNCTAD también ha advertido que las interrupciones en Ormuz han provocado aumentos en los fletes de los buques petroleros, las primas de seguros contra riesgos de guerra y los costos del combustible marítimo.
El impacto sobre el petróleo y los combustibles
La situación de Ormuz tiene una relación directa con el precio internacional del petróleo.
El Fondo Monetario Internacional explicó que el conflicto llegó a interrumpir aproximadamente 20 millones de barriles diarios de crudo y productos refinados que normalmente circulaban por la zona. Aunque otros productores y las reservas internacionales ayudaron a compensar una parte del impacto, el organismo advirtió que los márgenes de seguridad del mercado se redujeron.
La Administración de Información Energética estadounidense también documentó que las interrupciones durante el segundo trimestre de 2026 contribuyeron a una mayor volatilidad del petróleo. El Brent llegó a alcanzar los 118 dólares por barril el 29 de abril, antes de descender posteriormente.
Esto es importante para países que dependen de combustibles importados, porque un aumento internacional del petróleo puede trasladarse a los costos de transporte, producción, electricidad, alimentos y otros bienes.
¿Qué efectos económicos tiene la crisis para Irán?
Para Irán, mantener abierto y operativo el corredor marítimo tiene una importancia económica especialmente elevada.
Una disminución del tráfico puede dificultar la exportación de petróleo y otras mercancías, aumentar los costos de transporte y limitar el acceso a mercados internacionales.
Además, una economía sometida a sanciones y restricciones comerciales tiene menos posibilidades de sustituir rápidamente una ruta marítima estratégica por alternativas equivalentes.
El FMI proyectó en julio que la economía iraní tendría una contracción de 5,4 % en 2026, aunque esa previsión incorporaba múltiples factores y no puede atribuirse exclusivamente al estado del estrecho de Ormuz. El organismo también señaló que la evolución de las exportaciones de petróleo y las restricciones comerciales estaban influyendo en las perspectivas económicas del país.
Por eso, una normalización del tránsito marítimo podría contribuir a reducir costos y mejorar las condiciones comerciales, aunque por sí sola no solucionaría los problemas estructurales de la economía iraní.
Una crisis que también afecta al resto del mundo
El problema no se limita a los países del golfo Pérsico.
Cuando se interrumpe una ruta por la que circulan grandes cantidades de energía, las consecuencias pueden aparecer en mercados ubicados a miles de kilómetros.
Las empresas compradoras tienen que buscar proveedores alternativos, pagar mayores costos de transporte o competir por cargamentos disponibles en otras regiones.
El FMI ha advertido que los países importadores de energía son especialmente vulnerables a este tipo de perturbaciones. El organismo también señaló que el aumento de los precios de la energía puede alimentar la inflación y afectar el crecimiento económico.
El gas natural licuado constituye otro punto sensible. La EIA indicó que las interrupciones de 2026 afectaron aproximadamente al 20 % de los suministros mundiales de gas natural licuado, principalmente debido a la reducción de los envíos desde Catar.
¿Qué significa esto para Colombia?
Aunque Colombia no está directamente involucrada en la disputa entre Irán, Estados Unidos y Omán, una crisis prolongada en Ormuz puede tener efectos indirectos sobre la economía colombiana.
Colombia participa en los mercados internacionales de combustibles, alimentos, materias primas, maquinaria y otros bienes. Por eso, cuando aumentan los costos internacionales de energía y transporte, algunos de esos incrementos pueden terminar trasladándose a empresas y consumidores.
Además, un petróleo internacional más caro puede tener efectos diferentes dependiendo de la posición de cada país. Colombia es productor de petróleo, pero también importa combustibles y otros bienes relacionados con la energía. El resultado final depende de factores como los precios internacionales, la tasa de cambio, la producción nacional y los mecanismos internos de formación de precios.
¿Por qué es importante comprar productos colombianos?
Aquí es necesario hacer una precisión: importar no es necesariamente malo para Colombia.
Las importaciones permiten adquirir maquinaria, tecnología, materias primas, medicamentos, componentes industriales y productos que no se producen suficientemente en el país. De hecho, muchas empresas colombianas necesitan insumos importados para poder producir y exportar.
El problema aparece cuando las importaciones sustituyen de manera significativa a productos nacionales que podrían producirse competitivamente en Colombia, especialmente si se trata de bienes que cuentan con una oferta local suficiente.
En esos casos, una mayor demanda por productos nacionales puede generar varios efectos:
- Mantener ingresos dentro de la economía colombiana. Cuando una persona compra un producto fabricado en Colombia, una parte del dinero puede circular entre productores, trabajadores, transportadores, comerciantes y proveedores nacionales.
- Apoyar el empleo nacional. Las empresas que venden más pueden aumentar su producción y, dependiendo de sus condiciones, requerir más trabajadores o proveedores.
- Fortalecer las empresas colombianas. Una demanda interna estable puede facilitar inversiones en maquinaria, tecnología, capacitación e innovación.
- Reducir ciertas vulnerabilidades externas. Contar con producción nacional en sectores estratégicos puede disminuir la dependencia de proveedores extranjeros ante crisis internacionales, problemas logísticos o aumentos de costos.
- Impulsar las cadenas productivas. Un producto aparentemente sencillo puede involucrar agricultores, fabricantes de envases, transportadores, distribuidores, comercios y otros servicios nacionales.
Sin embargo, esto no significa que Colombia deba dejar de importar. Si un producto extranjero es un insumo esencial para fabricar otro producto nacional, prohibirlo o encarecerlo artificialmente podría terminar perjudicando a la propia industria colombiana.
La cuestión económica está en encontrar un equilibrio entre aprovechar el comercio internacional y fortalecer una producción nacional capaz de competir en precio, calidad e innovación.
Colombia registra un aumento importante de las importaciones
Los datos más recientes del DANE muestran que las compras externas colombianas aumentaron durante 2026.
En julio, las importaciones alcanzaron US$7.968,1 millones CIF, un aumento de 22,9 % frente a julio de 2025. El principal componente fueron las manufacturas, que representaron el 72,5 % del valor total importado durante ese mes.
Durante el mismo mes, las exportaciones colombianas llegaron a US$4.690,7 millones FOB, con un crecimiento anual de 5,9 %.
La diferencia entre ambos valores contribuyó a un déficit de la balanza comercial de US$2.797,8 millones FOB en julio de 2026, superior al déficit de US$1.694,2 millones registrado en julio de 2025.
Estos datos no permiten concluir que todas las importaciones sean perjudiciales. Sí muestran, sin embargo, la importancia de observar simultáneamente cuánto compra Colombia al exterior, cuánto vende al resto del mundo y qué tipo de productos están detrás de esas operaciones.
El vínculo entre una crisis marítima y los consumidores colombianos
La situación de Ormuz permite observar por qué las economías están conectadas.
Un conflicto en Medio Oriente puede reducir la disponibilidad de petróleo y gas, elevar los costos de transporte marítimo y aumentar los seguros de carga. Estos cambios pueden afectar los precios internacionales.
Posteriormente, las empresas que dependen de combustibles, materias primas o mercancías transportadas internacionalmente pueden enfrentar mayores costos. Parte de esos costos puede trasladarse a los precios finales.
Para Colombia, fortalecer la producción nacional de bienes que pueden fabricarse competitivamente puede funcionar como una forma de aumentar la capacidad de respuesta ante perturbaciones externas. Pero esa estrategia debe combinarse con acceso a insumos y tecnología importados cuando estos sean necesarios para que las empresas colombianas puedan producir.
China también pide volver al Memorando de Islamabad
El llamado a recuperar el acuerdo no procede exclusivamente de Teherán.
El 16 de septiembre, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, pidió a Estados Unidos e Irán regresar al Memorando de Islamabad y reconstruir el mecanismo de negociación que había surgido del acuerdo de junio.
China también pidió que se adopten medidas para reabrir el estrecho de Ormuz y mantener abiertas y seguras las rutas internacionales, debido a la importancia del corredor para el transporte de energía y las cadenas mundiales de suministro.
Pakistán, que participó como mediador del acuerdo, también ha impulsado el regreso de las partes a las negociaciones. Su embajador ante Naciones Unidas señaló en septiembre que Islamabad continuaba presionando para que Washington y Teherán regresaran al proceso.
Una solución diplomática sigue siendo clave para recuperar el comercio
El problema del estrecho de Ormuz demuestra que la seguridad marítima es también un asunto económico.
Mientras persista la incertidumbre, las compañías navieras deberán incorporar mayores riesgos a sus operaciones, los mercados energéticos pueden permanecer volátiles y los países importadores pueden enfrentar mayores costos.
Por eso, la búsqueda de un mecanismo estable de navegación es relevante tanto para Irán y Omán como para los grandes compradores de energía de Asia, Europa y otras regiones.
El Memorando de Islamabad representa actualmente uno de los principales marcos diplomáticos alrededor del cual se discute una posible reducción de las tensiones. Sin embargo, su aplicación continúa siendo objeto de disputas entre las partes y no existe todavía una normalización completa del tráfico marítimo.
A septiembre de 2026, Irán mantiene la exigencia de que Estados Unidos regrese a los compromisos asumidos en junio, mientras Teherán y Mascate continúan negociando mecanismos de tránsito. Al mismo tiempo, el tráfico por Ormuz permanece considerablemente por debajo de los niveles anteriores al conflicto.
La evolución de estas negociaciones será determinante no solo para la seguridad del golfo de Omán y el estrecho de Ormuz, sino también para los mercados internacionales de energía, los costos del transporte marítimo y las cadenas globales de suministro.
