Carrascal se despide del Flamengo por la puerta de atrás tras el escándalo más grande de su carrera

El mediocampista cartagenero llegó a Río de Janeiro en agosto de 2025 con la ilusión de consolidarse en uno de los clubes más grandes de Sudamérica después de años en el fútbol ruso, y el primer semestre fue un cuento de hadas: Copa Libertadores, Brasileirao y protagonismo real en el equipo de Leonardo Jardim. Sin embargo algo se rompió en 2026 de manera irreversible. Las tres expulsiones acumuladas en el año reflejan un jugador fuera de control dentro del campo, y el episodio de la fiesta privada mientras su equipo perdía 3-0 ante Palmeiras con él en la ducha por tarjeta roja fue el punto de no retorno. La barra brava presentándose en su casa durante la madrugada fue la imagen más extrema de una relación entre jugador e institución que llegó a su fin de la manera más turbulenta posible.

Lo más triste de la situación de Carrascal es que el talento nunca estuvo en duda: cuando juega bien es uno de los mediocampistas más desequilibrantes del fútbol sudamericano, con una velocidad y una capacidad de conducción que recuerda a los mejores momentos de su etapa en River Plate donde Gallardo lo convirtió en figura continental. El problema es siempre el mismo: la cabeza. A sus 28 años, con ocho títulos en su vitrina incluyendo una Copa Libertadores, Carrascal sigue siendo el jugador más talentoso y más autodestructivo del fútbol colombiano en el exterior después de Durán. Marsella o algún club ruso serán su próximo destino, con la esperanza de que lejos de Río encuentre la estabilidad mental que en el Maracanã nunca pudo sostener.