Sudán atraviesa una nueva escalada de su ya devastadora crisis humanitaria. En la región de Kordofán, ubicada en el centro-sur del país, la intensificación de los enfrentamientos armados y el impacto de las inundaciones estacionales han obligado a más de 200.000 personas a abandonar sus hogares, agravando una situación que ya mantiene a millones de sudaneses en condiciones de extrema vulnerabilidad.

La cifra forma parte de las últimas evaluaciones de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que alertó el 19 de agosto de 2026 sobre el rápido deterioro de la situación en Sudán. Según la agencia, el aumento de la violencia y las lluvias destructivas están generando nuevas oleadas de desplazamiento, mientras la capacidad de las organizaciones humanitarias para atender a la población continúa bajo una fuerte presión.

La crisis en Kordofán se produce, además, en un país que lleva más de tres años sumido en una guerra que ha destruido infraestructura, interrumpido los servicios básicos y provocado una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo.

Una región atrapada entre la guerra y los desastres naturales

Kordofán se ha convertido nuevamente en uno de los principales epicentros del conflicto sudanés. La región está dividida administrativamente en Kordofán del Norte, Kordofán del Sur y Kordofán Occidental, territorios que han registrado intensos movimientos de población a medida que cambian las líneas del frente y se producen nuevos ataques.

Los datos del mecanismo de seguimiento de desplazamientos de la OIM registraron 219.319 personas desplazadas desde la región de Kordofán entre el 25 de octubre de 2025 y el 23 de junio de 2026. En ese periodo fueron identificados 109 incidentes que provocaron desplazamientos, con familias huyendo hacia otras zonas de Kordofán y hacia estados como Jartum y Nilo Blanco.

Sin embargo, la situación siguió deteriorándose durante los meses posteriores. La OIM advirtió en agosto que la combinación de enfrentamientos cada vez más intensos y las inundaciones estacionales estaba generando nuevas necesidades humanitarias y aumentando la presión sobre las comunidades que reciben a las familias desplazadas.

El problema es que para muchas personas la huida no representa el final del peligro. Numerosas familias que abandonan las zonas de combate llegan a comunidades con recursos limitados, refugios improvisados y dificultades para acceder a agua potable, alimentos y atención médica.

El conflicto en Al Obeid aumenta la preocupación

Uno de los principales focos de tensión se encuentra alrededor de Al Obeid, capital de Kordofán del Norte y una ciudad estratégica para las comunicaciones y el movimiento de mercancías en el país.

La ciudad y sus alrededores han sufrido una intensificación de la violencia durante 2026. Naciones Unidas advirtió en junio sobre la escalada de los combates y el riesgo de una ofensiva terrestre que pudiera poner a una importante población civil en peligro.

Durante los meses siguientes, los ataques continuaron afectando la ciudad y las zonas cercanas. UNICEF informó que, entre finales de mayo y julio de 2026, al menos 23 niños habían muerto y otros 25 habían resultado heridos en el contexto de la intensificación del conflicto en Kordofán del Norte.

La situación también ha afectado servicios fundamentales. Naciones Unidas informó que los ataques y la destrucción de infraestructura han complicado el acceso a agua potable y otros suministros esenciales en Al Obeid, mientras las restricciones de seguridad dificultan el trabajo de las organizaciones humanitarias.

A mediados de agosto, Reuters reportó una nueva ofensiva contra la ciudad mediante ataques con drones y acciones terrestres, en un momento en el que tanto las Fuerzas de Apoyo Rápido como el Ejército sudanés habían incrementado su presencia militar en la región.

¿Por qué continúa la guerra en Sudán?

La crisis actual tiene su origen en la guerra que comenzó en abril de 2023 entre el Ejército de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un poderoso grupo paramilitar.

Ambas fuerzas habían compartido el poder tras la caída del expresidente Omar al Bashir en 2019. Sin embargo, las tensiones sobre la transición política y, especialmente, sobre la integración de las Fuerzas de Apoyo Rápido dentro del Ejército terminaron desencadenando un conflicto abierto.

Lo que inicialmente comenzó con enfrentamientos en Jartum se extendió rápidamente por gran parte del país. Ciudades, pueblos y zonas rurales quedaron atrapados entre los combates, mientras millones de personas perdían sus viviendas, sus fuentes de ingresos y el acceso a servicios básicos.

Tres años después del inicio de la guerra, el país sigue enfrentando una crisis de enormes dimensiones.

UNICEF estima que, para mediados de 2026, alrededor de 15 millones de personas habían sido desplazadas en Sudán, incluidos aproximadamente cinco millones de niños. Además, cerca de 19,5 millones de personas enfrentaban altos niveles de inseguridad alimentaria aguda y alrededor del 70 % de los centros de salud no funcionaban con normalidad.

Las inundaciones agravan una emergencia que ya era crítica

Mientras los enfrentamientos obligan a miles de personas a escapar de sus hogares, las lluvias estacionales han añadido una segunda amenaza.

Las inundaciones pueden destruir viviendas precarias, cortar carreteras y aislar comunidades enteras. En un país afectado por la destrucción de infraestructura, estos fenómenos complican aún más el transporte de ayuda humanitaria y dificultan el acceso a alimentos, agua y medicamentos.

La OIM alertó que las inundaciones destructivas están agravando la emergencia nacional al mismo tiempo que continúa aumentando el número de desplazados por la violencia. La crisis también coincide con dificultades en las cadenas globales de suministro y problemas de acceso que amenazan con retrasar la llegada de asistencia crítica.

Para las familias desplazadas, esto significa que incluso después de escapar de los combates pueden encontrarse nuevamente sin refugio. Los asentamientos improvisados y las comunidades receptoras suelen contar con recursos limitados y pueden quedar expuestos a inundaciones, enfermedades transmitidas por el agua y otras emergencias sanitarias.

El riesgo de enfermedades aumenta en las zonas afectadas

La combinación de desplazamiento, falta de agua potable y deterioro de los sistemas de salud ha incrementado el riesgo de enfermedades en diferentes partes de Sudán.

El informe humanitario de UNICEF correspondiente al primer semestre de 2026 advirtió que el país continuaba enfrentando brotes de cólera, dengue, malaria, sarampión y hepatitis E. El organismo también señaló la aparición de un nuevo brote de cólera en Kordofán Occidental, una muestra de la fragilidad sanitaria que enfrentan las comunidades afectadas por el conflicto y el desplazamiento.

La falta de infraestructura sanitaria representa un desafío especialmente grave en las zonas donde las personas han tenido que abandonar sus hogares. Los centros de salud pueden estar destruidos, sin personal suficiente o sin medicamentos, mientras las organizaciones humanitarias enfrentan problemas de seguridad para llegar a las poblaciones que necesitan asistencia.

UNICEF calculó que 33,7 millones de personas necesitaban ayuda humanitaria en Sudán durante 2026, mientras más de 17 millones de niños requerían algún tipo de asistencia. El organismo también registró más de nueve millones de desplazados internos en sus datos correspondientes al primer semestre del año.

Kordofán, uno de los grandes epicentros del desplazamiento

La situación de Kordofán refleja uno de los principales problemas de la guerra sudanesa: muchas familias han tenido que desplazarse más de una vez.

Personas que inicialmente escaparon de los enfrentamientos en una ciudad pueden verse obligadas a abandonar nuevamente el lugar donde encontraron refugio cuando el conflicto se desplaza hacia esa zona.

UNICEF ha documentado historias de familias procedentes de Kordofán que recorrieron cientos de kilómetros en busca de seguridad. Mujeres y niños se encuentran entre los grupos más vulnerables durante estos desplazamientos, especialmente cuando deben viajar con recursos limitados y sin garantías de encontrar alimentos o alojamiento al llegar a su destino.

Además, las comunidades receptoras también sufren las consecuencias. La llegada masiva de población aumenta la demanda de agua, alimentos, viviendas, escuelas y servicios de salud en lugares que ya enfrentaban dificultades antes de recibir a los desplazados.

En algunos casos, incluso los centros educativos han sido utilizados como refugios temporales, profundizando la crisis educativa y dejando a millones de niños sin acceso regular a la enseñanza.

Una crisis humanitaria con una enorme brecha de financiación

Las organizaciones internacionales continúan desplegando asistencia en las zonas afectadas, pero los recursos disponibles siguen siendo insuficientes frente a la magnitud de la emergencia.

UNICEF informó que, hasta junio de 2026, había movilizado 351 millones de dólares para su respuesta humanitaria en Sudán, pero todavía enfrentaba una brecha de financiación del 64 % respecto a las necesidades previstas para ese año.

Esta falta de recursos limita la capacidad de ampliar programas de alimentación, salud, agua potable, protección infantil y educación.

La situación es particularmente preocupante en regiones como Kordofán, donde el conflicto, el desplazamiento y las dificultades climáticas se superponen. Mientras algunas personas intentan regresar a zonas de Sudán donde los combates han disminuido, otras continúan huyendo de regiones que se han convertido en nuevos focos de violencia.

El futuro inmediato sigue siendo incierto

La nueva ola de desplazamientos demuestra que la crisis sudanesa continúa lejos de una solución.

La cifra de más de 200.000 personas recientemente desplazadas en el contexto de la escalada en Kordofán y otras zonas afectadas se suma a una emergencia que ya ha obligado a millones de personas a abandonar sus hogares.

La preocupación ahora se centra en la evolución de los enfrentamientos, especialmente alrededor de centros urbanos estratégicos como Al Obeid, y en el impacto que puedan seguir teniendo las lluvias e inundaciones durante la temporada.

Para las organizaciones humanitarias, el desafío no consiste únicamente en entregar ayuda. También es necesario garantizar corredores seguros, mantener abiertas las rutas de suministro y conseguir recursos suficientes para atender a una población que continúa aumentando.

Sudán enfrenta así una crisis marcada por una peligrosa combinación: guerra, desplazamiento, hambre, enfermedades e inundaciones. Y en Kordofán, cientos de miles de personas siguen atrapadas entre el avance de los enfrentamientos y las consecuencias de una emergencia climática que golpea con mayor fuerza a quienes ya lo han perdido casi todo.