Álvaro Montero vivió esta semana los días más importantes de su carrera: el arquero guajiro de 31 años que comenzó con botines deteriorados en Colombia, que pasó por Cúcuta, Tolima, Millonarios y Vélez acumulando cinco títulos colombianos y la Supercopa argentina, debutó el miércoles en La Bombonera ante O’Higgins por la Copa Sudamericana con una actuación sobria que incluyó una atajada determinante a quemarropa para mantener la valla invicta en la victoria 1-0 del Xeneize. Apenas días después de firmar su contrato, Arruabarrena tomó la decisión de ponerlo de titular por encima de Leandro Brey que había sido el arquero del primer semestre, una apuesta de confianza total en el colombiano que Óscar Córdoba había recomendado a Riquelme definiéndolo como un arquero de ocho o nueve puntos. El peculiar gesto de flexionar el dedo índice ante la cámara antes del partido generó intriga en Argentina hasta que el propio Montero explicó que es su sello personal de hace años.

Esta noche en el Guillermo Laza Montero afronta su segundo partido con Boca y el primero en la Liga Profesional, con el desafío adicional de que Riestra es un equipo que convierte su estadio en una fortaleza donde los grandes sufren. El colombiano llega con el nivel más alto de su carrera encima: en Vélez tuvo un aproveitamento del 88% en sus atajadas con rating de 7.69 promedio durante el Apertura, y la valla invicta ante O’Higgins fue la confirmación de que llegó a Boca con la confianza y la forma física perfectas. Para la hinchada xeneize que conoce la historia de Óscar Córdoba como el mejor arquero colombiano en pasar por La Bombonera, Montero tiene la oportunidad de empezar a construir su propio legado esta noche en el Guillermo Laza.