El número de empresas empleadoras se ha reducido de manera sostenida desde el inicio de la actual administración. La contracción afecta especialmente a sectores vinculados al comercio, la construcción, la industria y los servicios.
El tejido empresarial argentino atraviesa uno de sus períodos más complejos de las últimas décadas. Datos recopilados por el centro de estudios Fundar, a partir de registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), muestran que la cantidad de empresas con trabajadores registrados viene disminuyendo desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, en diciembre de 2023.
El último informe disponible de Fundar señala que, entre noviembre de 2023 y abril de 2026, se perdieron 28.262 empresas, equivalente a una reducción del 5,5 %. En abril solamente dejaron de registrarse 1.814 firmas frente al mes anterior, mientras que la caída interanual alcanzó las 14.338 empresas.
Es importante precisar que estas cifras no significan necesariamente que cada empresa haya declarado formalmente una quiebra. La metodología de Fundar contabiliza como empresa a las personas físicas o jurídicas que tienen al menos un trabajador registrado. Por ello, la disminución también puede reflejar cierres, bajas de empleadores o pérdida del empleo formal.
¿Por qué están desapareciendo empresas?
El fenómeno tiene varias explicaciones y no puede atribuirse a un solo factor. El programa económico de Milei comenzó con un fuerte ajuste fiscal, una reducción del gasto público y un proceso de estabilización macroeconómica. El Gobierno sostiene que estas medidas eran necesarias para corregir los desequilibrios acumulados y crear las condiciones para una recuperación sostenible. El propio presidente ha defendido que su gestión consiguió avanzar en el orden de las cuentas públicas y en reformas estructurales.
Sin embargo, desde la perspectiva de sectores productivos y centros de análisis críticos de la política económica, el proceso de ajuste tuvo un fuerte impacto sobre la demanda interna. La reducción del consumo, el encarecimiento de determinados costos y las dificultades para algunas empresas pequeñas y medianas habrían reducido sus márgenes de operación.
Fundar también identifica diferencias importantes entre sectores. En abril de 2026, por ejemplo, 11 de los 18 sectores analizados registraron una disminución mensual, mientras que alojamiento y gastronomía presentó una de las mayores contracciones, con una caída del 3,7 %. Desde el comienzo del Gobierno, 14 de los 18 sectores habían reducido su cantidad de empresas.
Otro elemento relevante es la apertura comercial. Una mayor competencia de productos importados puede beneficiar a los consumidores mediante precios más bajos, pero también representa un desafío para empresas locales que tienen costos de producción elevados y menor capacidad para competir con bienes provenientes del exterior.
El otro lado de la discusión
La caída empresarial ocurre en un contexto en el que algunos indicadores macroeconómicos muestran señales diferentes. El Gobierno argentino destaca la reducción de la inflación, el equilibrio fiscal y la recuperación de determinadas actividades como señales de que su programa económico está funcionando.
Los datos oficiales del INDEC también muestran una economía con resultados mixtos: en el primer trimestre de 2026 la tasa de desocupación fue de 7,8 %, mientras que el estimador mensual de actividad económica registró una variación negativa de 0,5 % en mayo. Al mismo tiempo, algunos sectores y regiones presentan mejores resultados que otros.
Por eso, el debate en Argentina no se limita a determinar cuántas empresas cerraron, sino a establecer qué tipo de economía está surgiendo después del ajuste. Para el Gobierno, la desaparición de empresas poco competitivas puede formar parte de una transformación hacia una economía más eficiente y abierta. Para sus críticos, el ritmo de cierres revela que el costo del ajuste está recayendo de manera considerable sobre las pequeñas y medianas empresas y el empleo formal.
En definitiva, la reducción del número de empresas es un dato comprobable, pero su interpretación sigue siendo motivo de fuerte disputa política y económica. La evolución de la inversión, el consumo, el empleo y la creación de nuevas empresas será determinante para saber si la actual contracción constituye una etapa transitoria de reorganización o un deterioro prolongado del aparato productivo argentino.
