Las profundidades del océano esconden una de las grandes incógnitas de la biología marina: ¿por dónde se desplazan las ballenas azules cuando abandonan sus zonas de alimentación y emprenden largas migraciones?
La pregunta es especialmente compleja en el Pacífico Sur. La ballena azul (Balaenoptera musculus) es un animal pelágico, altamente migratorio y capaz de recorrer enormes distancias en aguas oceánicas donde las observaciones directas son escasas. A diferencia de especies costeras que pueden ser monitoreadas desde embarcaciones con relativa frecuencia, estos gigantes pueden pasar largos periodos lejos de la superficie y desplazarse por áreas de difícil acceso.
En ese contexto, la bioacústica se ha convertido en una de las herramientas más importantes para estudiar sus movimientos. Los investigadores utilizan hidrófonos, dispositivos capaces de registrar sonidos bajo el agua, para detectar las vocalizaciones de las ballenas y determinar cuándo están presentes en una determinada región.
El método no permite observar directamente cada animal ni dibujar automáticamente una ruta migratoria completa, pero sí puede proporcionar una enorme cantidad de información sobre la presencia, distribución y comportamiento temporal de las poblaciones. Investigaciones realizadas durante años en el Pacífico y otros océanos han demostrado que las vocalizaciones de las ballenas azules pueden detectarse a grandes distancias y utilizarse para estudiar patrones estacionales.
¿Qué son los hidrófonos y por qué son importantes?
Un hidrófono es, en términos sencillos, el equivalente submarino de un micrófono. En lugar de registrar sonidos en el aire, transforma las variaciones de presión producidas por las ondas acústicas bajo el agua en señales que posteriormente pueden almacenarse y analizarse.
Los sistemas modernos pueden instalarse en el fondo marino, mantenerse suspendidos en la columna de agua, incorporarse a vehículos autónomos o instalarse en boyas que permanecen en la superficie mientras un sensor se encuentra sumergido.
Esta última alternativa resulta particularmente interesante para investigaciones en zonas oceánicas extensas. El Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico de la NOAA ha desarrollado y utilizado sistemas acústicos móviles, incluidos hidrófonos instalados en boyas a la deriva, para ampliar la cobertura espacial de las investigaciones sobre sonidos del océano y vocalizaciones de cetáceos.
La ventaja principal es que el equipo puede permanecer registrando durante periodos prolongados sin que los investigadores tengan que mantener una embarcación junto al animal. Esto reduce costos y permite obtener información durante la noche, en condiciones meteorológicas adversas y en lugares donde realizar observaciones visuales sería prácticamente imposible.
Las ballenas azules “hablan” a frecuencias muy bajas
Uno de los aspectos que hace especialmente útil la acústica para estudiar a las ballenas azules es la naturaleza de sus vocalizaciones.
Los sonidos producidos por estos cetáceos pueden encontrarse en frecuencias muy bajas, algunas de ellas por debajo del rango de audición humana. En el caso de determinadas vocalizaciones de ballena azul antártica se han descrito componentes alrededor de los 20 a 30 Hz, aunque las características varían de acuerdo con el tipo de vocalización y la población estudiada.
Estos sonidos pueden propagarse a grandes distancias en determinadas condiciones oceanográficas. Por ello, un hidrófono situado a varios kilómetros de una ballena puede llegar a registrar sus vocalizaciones incluso cuando el animal no se encuentra a la vista.
La NOAA mantiene, por ejemplo, registros acústicos de vocalizaciones de ballenas azules procedentes de diferentes regiones del Pacífico y utiliza representaciones espectrográficas para estudiar sus características.
El análisis de estos registros permite identificar patrones repetitivos, comparar llamadas entre regiones y determinar en qué momentos del año aumenta o disminuye la presencia acústica de determinadas poblaciones.
El Pacífico Sur sigue siendo una pieza fundamental del rompecabezas
La distribución de las ballenas azules en el hemisferio sur es mucho más compleja de lo que podría sugerir el tradicional modelo de migración entre aguas frías de alimentación y regiones tropicales o subtropicales de reproducción.
Durante años, los científicos han encontrado evidencias de diferentes poblaciones acústicas y movimientos entre regiones del océano Índico y el Pacífico.
Un estudio que analizó vocalizaciones registradas entre 2009 y 2012 examinó información procedente de sitios separados por aproximadamente 7.370 kilómetros en el océano Índico suroriental y el Pacífico suroccidental. Los investigadores identificaron diferentes tipos de llamadas asociados con poblaciones acústicas y detectaron ballenas azules en áreas donde anteriormente existía poca información. Entre los lugares identificados se encontraban el mar de Tasmania y sectores de la cuenca de Lau, cerca de Tonga.
Otro estudio centrado específicamente en ballenas azules antárticas utilizó registros acústicos de distintas regiones del Pacífico suroccidental y del océano Índico. Los investigadores detectaron vocalizaciones en lugares que no habían sido documentados previamente para esa población, demostrando el potencial de la acústica para ampliar considerablemente el conocimiento sobre la distribución de estos animales.
Estos resultados son importantes porque demuestran que la ausencia de avistamientos visuales no necesariamente significa ausencia de ballenas.
Chile y Galápagos: evidencias de desplazamientos de miles de kilómetros
Uno de los ejemplos más interesantes procede del Pacífico Suroriental.
Investigaciones realizadas mediante observación, fotoidentificación y seguimiento satelital han permitido reconstruir algunos desplazamientos de ballenas azules entre aguas de Chile y regiones situadas más al norte.
Un estudio basado en ballenas de la Patagonia chilena utilizó transmisores satelitales colocados en diez ejemplares. Los investigadores observaron diferencias individuales en el momento de inicio de la migración y en las rutas utilizadas. Algunos animales se desplazaron hacia el noroeste siguiendo un corredor migratorio muy amplio que superaba los 2.000 kilómetros. Uno de los ejemplares llegó hasta las proximidades de las islas Galápagos y posteriormente se identificaron comportamientos de búsqueda de alimento en zonas del norte de Perú y al sur del archipiélago.
El hallazgo resulta particularmente relevante porque demuestra que las rutas de estas ballenas no necesariamente siguen una línea estrecha y perfectamente predecible.
Por el contrario, los individuos pueden utilizar corredores de gran amplitud y modificar sus desplazamientos dependiendo de las condiciones del océano, la disponibilidad de alimento y otros factores biológicos.
Nuevos datos publicados en 2026 aportan más información sobre la conectividad
La investigación más reciente también está ayudando a completar este panorama.
Un estudio publicado en abril de 2026 en Marine Mammal Science analizó fotografías de 1.074 ballenas azules individuales tomadas entre 1992 y 2019 en diferentes zonas del Pacífico Suroriental. El trabajo utilizó un catálogo colaborativo de fotoidentificación que reúne información de 21 grupos de investigación de siete países.
Los investigadores encontraron una fuerte fidelidad de algunas ballenas hacia determinadas áreas de alimentación del sur de Chile. Algunas fueron identificadas nuevamente después de periodos de hasta 17 años.
Sin embargo, también aparecieron evidencias de conectividad a larga distancia: dos individuos registrados en el sur de Chile fueron posteriormente identificados en las islas Galápagos.
El estudio no demuestra que todas las ballenas azules del Pacífico Sur utilicen esa ruta. De hecho, uno de sus principales aportes es mostrar que existen diferencias importantes entre individuos y regiones.
Los investigadores tampoco encontraron intercambio entre las zonas de alimentación del norte y del sur de Chile analizadas, un resultado que refuerza la hipótesis de que las poblaciones de ballenas azules pueden presentar una estructura espacial más compleja de lo que se suponía.
¿Cómo pueden los hidrófonos ayudar a reconstruir una migración?
La acústica funciona como una especie de red de vigilancia invisible.
Si varios hidrófonos se distribuyen en diferentes puntos del océano, los investigadores pueden comparar cuándo aparecen las vocalizaciones de ballena azul en cada estación.
Por ejemplo, si un determinado tipo de llamada comienza a registrarse en una estación situada al sur y posteriormente aparece en otra ubicada cientos de kilómetros al norte, los científicos pueden investigar si ese patrón es compatible con un desplazamiento de la población.
Cuando los datos acústicos se combinan con información oceanográfica, fotografías, avistamientos y seguimiento satelital, el panorama se vuelve mucho más completo.
La investigación moderna sobre cetáceos utiliza precisamente esta combinación de herramientas. Los hidrófonos proporcionan información sobre la presencia acústica; los satélites permiten conocer la posición de animales marcados; la fotoidentificación ayuda a reconocer individuos; y los datos ambientales permiten determinar qué condiciones podrían estar relacionadas con sus movimientos.
El canto también puede revelar diferencias entre poblaciones
Uno de los hallazgos más interesantes de la bioacústica es que no todas las ballenas azules producen exactamente los mismos patrones acústicos.
Los investigadores han identificado diferentes tipos de llamadas o “dialectos” asociados con determinadas poblaciones acústicas. Estos patrones pueden ayudar a distinguir grupos que se encuentran separados geográficamente.
Un estudio sobre el Pacífico suroccidental y el Índico suroriental encontró diferencias entre poblaciones acústicas y concluyó que los registros de sonido pueden ofrecer información sobre estructura poblacional incluso cuando los análisis tradicionales resultan difíciles de realizar.
Esto es especialmente importante para una especie de distribución tan amplia.
Si los científicos pueden determinar qué tipo de llamada corresponde a determinada población y posteriormente rastrear esa señal a través de diferentes estaciones acústicas, pueden comenzar a reconstruir conexiones entre áreas de alimentación, zonas de tránsito y posibles áreas de reproducción.
El océano también cambia los sonidos
La interpretación de las grabaciones no es tan sencilla como colocar un micrófono y esperar a que aparezca una ballena.
El sonido submarino está condicionado por la temperatura, la salinidad, la profundidad, el relieve del fondo marino y otros factores. Además, el océano está lleno de fuentes naturales y humanas de ruido.
Buques comerciales, actividades industriales, tormentas, terremotos y otros organismos marinos producen sonidos que pueden interferir con las vocalizaciones.
Por esta razón, los investigadores necesitan desarrollar algoritmos capaces de distinguir las llamadas de ballena de otros sonidos. Los sistemas de detección automática pueden analizar grandes cantidades de datos y localizar patrones compatibles con vocalizaciones conocidas.
La NOAA, por ejemplo, ha utilizado detectores automatizados basados en espectrogramas para identificar las llamadas tipo “B” de las ballenas azules en grandes volúmenes de grabaciones acústicas.
De los hidrófonos a la inteligencia artificial
La cantidad de información que pueden generar estos dispositivos es enorme.
Una red de hidrófonos puede registrar continuamente durante meses o incluso años. Revisar manualmente cada segundo de grabación sería una tarea prácticamente imposible.
Por ello, la investigación moderna incorpora herramientas informáticas capaces de identificar automáticamente patrones acústicos.
Los algoritmos pueden buscar determinadas frecuencias, duración de sonidos, secuencias y características espectrales asociadas con las vocalizaciones de ballenas azules.
El objetivo no es sustituir al investigador, sino permitirle procesar cantidades de información que serían imposibles de analizar manualmente.
En el futuro, estos sistemas podrían contribuir a crear mapas casi en tiempo real de presencia de grandes cetáceos, algo que tendría aplicaciones directas para la conservación.
Una herramienta importante frente al tráfico marítimo
Conocer las rutas de las ballenas no es solamente una cuestión científica.
Los desplazamientos de estos animales pueden coincidir con rutas marítimas utilizadas por grandes embarcaciones. Las colisiones con barcos, el enredo en artes de pesca, la contaminación acústica y los cambios en la disponibilidad de alimento constituyen amenazas importantes para los grandes cetáceos.
La NOAA señala que el ruido submarino puede alterar el comportamiento de las ballenas y alejarlas de zonas importantes para su supervivencia. La institución también utiliza modelos que combinan información sobre la presencia de ballenas y las condiciones ambientales para predecir dónde podrían encontrarse los animales y reducir riesgos como las colisiones con embarcaciones.
Por esta razón, identificar corredores migratorios puede permitir que las autoridades evalúen medidas como modificaciones de rutas marítimas, reducción de velocidad de embarcaciones o establecimiento de áreas de especial protección.
Una especie que todavía se recupera de la caza industrial
La importancia de estos estudios aumenta cuando se considera el pasado de la ballena azul.
Durante el siglo XX, la caza comercial redujo drásticamente las poblaciones de esta especie. Aunque algunas poblaciones han mostrado señales de recuperación, la ballena azul continúa clasificada globalmente como En Peligro.
El grupo de especialistas en cetáceos de la UICN mantiene a la especie dentro de esa categoría y señala que las ballenas azules se encuentran entre los grandes cetáceos que se están recuperando de niveles históricamente muy reducidos.
En Estados Unidos, la NOAA también mantiene a la especie bajo la categoría de “endangered” y destaca que la investigación científica sobre su distribución, comportamiento y ecología es fundamental para orientar las medidas de recuperación.
Por eso, cada nueva pieza de información sobre sus movimientos puede tener consecuencias para las políticas de conservación.
¿Qué se puede saber realmente con un hidrófono?
Es importante evitar una interpretación exagerada de esta tecnología.
Un hidrófono no muestra directamente dónde está una ballena. Lo que registra es sonido.
Si un animal vocaliza, los científicos pueden detectar su presencia acústica. Con varios sensores y técnicas de localización, es posible mejorar la estimación de la posición de la fuente sonora. Pero si una ballena no vocaliza, el sistema puede no detectarla.
Además, una grabación por sí sola no necesariamente permite determinar la edad, sexo o identidad individual del animal.
Por eso, la acústica funciona mejor cuando se integra con otros métodos.
La combinación de hidrófonos, fotoidentificación, observaciones desde embarcaciones, genética y seguimiento satelital permite construir una imagen mucho más precisa de las poblaciones.
Una red de sensores podría transformar el monitoreo del Pacífico
La utilización de hidrófonos flotantes abre una posibilidad especialmente interesante para regiones oceánicas remotas.
A diferencia de los sensores instalados permanentemente en el fondo, una boya a la deriva puede ampliar la cobertura espacial y registrar sonidos en zonas donde no existe infraestructura permanente.
Investigaciones de NOAA/PMEL ya han demostrado el potencial de las boyas acústicas a la deriva. En pruebas realizadas frente a la costa de Oregón, científicos utilizaron sistemas con hidrófonos sumergidos para localizar y estudiar ballenas azules y de aleta.
El siguiente desafío consiste en aplicar estas tecnologías de manera coordinada a escalas oceánicas mayores.
En el Pacífico Sur, donde las distancias entre áreas de alimentación pueden ser enormes, una red internacional de sensores podría ayudar a determinar cuándo determinadas poblaciones aparecen en distintas regiones y cómo se relacionan sus movimientos.
El gran objetivo: reconstruir un mapa dinámico de las ballenas
El verdadero valor del monitoreo acústico no está únicamente en detectar una ballena.
Está en acumular registros durante meses y años para encontrar patrones.
Una señal aislada puede ser difícil de interpretar. Miles de registros distribuidos espacialmente pueden revelar temporadas de migración, áreas de concentración, cambios en la presencia de determinados grupos y posibles modificaciones relacionadas con las condiciones ambientales.
En este sentido, el estudio publicado en 2026 sobre las ballenas azules chilenas muestra precisamente por qué es necesario combinar diferentes fuentes de información: todavía existen importantes vacíos sobre los desplazamientos estacionales entre las zonas de alimentación del Pacífico Suroriental.
La acústica puede ayudar a llenar esos vacíos.
Un océano que empieza a ser “escuchado”
Durante décadas, estudiar ballenas significó principalmente observarlas desde barcos, fotografiarlas o seguirlas mediante dispositivos instalados directamente en los animales.
Hoy, los científicos tienen otra alternativa: escuchar el océano.
Los hidrófonos permiten detectar señales que el ser humano no podría percibir directamente y convertirlas en datos científicos. Al combinar esos registros con satélites, fotografías, genética, oceanografía e inteligencia artificial, los investigadores pueden acercarse cada vez más a comprender las rutas de uno de los animales más grandes de la Tierra.
En el Pacífico Sur todavía quedan numerosas preguntas abiertas. No se conoce con precisión el recorrido de todos los grupos de ballenas azules, tampoco están completamente definidos todos sus destinos estacionales y existen importantes diferencias entre poblaciones.
Precisamente por eso, el desarrollo de redes de monitoreo acústico representa una herramienta de enorme valor.
La próxima gran revelación sobre las rutas de la ballena azul podría no llegar desde una fotografía tomada desde un barco, sino desde una señal de apenas unos segundos registrada por un hidrófono a cientos de kilómetros de la costa.
