En el corregimiento Cruces, jurisdicción de Obando, se registró un nuevo hecho de violencia que dejó como víctima a Jhonier Andrés Araque, de 34 años. El hombre fue atacado con varios disparos mientras se desplazaba por la vía que conecta este sector con el municipio de Cartago, en el norte del Valle del Cauca.
El apellido Araque ya había aparecido en panfletos digitales difundidos en la zona, donde se mencionaban nombres de personas señaladas por grupos armados. La presencia de su nombre en dichos listados genera inquietud sobre posibles amenazas previas y el contexto en el que se produjo el crimen.
De acuerdo con las primeras versiones, sujetos armados interceptaron a Araque y le dispararon en repetidas ocasiones, sin darle oportunidad de escapar. El ataque se produjo en un tramo de la vía terciaria, generando alarma entre los habitantes de la región, quienes han manifestado preocupación por la creciente inseguridad y la circulación de mensajes intimidatorios en medios digitales.
Las autoridades locales y organismos de investigación hicieron presencia en el lugar para adelantar los actos urgentes, realizar la inspección técnica del cadáver y recopilar pruebas que permitan esclarecer lo sucedido. El levantamiento del cuerpo estuvo acompañado de labores de verificación en la zona, mientras se busca establecer si el crimen guarda relación con las amenazas consignadas en los panfletos.
El homicidio de Jhonier Andrés Araque se suma a la serie de hechos violentos que han golpeado al norte del Valle del Cauca, una región marcada por la presencia de estructuras criminales y disputas territoriales. La comunidad de Obando, que ya había expresado temor por la difusión de listados con nombres de posibles objetivos, enfrenta ahora la confirmación de que esas advertencias pueden materializarse en ataques directos.
La consternación es evidente entre familiares, vecinos y habitantes del corregimiento Cruces, quienes reclaman mayor presencia institucional y acciones contundentes para frenar la violencia. El asesinato de Araque no solo enluta a su entorno cercano, sino que también refuerza la percepción de vulnerabilidad en un territorio donde la intimidación y el miedo se han convertido en parte de la cotidianidad.
Las investigaciones continúan bajo la dirección de la Fiscalía y la Policía Nacional, con el propósito de identificar a los responsables y esclarecer los móviles del crimen. Mientras tanto, la comunidad permanece en alerta, consciente de que la seguridad en la región depende de la capacidad de las autoridades para enfrentar las amenazas y garantizar la tranquilidad de los habitantes.
