El café, una de las bebidas más consumidas en el mundo, continúa siendo objeto de investigación por sus posibles efectos sobre la salud. Una revisión científica reciente señala que las personas mayores de 50 años no necesariamente deben reducir su consumo de café únicamente por la edad, siempre que no presenten efectos adversos relacionados con la cafeína.

Una de las referencias más recientes procede de una declaración científica de la American Heart Association, publicada en julio de 2026. El análisis concluyó que, para la mayoría de los adultos, consumir hasta 400 miligramos de cafeína al día puede considerarse seguro. Esa cantidad puede equivaler aproximadamente a entre tres y cinco tazas de café, aunque la concentración cambia considerablemente según el tamaño y el método de preparación.

La edad no obliga a abandonar el café

La revisión citada por Infobae señala que no existen pruebas sólidas que justifiquen que una persona deba disminuir automáticamente su consumo de café al cumplir 50 años. Marilyn Cornelis, profesora asociada de medicina preventiva de la Universidad Northwestern y coautora de la revisión, explicó que, si alguien mantiene durante años un consumo estable y no experimenta efectos negativos, la edad por sí sola no constituye una razón para modificarlo.

Sin embargo, el organismo sí puede procesar la cafeína de manera diferente con el paso de los años. En los adultos mayores, su eliminación puede ser más lenta, por lo que una cantidad que anteriormente se toleraba sin problemas podría provocar mayor nerviosismo, irritabilidad, palpitaciones o dificultades para conciliar el sueño.

Por esta razón, los especialistas recomiendan prestar atención a la respuesta individual y no interpretar los 400 miligramos como una cantidad que necesariamente deba consumirse todos los días. Se trata de un límite general para adultos sanos, no de un objetivo de consumo.

Posibles beneficios para el corazón y el cerebro

Las investigaciones recientes han encontrado asociaciones entre el consumo moderado de café y determinados indicadores favorables de salud cardiovascular. La American Heart Association señala que hasta 400 miligramos diarios de cafeína son generalmente seguros para la mayoría de los adultos y que, en algunas personas, el consumo puede asociarse con un menor riesgo de determinadas enfermedades cardiovasculares.

El interés científico también se ha extendido a la salud cerebral. Un estudio publicado en JAMA, que siguió durante décadas a alrededor de 132.000 personas, encontró una asociación entre el consumo de dos o tres tazas de café con cafeína al día y un menor riesgo de demencia, además de un deterioro cognitivo más lento. Los investigadores, sin embargo, no plantean que el café por sí solo prevenga el alzhéimer u otras enfermedades neurodegenerativas.

Otros trabajos han estudiado los compuestos antioxidantes y polifenoles presentes en el café. Una investigación con más de 1.700 adultos relacionó un mayor consumo de alimentos ricos en polifenoles —entre ellos café, frutas, bayas y cacao— con un menor riesgo de presentar telómeros cortos, aunque estos resultados deben interpretarse dentro del conjunto de la alimentación y no como evidencia de que el café sea por sí mismo un tratamiento contra el envejecimiento.

No todas las personas toleran igual la cafeína

La cantidad de café que puede consumir una persona después de los 50 años depende de múltiples factores. Entre ellos están el tamaño de la taza, la concentración de cafeína, el método de preparación, los medicamentos utilizados y determinadas condiciones de salud.

El horario también resulta importante. La cafeína puede permanecer varias horas en el organismo y afectar el descanso nocturno, especialmente en quienes ya tienen dificultades para dormir. Por ello, una persona que comienza a experimentar insomnio después de tomar café por la tarde puede necesitar adelantar la última taza o reducir la cantidad.

Además, no toda la cafeína procede del café. El té, las bebidas energéticas, el chocolate, la yerba mate, algunos suplementos y determinados medicamentos también pueden contribuir al consumo diario total. Por eso, calcular únicamente las tazas de café puede ofrecer una estimación incompleta.

También importa cómo se prepara

El tipo de preparación puede modificar algunos efectos del café. Las variedades sin filtrar, como el café turco o el preparado con prensa francesa, contienen mayores cantidades de compuestos como el cafestol, que pueden elevar el colesterol LDL. En cambio, el café filtrado contiene cantidades mucho menores de estos compuestos.

La evidencia disponible, por tanto, no apunta a una prohibición general del café después de los 50 años. Más bien plantea que su consumo debe ajustarse a las características de cada persona, especialmente cuando existen problemas de sueño, palpitaciones, hipertensión u otras condiciones que puedan verse afectadas por la cafeína.

En definitiva, para muchos adultos mayores el café puede continuar formando parte de una alimentación habitual. La ciencia actual apunta a que un consumo moderado puede ser compatible con una buena salud cardiovascular y posiblemente con algunos beneficios relacionados con el envejecimiento y la función cognitiva, pero estos hallazgos son principalmente asociaciones y no significan que el café garantice una mayor longevidad.

La recomendación más importante sigue siendo observar cómo responde el organismo: si el café provoca insomnio, nerviosismo, palpitaciones u otros síntomas, la cantidad y el horario pueden requerir ajustes, independientemente de la edad.